La democracia, esa inmensa palabra, salió golpeada ayer por la actuación de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Durante cinco días, hubo fidelidad peronista hacia su líder jaqueada por la Justicia. Y en el sexto día, inesperadamente, la policía de Horacio Rodríguez Larreta puso vallas en la casa de Cristina Kirchner para desalentar la presencia K, y consiguió el efecto contrario. Una multitud de varias decenas de miles de manifestantes brindó su renovado apoyo a CFK en la esquina de Juncal y Uruguay, en la Recoleta porteña, y la fuerza de seguridad, desbordada, intentó interponerse para evitar ese abrazo.
Primero, colocando vallas que bloquearon la circulación y luego, cuando la vallas inevitablemente fueron volteadas por la multitud, hubo represión, gases, camiones hidrantes y palos para los militantes. Trascartón, y tardíamente, el operativo policial retirado del lugar. Y todo volvió a la normalidad, que nunca debió perderse. El operativo fracasó, el error de cálculo político de parte del Gobierno porteño quedó expuesto.
Una movilización, como pocas veces, donde el motivo original no es controversial: tanto los manifestantes como la destinataria de la misma buscaban prodigarse simpatía militante. Pero la policía de la Caba instaló violencia donde no había conflicto.
Cristina había publicado un tuit cuatro horas antes de que la vallas cayeran al suelo: “La lógica del señor Larreta es la misma lógica del Partido Judicial. Para los macristas, cuidado y protección, para los peronistas, vallas, infantería, palos, gases, como en la noche del lunes. Nunca fueron ni serán democráticos”, escribió la vicepresidenta, como una premonición de lo que ocurriría unas horas después.
https://twitter.com/CFKArgentina/status/1563567246357565440
La ex presidenta también recordó: “La noche del 9 de diciembre de 2015, cuando me dirigí a mi domicilio a pasar la noche, no pude hacerlo. La esquina había sido copada por militantes macristas, muy violentos, que me insultaban y amenazaban. Esa noche tuve que dormir en la casa de mi hija, en el barrio de Monserrat”. Lo hizo horas antes de que una marea humana copara varias manzanas de la Recoleta. Una escena impensada de la Argentina.
Día clave
La creciente movilización contra la persecución judicial a Cristina alcanzó ayer su punto más alto. Aunque el plan original de las agrupaciones kirchneristas era expresarse en distintas plazas de muchas ciudades de la Argentina, incluida Caba, que tenía previsto dos actos por la tarde, pero a varios kilómetros de la esquina de Juncal y Uruguay. La decisión del Gobierno porteño de vallar la casa de la vice trastocó los planes de la militancia, que recalculó y decidió enfocarse nuevamente en la Recoleta y suspender las demás movilizaciones.
Decenas de militantes y dirigentes pusieron el cuerpo desde temprano en la plaza Vicente López (tras las vallas, a menos de una cuadra del domicilio de CFK). La creciente marea humana —muchos militantes llegados desde el conurbano bonaerense—, a medida que llenaban calles de las inmediaciones y la plaza, auguraba la caída de las vallas. Era cuestión de tiempo.
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La militancia había confluido desde temprano en las inmediaciones de la casa de Cristina.
Foto: Archivo / La Capital.
“Sacá las vallas, la p... que te p...”, sonó como consigna, a media tarde. La barrera metálica para evitar que dos partes con vocación de encontrarse y abrazarse, lo hicieran, no pudieron ser explicadas. Toda valla que coloca la policía en las calles tiene un objetivo: evitar que los manifestantes agredan a quienes están del lado protegido. ¿Quién pretendía agredir a quién en este caso?
Desde temprano, entre los dirigentes kirchneristas evaluaban el desenlace de la movilización en la Recoleta. Desde ya, coincidían: la actitud del jefe de Gobierno porteño de colocar las vallas, era una provocación. Sin embargo, querían evitar la desprolijidad de pasar por encima de las mismas y disputar mano a mano con la policía. Y, de ese modo, facilitarle al oficialismo porteño la foto de la “violencia K”. Era un dilema.
Sobre las 17, llegó el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, caminando y forcejando entre abrazos. Y muchos dirigentes declararon: “Nos quedamos hasta que saquen las vallas”. El nocaut del parapeto metálico artificial, maduraba. Fue finalmente un grupo de militantes ligado al partido Patria Grande (Juan Grabois) el que perforó el vallado metálico, forcejeó con la policía y avanzó. En ese momento, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, se acercó a la escena y fue el golpe de gracia para la pretensión de sostener el aislamiento de la vicepresidenta.
Acuerdo
Anoche, autoridades nacionales y de Caba acordaron que se podrán mantener las expresiones de apoyo a Cristina, pero sin que eso implique un acampe y fuegos artificiales, y establecieron un esquema de horarios a respetar.
Reacción
Luego de que la Policía de la Ciudad reprimiera a un grupo de manifestantes que derribó el vallado montado frente a la residencia de la vicepresidenta Cristina Kirchner, el jefe del Estado, Alberto Fernández, expresó su “más enérgico repudio a la violencia institucional desatada por el Gobierno porteño”.
https://twitter.com/alferdez/status/1563665625872060419
El primer mandatario subrayó: “Mantener la paz social y garantizar el ejercicio de libre expresión de las personas es su responsabilidad institucional”.