Escrito por Hernán Casciari e ilustrado por Liniers, combina el registro testimonial y material de archivo con una narrativa animada, en una propuesta sólida para toda la familia
08:00 hs - Domingo 24 de Mayo de 2026
La historia de Emiliano “Dibu” Martínez es de película. Si bien muchos futbolistas consagrados tuvieron caminos sinuosos hacia la gloria, el recorrido del arquero marplatense está lleno de elementos cinematográficos que van más allá del sueño de la infancia y el sacrificio: la frustración de no ser titular en sus clubes, la convicción de llegar a la Selección, y su ascenso definitivo hasta lo más alto del deporte mundial.
Esa vida podía contarse de muchas maneras, pero Hernán Casciari, junto a Liniers y el equipo de Netflix, dieron con una ideal en “El pibe que ataja el tiempo”, que se podrá ver en la plataforma desde el viernes 28 de mayo.
Se trata de un documental que combina testimonios reales de figuras claves del entorno del Dibu (incluyendo a Messi y Scaloni) y material de archivo con secuencias animadas, dando como resultado una propuesta sólida para toda la familia. Pero no sólo es la mezcla de registros lo que sostiene la película y la hace especial, sino su fórmula narrativa a medio camino entre la ficción y la no ficción.
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Entre la ficción y la no ficción
El título de la película da cuenta de la premisa central, basada en un cuento del propio Casciari: en su infancia en Mar del Plata, en partidos de potrero, Dibu descubre que tiene un interruptor en la panza con el que puede detener el tiempo. Cuando la pelota, villana de la historia, viene hacia él, Martínez usa su superpoder para anticiparla siempre. Esa noción empata al arquero con su estatus de superhéroe de grandes y chicos, protagonista de atajadas históricas que sólo parecen posibles mediadas por un talento de otro mundo.
La identidad del filme es producto de una sumatoria de actores y de fuerzas. El recorrido del proyecto empezó en 2023 como una idea de Casciari, para desarrollar junto a la Comunidad Orsai mediante financiación participativa (como hicieron con “La uruguaya”), con ilustraciones de Ricardo Siri, mejor conocido como Liniers.
“Empezamos queriendo hacer solamente un dibujo animado. Nuestra idea inicial era hacer una serie animada de seis capítulos de ocho o nueve minutos cada uno. Para eso utilizamos el sistema Orsai, que es que pequeños socios productores pusieran dinero para hacerlo. Alcanzamos unos 800 y pico mil de dólares para hacerlo, subestimando tremendamente lo que cuesta hacer una animación que se pueda vender a Netflix. No nos alcanzó ni para empezar y cuando supimos que no llegábamos, empezamos a buscar algún socio ya de la industria que pudiera ayudarnos. Y apareció algo mejor que fue Pegsa”, contó Casciari en diálogo con una mesa redonda de la que participó La Capital.
Pegsa es una de las productoras más importantes del país de contenidos orientados principalmente al deporte y al entretenimiento. Fundada en 2011 por Agustín Pichot, es responsable de los documentales “Angel Di María: Romper la pared”, “Rockstar: Duki desde el fin del mundo”, “Sean Eternos: Campeones de América” y “Kun por Agüero”, además de otras producciones de ficción de alto perfil.
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“El Dibu no quería hacer un documental sobre su vida porque decía: ‘faltan un montón de cosas que tengo que hacer’. Siempre él con su capacidad enorme a futuro, de seguridad y de optimismo. Entonces juntamos nuestra fuerza que ya teníamos con el dibujo animado, con la fuerza testimonial que tiene Pegsa. Y encontramos ahí una gema que no estaba prevista y que no fue idea ni de Ricardo ni mía, que es hacer que esos testimonios den cuenta de la historia de ficción”, detalló el autor.
“El interruptor trasciende el dibujito y se mete en el eje testimonial creando así lo que se llama mockumentary, que es un falso documental o un documental con guion, en donde tanto el papá, la mamá, el hermano de Dibu, además de decir cosas reales, tienen que decir cosas que están adentro de un guión. Cuando descubrimos eso y vimos que era posible, nos explotó la cabeza. Fue espectacular y yo creo que es el gran plus de este proyecto. Termina siendo algo rarísimo que no existe, como una especie de género atrapado por otro, que a mí me parece espectacular”, agregó.
