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Jésica, la azafata rosarina, antes de subir al avión: "Este va a ser un viaje eterno"

"Este viaje se me va a hacer eterno" había dicho la azafata rosarina Jésica Fontán a un pasajero que había descendido en Mendoza, en una de las escalas del fatídico vuelo.

Viernes 20 de Mayo de 2011

“Este viaje se me va a hacer eterno” había dicho la azafata rosarina Jésica Fontán a un pasajero que había descendido en Mendoza, en una de las escalas del fatídico vuelo.

El responsable comercial del diario online MDZ, Facundo Rossi, recordó ayer que “en esos aviones (el Saab siniestrado) la tripulante de cabina siempre se sienta enfrentada a los pasajeros y a mí me tocó estar frente a ella. Me contó que por lo largo del vuelo tendría como nueve horas arriba del avión. Me dijo una frase que ahora me suena horrible: «El viaje se me va a hacer eterno». Hablamos de Mendoza y de su trabajo.

Ahora veo en los diarios que está en la lista de los fallecidos”, señaló.

Respecto de la primera parte del vuelo comentó que embarcó puntualmente a las 16 en Córdoba y que se sentó en el asiento 1A. “El viaje fue bárbaro”, afirmó, y añadió que el único detalle que observó en vuelo fue que “el aire acondicionado estaba a full de frío y que por eso tuvimos que abrigarnos”.

Excelente. “Superprofesional, aplicada y con aspiraciones para llegar a volar en una aerolínea más grande”, así describieron ayer a Jésica Fontán desde el Centro de Instrucción y Capacitación Aeronáutica Rosario (Cicar).

En esa escuela de vuelo, sus instructores y compañeros de curso la recuerdan como una chica con perfil bajo y muchas ganas de crecer en la profesión que había elegido. Hija de una familia numerosa, tenía 25 años y vivía en su casa paterna de Parquefield. Todos los años participaba en las Feria de las Colectividades bailando danzas árabes, otras de sus pasiones, para el stand de la comunidad siria.

“Me imagino que habrás visto el diario La Capital del domingo (14 de mayo), ¿nos ponemos divinas y vamos el jueves?”, escribió Jésica el lunes último en un mensaje de texto dirigido a su amiga Licia Salerno, con quien compartió el curso de tripulante de cabina de pasajeros y donde iniciaron “una amistad hermosa”. Pero la tragedia truncó sus sueños y ayer no hubo entrevista ni futuro sino el viaje de una familia derrumbada por el dolor hacia Río Negro, lugar del accidente.

Justamente en esa ciudad Jésica había pensado pernoctar el miércoles después que arribara el vuelo 5428 donde encontró la muerte.

Alta, delgada, de piel trigueña, pelo negro y siempre con una sonrisa perfecta. “Era un modelito”, dijo Licia, quien no salía de la consternación de ver los planes que había hecho con Jésica derrumbarse de la peor manera, la definitiva. “Lo que me duele mucho es haber perdido a una amiga excepcional; siempre estaba haciendo chistes, disfrutando vivir al aire libre y de salir a tomar algo”, comentó.

Según Salerno, a primera vista, Jésica era tímida pero con quienes la conocían desplegaba una personalidad radiante. “Siempre hablaba de su familia, no pasaba dos frases que no los nombrara, su papá es oficial retirado de la policía y tenía un sobrinito que vivía lejos y ella amaba”, relató y dijo que una semana atrás fue la última vez que estuvieron reunidas tomando mate, una costumbre que a las dos les encantaba.

Si bien esa fue la última reunión, la comunicación siguió a través de los mensajes de textos. El último fue el miércoles por la mañana, para ultimar detalles de las entrevistas laborales que pensaban hacer el jueves.

“Era una piba muy querida, nunca se olvidó de nosotros”

En el Cicar, ayer sólo eran buenos recuerdos para Jésica Fontán. “Era una piba muy querida, nunca se olvidó de nosotros; cada vez que tenía un momento libre porque el avión en el que volaba hacía una escala, venía a tomar mates y si las alumnas estaban en recreo, ella aprovechaba para contar sus experiencias, les decía lo lindo que era volar”, explicaron las autoridades del instituto que funciona en el primer piso del aeropuerto internacional Islas Malvinas de Rosario. Además adelantaron que le impondrán el nombre de la azafata fallecida a una de salas del lugar.

Los profesores de Jésica recordaron que ella trabajaba en equipo y tenía una clara vocación por el trabajo que realizaba. Su perfil se recortaba con claridad, tal es así que para el puesto de azafata en Sol fue seleccionada entre 150 aspirantes después de pasar con éxito todas las instancias de prueba.

"Tenía muy en claro que quería crecer en este camino, era impecable, desde su apariencia física hasta el modo de atender a la gente”, relató a La Capital una de sus instructoras, quien la recuerda por su sonrisa constante, muy expresiva a pesar de su timidez y sentada en los bancos de la última fila.

“La gente suele pensar que una azafata es un adicional en el vuelo, pero ella tenía claro que no, que la seguridad es primordial en el trabajo que hacía y por eso se entrenó y capacitó”, explicó la fuente consultada.

En ese sentido, consideró que el siniestro debe haber sido de tal magnitud que la tripulación del Saab 340 de la aérea Sol quedó sin alternativas.

“No tuvieron posibilidad de hacer nada para enfrentar la catástrofe, era gente muy preparada, el primer oficial Adriano Bolatti daba cursos en México, todos eran excelentes profesionales”, dijo una instructora con muchos años de experiencia. “¿Cómo enfrentamos la situación? Uno está preparada para todo esto. Los aviadores no mueren, sólo vuelan más alto”, sintetizó.

Como delegada, Jésica había reclamado a la aerolínea por las condiciones laborales

La secretaria de prensa de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, Silvia Morales confirmó que la azafata Jésica Fontán era delegada gremial y había planteado en más de una oportunidad que no quería viajar más en las condiciones en que lo estaba haciendo. Cuatro días atrás, la joven rosarina había hablado con un miembro de la entidad para denunciar la situación.

En ese contexto, el titular de la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA), Ricardo Frecia, aseguró ayer que la azafata rosarina había realizado varias denuncias por las condiciones de trabajo y sostuvo que la compañía “viola sistemáticamente las normas” de protección de los tripulantes.

"No tenemos la mejor relación con Sol porque no se respetan las máximas actividades y los mínimos descansos para preservar a los tripulantes de la fatiga de vuelo”, explicó el dirigente sindical.

En declaraciones formuladas a radio LT3 de Rosario, el gremialista recordó que “Fontán estuvo la semana pasada acá en Aeronavegantes, ella logró vencer el miedo de denunciar las irregularidades, los mínimos descansos y las máximas actividades”. “Nos comentaba, por ejemplo, que no podían comer entre vuelo y vuelo durante diez horas, hoy nos enteramos de otras cuestiones más porque vinieron otras compañeras acá”, sostuvo el dirigente.

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