El actor llega a Rosario con una “La verdadera historia de Ricardo III”, una puesta impactante del clásico de Shakespeare, dirigida por el catalán Calixto Bieito
06:30 hs - Miércoles 10 de Junio de 2026
Ricardo III, el rey tirano y monstruoso, el último monarca en morir en combate, la representación del mal en la tierra. Esa es la imagen inconfundible del personaje histórico perpetuada por William Shakespeare. Pero en “La verdadera historia de Ricardo III”, versión libre del clásico, dirigida por el catalán Calixto Bieito, Joaquín Furriel muestra otra cara de la figura, acompañado por un notable despliegue escénico. En el marco de su gira nacional, la producción original del Teatro San Martín se podrá ver en Rosario del 12 al 14 de junio en el Teatro Broadway (San Lorenzo 1223).
Se trata de una de las apuestas más ambiciosas del 2025, la cual vuelve a los escenarios argentinos después de una exitosísima temporada en Buenos Aires y una gira por España, reuniendo a un total de más de 50 mil espectadores. Este año, además de Córdoba y Rosario, visitará San Juan, Mendoza, Barcelona y Shangai.
La obra se nutre de diversos materiales para realizar una exploración sobre la maldad en el presente. En 2012, se descubrieron los restos de Ricardo II en una playa de estacionamiento de la localidad británica Leicester. Bieito, uno de los directores de ópera más venerados de Europa, retomó el hecho más reciente en la historia del monarca como punto de partida para construir la impresionante puesta en escena de esta adaptación, que incluye un auto colgando del techo y que se montará en la gira tal como se vio en el San Martín.
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“Así empieza nuestra historia: una disección, no solo del turbulento pero breve reinado de Ricardo, sino también de la maldad humana que, consciente o inconscientemente, forma parte de nuestra naturaleza biológica y psicológica”, afirma el director sobre su propuesta, que tiene por objetivo recordar que el mal no se siempre se manifiesta “deforme y maquiavélico, tirano y sanguinario”, como se representaba al Ricardo III original, sino que es “inherente al ADN humano” y parte de la vida cotidiana.
Furriel no sólo es el protagonista sino también el impulsor y uno de los productores del proyecto. El actor, quien ya había trabajado con Bieito en una recordad versión de “La vida es sueño” de Calderón (estrenada en 2010 también en el San Martín), está acompañado por un elenco integrado por Luis Ziembrowski, Ingrid Pelicori, Belén Blanco, María Figueras, Marcos Montes, Luciano Suardi, Iván Moschner, Luis “Luisón” Herrera y Silvina Sabater.
Antes de su llegada a la ciudad, Furriel dialogó con La Capital y habló del proceso de construcción de la obra, y de su intenso diálogo con el presente global.
- ¿Cómo sienten la obra en el presente, de cara a esta primera gira nacional?
Es la primera vez que viajo con una obra del Teatro San Martín. Eso me genera mucha expectativa y felicidad, porque por diferentes razones era muy difícil mover las obras de teatro. La actual ministra de cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Ricardes, era directora del Teatro San Martín cuando yo le llevé este proyecto hace años. En aquel momento, yo ya le había comentado que mi intención con la obra era hacer una gira nacional y también presentarla en festivales internacionales. Ella se entusiasmó con esa idea y es lo que está pasando. El año pasado estuvimos en Madrid en el Teatro del Canal, haciendo una temporada de dos semanas con la que nos fue muy bien, y después nos fuimos a Bilbao, que también estuvo increíble. Este año todo comienza con esta gira nacional, después nos vamos al Festival Grec en Barcelona, que es un festival muy potente de Europa, y luego vamos a Shanghai. Después, volvemos a Buenos Aires para despedir el espectáculo con una temporada de cuatro semanas. Lo que yo valoro mucho es que se haya decidido viajar a ciudades donde existen teatros que tienen la posibilidad de que el espectáculo se vea tal cual en Buenos Aires, porque la técnica y la puesta en escena de Calixto Bieito es esencial para que se entienda la propuesta.
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- ¿Cómo es volver al personaje y a la obra después de bastante tiempo?
Para mí es nuevo porque es la primera vez que hago una obra de teatro ocho meses después. Mi última función fue en Bilbao en septiembre del año pasado. Pasó un mundo en el medio. Y cuando empezamos a ensayar con todo el elenco, encontré que los textos estaban dentro del cuerpo. Fue un lindo ejercicio también y una novedad reencontrarme con un personaje. Nosotros tenemos además un registro audiovisual muy potente que filmó Marcelo Piñeiro, que nos permite ver la obra con mucha sutileza y recordar el viaje de cada personaje. Yo en lo personal estoy sintiendo algo similar a un estreno.
- Volvamos al inicio de proyecto. ¿Por qué la voluntad de volver sobre “Ricardo III” en este momento?