“Ahí también el que merece laudos es el director Gustavo Cova, porque en el fondo son dos dos tonos muy diferentes. Me intrigaba cómo se iban a mezclar y la verdad es que se se retroalimentan, se comentan entre sí. Hay algo que que funcionó muy bien narrativamente, y eso era como la parte más difícil. Gracias a la visión del director es que terminamos todos ganando”, sumó por su parte Liniers.
La pelota más mala del mundo
Otra apuesta acertada e inesperada de la película es la construcción de su villano, porque si hay un superhéroe tiene que haber una némesis. ¿Y quién es el enemigo natural de un arquero? La pelota, claro. “El director me dijo que necesitaba un elemento más, algo que unificara la historia y que no fuera el propio Dibu ni un relator en tercera persona. A él se le ocurrió que fuera la pelota. Y cuando encontramos que esa pelota tuviera maldad, todo tuvo sentido. El villano no es Kolo Muani, ni un delantero, ni el hambre, ni el sacrificio. Es lo que más lejos quiere tener el arquero siempre, la pelota”, contó Casciari.
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La pelota, que siempre se representa como el objeto deseado y amado de los futboleros (sobre todo de las infancias), en la película es un personaje malísimo, con la voz de Agustín Aristarán (conocido como Soy Rada). Ya en el tráiler, se puede ver cómo se le aparece a Dibu en pesadillas y le sentencia: “Yo voy a decidir si te convertís en héroe o en villano”.
“Ahí te da la pauta que el arquero es el bicho raro en la cancha también. Hasta tiene otra ropa”, apuntó Liniers, quien compartió cómo utilizó su propia experiencia para darle trazo a la mala de la película. “Para mí siempre fue un enemigo la pelota. Porque cuando sos dibujante de historietas es porque de chico eras inútil jugando al fútbol. Y sos malo, te mandan al arco. Todavía tengo la memoria física de los lentes incrustados en la nariz por un pelotazo”, dijo, entre risas.
Esta idea del arquero como bicho raro, como distinto, con un vínculo fundamentalmente diferente con el elemento central de la cancha, aporta a la narrativa del superhéroe en general, y la de Martínez en particular. Un tipo sensible e incorrecto a la vez, un personaje que los rivales odian por fanfarrón, pero que los propios aman no sólo por sus hazañas sino por su personalidad. Un campeón del mundo que cuenta que construyó su seguridad y su confianza yendo a terapia además de entrenando obsesivamente.
“El arquero es el que llega a último momento a salvarte la vida. Yo creo que los chiquitos se engancharon mucho con eso”, agregó Liniers, subrayando la enorme conexión que tienen los más chicos con el Dibu.
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“En la ficción, el Dibu niño siente que hace trampa por usar ese don, ese interruptor en la panza. Yo necesitaba que los niños pudieran entender esta dicotomía, porque el Dibu tiene esa dicotomía. Es amado por los argentinos, pero es odiado por el resto del mundo. Dibu Martínez es un tipo que hace trampa, que te dice cosas antes del penal, que te baila. Ese talento, ¿es un don o es trampa? Yo quería generar esa pregunta, pero que la entiendan un chico de ocho años y un adulto. Cuando se le incorpora el testimonio audiovisual, eso se potencia muchísimo”, compartió Casciari respecto del “multitarget” de la película.
En varios niveles a la vez, “El pibe que ataja el tiempo” teje ficción y no ficción para contar la vida del Dibu, una con un arco narrativo que de ratos parece inverosímil por más real que sea. “Hay una una estructura narrativa que parte de la realidad, aunque aunque estemos contando ficción. todo lo que él ha contado o ha dicho, yo traté en el guión de incorporarlo. Él habló mucho también del sacrificio de sus padres, de estar solo en las inferiores de Independiente o más tarde en Londres con 12 o con 17 años sin saber el idioma, del tiempo tremendo de ser suplente y pensar que estaba suspendiendo su futuro en un lugar incorrecto”, recordó el autor
“Todo eso configura una personalidad completamente distinta muy distinta al ‘te como, hermano’ adentro de la cancha. Es tímido, es introvertido, es un poco nerd en cuanto a sus búsquedas de perfección. Tiene un Excel en donde anota las atajadas. Está loco, pero tiene una locura muy espectacular y muy cercana”, cerró Casciari.