Eduardo Andreu y Juan Cruz, de 11 años, recorren la provincia a bordo de un Styleline Deluxe de 75 años con el que pelean por el título del Crono Rally
09:20 hs - Domingo 25 de Octubre de 2026
El coleccionismo de autos clásicos deja grandes historias que demuestran que la pasión no tiene límites y que lejos está de llevarse en la soledad, sino que une a muchas personas con un mismo propósito. Estos vehículos antiguos le traen color a las calles de la ciudad y a las rutas de la provincia, pero dentro de ellos hay conductores que dejan el alma por seguir dándole vida más allá del paso del tiempo.
Eduardo Andreu es un claro ejemplo de esto, un trabajador rosarino que siente el amor por los autos clásicos todos los días, pero que también disfruta de haberle trasladado la pasión a su hijo Juan Cruz, de 11 años, quien lo acompaña cada vez que compiten en dupla en el campeonato Crono Rally de regularidad del Rosario Autos Sport.
Si bien conduce un Chevrolet 400 modelo 1966 todos los días, el cual utiliza “para ir al supermercado o llevar al nene a a la escuela”, este rosarino disfruta de “la vida de las cosas antiguas” constantemente. Sobre las ruedas de un Chevrolet Styleline Deluxe de 1951, bautizado como el “Chevy 51”, la dupla de los Andreu comparten en familia los encuentros del RAS y las pruebas de regularidad.
“Compartir con mi hijo una pasión es hermoso, el que tiene hijos lo sabe muy bien. Hace un año descubrimos los campeonatos de regularidad. Es algo muy apasionante. Compartir una actividad en la que padre e hijo se sientan realizados no lo veo mucho. Además, generalmente son actividades individuales, pero así a la par es especial”, destacó Eduardo en diálogo con La Capital.
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Los Andreu se suben al Chevy 51 juntos, lógicamente con Eduardo al volante y Juan Cruz como navegante a su lado, ambos en el asiento delantero de un auto con mucha historia. “Este coche está restaurado hace unos 35 años, era de un familiar mío. Quedó en la familia, que es algo importante para verlo y seguir cómo se mantiene bien, que se conserva y que se usa”, confesó.
Cómo llegó al coleccionismo
Para Eduardo, la pasión por los autos clásicos nace como un sentimiento genuino difícil de explicar. “El coleccionismo es un bichito que uno lo tiene a veces quizás dormido adentro y creo que con el correr del tiempo se va despertando”, aseguró, a la vez que afirmó que su padre lejos estaba de ser un aficionado a los vehículos de colección.
“Ya de chiquito me gustaban las cosas antiguas, cosas de niño: juntar alguna estampilla, monedas antiguas o alguna que otra radio. Yo creo que el diseño de las cosas antiguas difiere mucho de la actualidad y estaban muy desarrolladas, se valoraban mucho el diseño y la belleza de la pieza, ya sea desde una moneda hasta un coche o un avión, incluso un farol”, insistió Andreu con gran devoción por los elementos de época.
El propio Eduardo reconoció que “con el correr del tiempo, el bichito fue creciendo” hasta que decidió “incursionar en los coches”, cuando se encontró justamente con este Chevy 51, su primer auto clásico.
El Chevrolet Styline de 1951 que pasea por Rosario
“Este modelo tiene cuatro puertas. Entraron a la Argentina muchas unidades por un incentivo del gobierno de esa época para motivar la movilidad con los taxis, por lo que se empezaron a importar desde Estados Unidos. Este siempre fue coche de familia. También ingresaron versiones de dos puertas, coupé, Fleetline (cola más larga y distinta luneta) y algunos Cadillac”, señaló Andreu.
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En este punto, el coleccionista describió: “Siempre me gustó el estilo de los coches y las motos de los 50. Le insistí a un primo que lo trajo desde Buenos Aires y lo puso en venta, hasta que accedió a vendérmelo. Así llegó a mis manos. Le hice algunos ajustes en lo estético, en la mecánica y en la seguridad para que sea confiable”.
Cuando pasea por las calles de la ciudad, el Styline se lleva las miradas, incluso de la gente que pasea por el parque Alem y no deja pasar de largo este modelo. “Mi historia y la del coche es más reciente. Si bien tiene su recorrido, no tuvo muchos propietarios, soy el cuarto. Tiene mucho valor sentimental por lo que es compartirlo en el día a día con mi hijo”, indicó Eduardo.
