Jueves 03 de Noviembre de 2022
El martes pasado agentes de la subcomisaría 27ª ingresaron a una vivienda de Valle Hermoso al 1200 tras recibir la denuncia de su actual ocupante, quien mientras hacía un pozo en el patio halló huesos humanos. Ese mismo hombre, días antes, se había comunicado con la familia de Rocío Daiana Gómez, una adolescente de 17 años de la que nada se supo desde febrero de 2011 hasta seis meses más tarde, cuando sus restos se hallaron enterrados en un pozo y tapados con cal en una casa de Martín Fierro al 600, en el barrio La Florida. Las pericias determinaron que esos despojos pertenecían a la menor y ante ello la Justicia condenó a 15 años de cárcel a Juan José “Pijuán” Lazo, quien residía en la primera de las viviendas y alquilaba la otra, por los delitos de homicidio y la privación de la libertad a la madre y el padrastro de la víctima, a quienes les robó dos motos. Ahora, ante el descubrimiento de nuevos restos se abre una nueva pista en la pesquisa. ¿Eran los restos encontrados los de Rocío? ¿Eran sólo parte de su cuerpo y ahora se halló lo que faltaba? En diálogo con La Capital, Norma, la madre de Roció, dijo estar “casi segura” de que los huesos hallados esta semana son de su hija y se preguntó: “Si no es Rocío y es otra chica ¿a cuantas mató Lazo?”
El nuevo hallazgo fue distinto al de 2011. José Luis F. compró la casa de Valle Hermoso al 1200 en 2018 y meses después apareció por el lugar Rosa, la hermana de Pijuán, para pedirle la vivienda o el pago 500.000 pesos y desde entonces recibió distintas amenazas para dejar la vivienda. En ese marco, hace unos días inició excavaciones en el patio y encontró los huesos, por lo que se lo comunicó a la familia de Rocío, a la que localizó por medio de la red social Facebook, y que el lunes hizo la denuncia que deparó en el allanamiento policial.
Norma contó que “encontraron huesos como de una rótula, partes de una pierna y pertenencias que eran de Daiana y de mi nieto Kevin, al que por suerte Lazo no mató. Entre las cosas hay una pulserita y unos anillos que usaba Rocío, pañales que estaban envueltos en papel film y otras cosas. El dueño de la casa nos mandó fotos y pudimos cotejarlas con otras de Rocío donde llevaba puestas las pulseritas.”
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La mujer aseguró que sólo quiere “saber la verdad, que se investigue todo y que este hombre (Pijuán) tenga prisión perpetua. Nosotros hicimos la denuncia el lunes y cuando fue la policía el martes encontraron eso. Nos dijeron que podían ser huesos de vaca o perro porque están enterrados a poca profundidad, pero los objetos encontrados no lo usan los perros, eran de mi hija”. Y añadió que “el miércoles fue un perito a la casa y dijo que iban a revisar el patio, unos 100 metros cuadrados, con un equipo especial para detectar si hay más restos.”
En una pericia realizada en el Ceride en noviembre de 2011, dos meses después del hallazgo de los restos en la casa de calle Martín Fierro al 600, se sostenía que era imposible identificar a quién pertenecían “ni determinar los genes porque estaban invadidos por cal”. Sin embargo, una segunda pericia determinó el 99,99% de compatibilidad genética con la mamá de Rocío.
Recordando aquel 2011, Norma contó que Rocío trabajó en una despensa que Lazo tenía en la casa de calle Valle Hermoso y que habían tenido una relación. Pero cuando cortaron él la invitó un día para ir al shopping. Sin embargo la chica fue secuestrada por Pijuán y días después la joven envió un mensaje a sus familiares en el que les explicaba que Lazo iba a comprarles una moto para así ayudar económicamente a la familia. Por eso Norma y su pareja de entonces llegaron en dos motos a la casa de Valle Hermoso al 1200 donde estaba Rocío para hacer el negocio. Allí fueron retenidos por Pijuán y otros hombres que los obligaron bajo amenazas a firmar los papeles de traspaso de los rodados y, según Norma, Lazo drogó y violó a su hija y también a ella en reiteradas oportunidades.
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Rocío quedó en esa casa junto a su hijo Kevin, que entonces tenía 14 meses, y nunca más volvió a comunicarse con ella. La mujer hizo la denuncia de la desaparición de Rocío y su nieto, quien apareció en un descampado de San Nicolás el 8 de mayo de 2011. Tres meses más tarde, el 13 de agosto se hallaron los restos humanos en la casa de Martín Fierro al 600 que Pijuán había alquilado, y cuatro días después fue incendiado y saqueado el negocio de Valle Hermoso al 1200.
El 22 de septiembre de 2011 Lazo fue apresado en un comedor comunitario de Granadero Baigorria donde se estaba aguantando y en noviembre de ese año la entonces jueza de Instrucción María Laura Sabatier lo procesó por homicidio y abuso sexual agravado junto a otras seis personas a las que imputó de encubrimiento.
Meses después esa acusación fue atenuada por la Cámara Penal, que revocó lo referido al abuso sexual contra Rocío y Norma ya que, para los jueces, no había pruebas al respecto. Finalmente, el juez de Sentencia Julio César García consideró a Lazo responsable del homicidio de Rocío y lo condenó a 15 años de cárcel. También fueron penados Jonathan Raúl Vargas, a 7 años y 6 meses de prisión por participar en el ataque a la madre de Rocío y su pareja; y otras cuatro personas a 2 años de prisión condicional por encubrimiento agravado.
En tanto, Hernán Lazo, un hermano de Pijuán, fue detenido recién en agosto de 2021 y le imputaron robo calificado por el uso de armas, privación ilegítima de la libertad y abuso sexual con acceso carnal agravado en perjuicio de Daiana.
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En su fallo, el juez García destacó como determinantes los relatos de Norma y su concubino, víctimas de lesiones, amenazas y robo por parte de Lazo y sus cómplices. En ese sentido dijo que “los detalles de la narración importan sin duda una rememoración producto de la internalización de circunstancias efectivamente vivenciadas”.
Sobre el crimen de Rocío, se lo atribuyó a Pijuán en función de la “sindicación clara y contundente” que hizo Norma, refiriendo el conflicto entre Lazo y la chica como consecuencia de la ruptura de su relación sentimental. Y la prueba más contundente para el magistrado fue “el hallazgo del cuerpo” y las escuchas telefónicas entre Lazo y su entorno mientras él estaba prófugo. Esas charlas, además de incriminarlo, también fueron decisivas al evaluar la cadena de encubrimiento y tornaron “veraces los dichos de Norma Gómez”.