Manantiales, la calle de la Vía Honda donde acecha la muerte a balazos
En los últimos 21 meses se produjeron media docena de crímenes. Los últimos dos en vísperas de Navidad

Sábado 26 de Diciembre de 2020

“Esto antes no pasaba. Hasta hace 10 años podías jugar a la pelota en la calle y lo peor que podía pasar era que un loco en un auto se metiera a todo lo que da y te pisara la pelota”, define la cotidianidad un vecino de Manantiales entre Biedma y 24 de septiembre, 150 metros de una calle que se convirtió en un predio de tiro al blanco donde en un parpadeo cualquiera puede morir a balazos. En 21 meses hubo media docena de crímenes, cuatro de ellos entre el marzo de 2019 y febrero pasado. Los últimos dos fueron los de Milton Sosa, de 21 años, y Pablo Ismael Brest, de 19. Fue la tarde del jueves 24, cuando fueron cazados como presas por dos sicarios que surcaron en moto el pasillo que atraviesa la vía del ferrocarril Belgrano a la altura de Biedma y conecta Manantiales con Patagones. Dos días antes, la tarde del martes, habían matado a tiros a Carlos Alberto Ramos, emboscado en el patio de su casa en un ataque con tres heridos. Una muestra de la nueva ola de asesinatos que sumó en Rosario nueve víctimas en tres días, seis de ellas en dobles crímenes en uno de los cuales los cuerpos aparecieron descuartizados.

Viernes de Navidad al mediodía, los vecinos de Manantiales al 3700 consumían el excedente de Nochebuena sentados en la vereda con sus reposeras. Pan dulce, budín o sanguchitos de miga con mate, algún vermut o lata de cerveza. En la postal se inmiscuían, con mucha fluidez, algún que otro “amanecido” caminando en modo zombie. En charlas fluidas se hablaba de todo un poco y también del doble homicidio del jueves. En un tono naturalizado, sin frescura, horror ni espanto, el asesinato de dos pibes de 19 y 21 años no sonaba novedoso para el vecindario.

Quienes viven sobre Manantiales perdieron el poder de asombro ante la muerte violenta. Lo han contado hasta el hartazgo a cronistas de radio, tevé, diarios y medios web. A veces sus declaraciones se convierten en frases “de casete” ante la falta de atención que sufren por parte de un Estado que decidió mirar para otro lado.

“Se te va pasando. Es como que el cuero se curte. Esto antes no pasaba. Yo nací y me crié en este barrio. Hasta hace 10 años podías jugar a la pelota en la calle y lo peor que podía pasar era que un loco en auto se metiera a todo lo que da y te pisara la pelota. Todo eso se desintegró con la llegada de ciertos apellidos. Ya no dejamos a nuestros hijos salir a jugar a la vereda”, resume su realidad un vecino sub 30, y completa la foto: “La gente se junta cada vez menos en la vereda. Y cuando estás ahí te la pasás todo el tiempo mirando la moto o el auto que viene a la distancia. A cualquiera que le preguntes te dirá que si fuera por ellos venderían y se irían de acá, pero quién te va a comprar una casa en esta zona que parece estar en medio de una guerra. Acá querer no es poder. Una pena porque es un lindo barrio”.

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El rectángulo delimitado por Seguí, Avellaneda, Felipe Moré y las vías del Mitre (Avellaneda al 4300) es un punto en el mapa de Rosario donde se puede morir asesinado. La traza del Belgrano divide la Vía Honda en dos barriadas bien marcadas: hacia Avellaneda el ambiente es de barrio pobre, con carencias pero laburante. Hacia Rouillón la escenografía es más áspera y desoladora, con una extrema pobreza a la vista.

Sin embargo es del lado menos careciente donde la violencia viene mostrando su peor cara. Entre el 1º de marzo de 2019 y el pasado 20 de febrero cuatro personas fueron asesinadas en inmediaciones de Manantiales y 24 de septiembre, donde los vecinos se cansaron de denunciar la existencia de un quiosco de drogas. Allí fueron asesinados Emilse Sosa, de 16 años, y Miguel Angel Quintana, de 50 (el 1º de marzo de 2019 en un ataque demencial con otros tres heridos); Juan Manuel Arias, de 27 (el 15 de septiembre de 2019), y Dora Quiroga, de 63 años (el 8 de febrero 2020).

Desde hace tiempo los vecinos cuentan que la venta de drogas en la zona es monopolizada por Ariel “Viejo” Cantero, en un emprendimiento personal que estaría por fuera de Los Monos. Los vecinos hablan de él sin mencionar su apellido, en una zonas donde el “Viejo” suena con un gran peso específico. Entre sus “gerentes” se menciona a un tal “Willy” y a Nelson “Pandu” Aguirre. También en este sector de Vía Honda vive “Bibi”, de 29 años y sindicada como pareja del Viejo. Otro jugador mencionado el último año se apoda “Gitano”, presunto rival del “Viejo”. Y días atrás pudo saberse que en inmediaciones de Patagones al 3900, donde mataron a Ramos, viven parientes políticos de un peso pesado detenido en Piñero con el cartel de “preso de alto perfil”.

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Con ese telón de fondo, los vecinos de las inmediaciones de Biedma y Manantiales contaron ayer que los pibes asesinados no eran conocidos en el barrio y habían llegado esta semana para vivir en una casa ubicada a mitad de pasillo. “En ese pasillo se vendía droga, como en la mayoría de los pasillos, pero estos pibes llegaron esta semana . Es arriesgado decir una cosa u otra. Es lo mismo que pasa con la casa que está en la boca del pasillo. Ahí hace tiempo se vendía, pero ahora compraron vecinos paraguayos, buena gente que no tiene nada que ver, y sin embargo por ahí pasan y les disparan”, explicó una vecina.

El pasillo puesto bajo la lupa une las dos caras de la Vía Honda y está ubicado a escasos 30 metros del templo de la Iglesia Restauración de la Familia. Transitarlo es una síntesis de las carencias del barrio: conexiones clandestinas de agua, desagües pestilentes a cielo abierto y marañas de cables de enganchados.

Cerca de las 16 del jueves al menos tres muchachos estaban en el pasillo: Milton Sosa, Pablo Brest y Matías V. A la hora señalada llegó una moto tipo enduro en la que iban dos hombres con ropa de trabajo azul y casco. Ni bien la moto se detuvo el acompañante bajó y sin mediar palabras desató una cacería.

Una de las víctimas quedó tendida al ingreso del pasillo y la otra a mitad de la traza con múltiples heridas en tórax y abdomen. Matías V., de 29 años, recibió un impacto en su tobillo derecho. En la escena se secuestraron media docena de vainas 9 milímetros. “Pasó como todo en este barrio. En un abrir y cerrar de ojos se escucharon los disparos y cuando nos asomamos estaban los cuerpos tirados. Decí que hacía un calor bárbaro y a las 16 todavía la gente no había asomado la nariz a la vereda”, explicó una residente.

La investigación del doble crimen quedó en manos del fiscal Alejandro Ferlazzo, quien comisionó a la Agencia de Investigación Criminal (AIC) a trabajar en busca de testimonios y de cámaras de vigilancia públicas o privadas. ¿Fue un asesinato con mensaje? ¿Eran las víctimas los blancos del ataque? ¿Fue para disciplinar al barrio? Todas preguntas que se despejarán, o no, con el correr de la investigación.

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