Una pasión que se comparte
Lejos de tener guardado el auto en una cochera durante años, los Andreu son partidarios de que el auto ruede y se mantenga con vida por mucho tiempo más, cumpliendo un rol comunitario y familiar. “El coche sale constantemente a todos los eventos: juntadas solidarias, encuentros y rally de regularidad. Lo bueno de todo esto es que se lo puede disfrutar con la familia y con los niños, eso quiere decir que va a seguir bien cuidado, mantenido y compartido con la sociedad. Uno quiere que la gente lo vea, que conozca, que charle, que se interiorice. Creo que es la parte más linda del coleccionista, poder compartirlo y que no se deje guardado”, subrayó.
“En el club Rosario Autos Sport somos muy fanáticos de que el coche salga, se vea, sea compartido y, si es en un encuentro con fines solidarios, mejor todavía”, valoró Andreu, que además destacó la importancia de los rally de regularidad: “Es una competencia muy entretenida que se hace muy a conciencia, ya que se respetan todas las normas de tránsito. Todos los coches dentro de la agrupación tienen su chapa histórica. Esto es una puesta en valor del vehículo y un reconocimiento a la familia que lo sostuvo, lo mantuvo y lo restauró en algunos casos durante mucho tiempo”.
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La competencia supone un gran desafío cada vez que este Chevy sale al ruedo, por lo que Eduardo reveló: “Un vehículo de estos años no frena ni dobla como un coche nuevo, debe tener su seguridad, sus frenos, sus luces, todo lo reglamentario adecuado a la época del coche. La regularidad es prevención y es seguridad vial, sirve de aprendizaje porque las referencias son carteles indicativos. Los niños aprenden sobre señalización”.
Padre e hijo a bordo
La historia de Eduardo con el coleccionismo comenzó hace unos más de una década, cuando consiguió adueñarse de este Chevy 51. “Mi hijo tiene 11 años, por lo que maneja los cronómetros, las calculadoras, las planillas, los tiempos y toma las referencias en regularidad. Es una hermosa tarea, sencilla, pero hay que prestarle mucha atención. Tanto a él como a mí nos apasiona totalmente”, enfatizó.
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Cada fin de semana de competencia es todo un ritual para los Andreu, quienes concentran para el domingo por la mañana salir listos a las rutas o autopistas de la provincia. “Tenemos todos los preparativos: poner el coche en condiciones, limpiarlo, alistar los cronómetros, preparar los GPS, alistar las planillas y, a último momento, recibir la carta de navegación. A los niños hay que enseñarles cuáles son las referencias. Todas esas cosas llevan un aprendizaje que hace que la regularidad sea una escuelita de vialidad dentro del coche”, agregó.
“Dentro del habitáculo generalmente se habla poco, todo es sobre la competencia. Si bien es algo divertido, lo tomamos con mucha seriedad y responsabilidad. En momento de competencia se habla únicamente de tiempos, referencias y diferencias de tiempos de paso. Es muy técnico, no se relaja hasta que no se cruza la última referencia y termina la competencia”, continuó.
De igual manera, las horas previas a salir a rodar con el Chevy en los rally de regularidad se viven con un condimento especial, el amor por los fierros. “Hay una previa hermosa desde el día anterior. El momento de alistar los cronómetros y poner el coche en condiciones. Se genera un nerviosismo parecido a la concentración de alguien que está por competir en algo mucho más serio que no es un hobby. Es una tensión muy linda que con el transcurso de la competencia se empieza a liberar un poquito y se relaja en el final”, cerró el rosarino sobre las competencias junto a su hijo.
El brillo del Chevy 51
Sobre el final de su entrevista con La Capital, Andreu reveló una anécdota particular que vivió hace unos años, ante un pedido inesperado de un desconocido: “Estaba parado con el Chevy 51 en Villa Gobernador Gálvez y un hombre me venía corriendo hace cuatro o cinco cuadras, hasta que coincidimos en un semáforo. Me pidió que lleve a la hija al salón de fiestas en su cumpleaños de 15”.
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“Yo le dije que no me dedicaba a eso, pero él me dijo: ‘Ella quiere este auto, lo vio y quiere este auto’. Accedí porque el sueño de esa nena era entrar al salón con este auto. Nunca me dediqué a hacerlo, pero uno se pone en lugar de padre y poder complacer a un niño en su cumpleaños fue algo importante”, puntualizó con la clara muestra de empatía hacia el hombre desconocido.
Finalmente, se prestó al evento y reconoció que fue una experiencia valiosa: “Nos gustó, lo disfrutamos un montón. La nena estaba superfeliz cuando vio el auto. Los padres hasta el día de hoy me siguen agradeciendo. Son cosas lindas que generan esto de los coches clásicos. Ella disfrutó, hizo todas las fotos que quiso y cumplió su sueño, que era entrar con este coche”.