Lo que tenía ganas de hacer era elegir la obra y después pensar el proyecto. Quería ser productor ejecutivo del proyecto, involucrarme desde el inicio. El espectro al principio era amplio, pensado por un lado obras para un teatro no institucional como es el de San Martín, y por otro obras que solo pueden existir en el Teatro San Martín, porque en el ámbito privado no hay tanto interés por los riesgos que puede tener una obra. Más allá de que después, Ricardo III terminó transformándose en un suceso, a pesar de los riesgos que conlleva la puesta. De las obras que leía, Ricardo III era la que me daba más tranquilidad con la comprensión de estos tiempos. Tenía ganas de hacer una obra que al mismo tiempo me permitiera indagar, investigar. Es mucho tiempo el que le dedico a los trabajos que hago y con los años a uno le dan ganas de que ese tiempo sea en proyectos de este tipo. Esto teniendo el privilegio de poder elegir, que no es fácil en mi profesión. Hubo épocas en que no lo tuve y otras que sí. Esta es una que sí y me parecía que la obra trata temas que para estos tiempos son esclarecedores.
- ¿Y por qué la decisión de que la dirija Calixto Bieito, más allá de haber trabajado juntos hace tiempo?
Cuando decidí que quería hacer Ricardo III, el director que permanentemente se me aparecía como opción era Calixto Bieito, porque tiene mucha libertad como creador. Pero sobre todo porque Calixto aporta una belleza aún en las zonas oscuras y violentas que me parecía clave para que la obra pueda ser disfrutada. Y también porque siempre tenía ganas de volver a trabajar con Calixto. Pero bueno, desde que yo hice “La vida es sueño” con él en el San Martín en el 2010 hasta ahora, Calixto se transformó en uno de los principales directores de ópera de Europa. Acaba de dirigir un Wagner en la Ópera de París, sin ir más lejos. Era muy difícil pedirle, en su mejor momento, que me regale un mes de su agenda para venir a dirigir al San Martín, por un presupuesto que está muy lejos de los presupuestos que está acostumbrado a negociar en Europa. Creo que el vínculo de amistad que tenemos y el entusiasmo por el proyecto hizo que aceptara. Además, es muy fanático de Buenos Aires y de la vida cultural de Argentina.
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Un tratado sobre el mal contemporáneo
- “Ricardo III” es uno de los grandes tratados sobre el mal en la literatura universal. Pero entiendo que la puesta de ustedes complejiza sobre la idea de que el mal no siempre es tan identificable, tan unidimensional.
Sí, Calixto partió de la idea de que hace unos años se encontraron el cadáver del rey y descubrieron que no era jorobado. Eso era algo que Shakespeare había escrito y que tiene que ver con esta literalidad de que el mal tiene que mostrar algún defecto físico. La idea de lo monstruoso. Calixto me decía que en estos tiempos era un poco ingenuo plantearlo de esa manera, que hasta haciéndolo en modo teatro infantil, los niños se iban a reír. Empezó a trabajar sobre la idea de la verdad, de cómo la verdad se manipula y cómo el poder manipula la verdad. Entonces, el Ricardo III que el público va a ver tiene todo el humor cínico del personaje, y todo el desparpajo que tiene para lograr el poder. Y todo con los grandes textos de Shakespeare, que al hacerlos en la puesta que hacemos, está lejos de ser una obra clásica. Es muy contemporáneo lo que hizo Calixto porque habla de lo que nos pasa hoy. En ese sentido, la obra se transforma más en un tratado actualizado sobre el mal. Algo que a mí me gusta mucho de Shakespeare, y por eso vuelvo a Shakespeare otra vez, es que es uno de los pocos autores que tienen la capacidad de generar entretenimiento con reflexión, y ser al mismo tiempo accesible para alguien que nunca vio teatro y convocante para un erudito del teatro clásico.
- En el presente, lejos del rey tirano, la noción del villano parece haberse diseminado junto con las estructuras del poder. Hoy los billonarios del mundo aparecen en muchos casos como la representación de la maldad. En este sentido, ¿qué te interesaba, a través de “Ricardo III”, ofrecer como espejo a este mundo contemporáneo?
En primer lugar, lo accesible que es hoy la manipulación de la verdad. Por otro lado, la obra permite bajarle el precio al miedo. Y quizás si tuviera que sumar algo más, diría que Ricardo III, la versión original de Shakespeare, plantea la soledad de estos personajes, de estas personas que están totalmente alienadas con una idea, pero en una alienación que nunca es comunitaria. Y estamos viviendo ya hace un buen tiempo en la era del individualismo total en Occidente. Estamos observando que esa idea que se había planteado de la comunidad, del cooperativismo, del bien común, hoy resulta incluso acrónica. Es la época de la alienación del ego, por las redes sociales, por los líderes que vemos en todo el mundo, de derecha o de izquierda, son todos similares en su comportamiento. Crean enemigos o crean consumidores. Es probable que hoy alguien tenga una fortuna que nunca en la historia de la humanidad existió. Hay algo de esa concentración del poder económico y el poder simbólico, que Shakespeare aborda en “Ricardo II” en su viaje hacia el poder absoluto, que muestra el nivel de soledad que hay en ese espacio, totalmente desconectado de la realidad cotidiana. Para mí lo que decidió Calixto Bieito para el final de la obra es uno de los momentos más potentes simbólicamente fascinantes, sin lugar a dudas. Es una obra que vale la pena ver porque creo que es la primera vez que una obra de esta magnitud, con un director de este calibre, puede viajar fuera de Buenos Aires. Es una obra que dialoga con la escena mundial de lo que está pasando en el teatro, que es un poco más performático, con mucha potencia visual y sonora. Tiene muchísimos momentos para provocar el viaje. Es una obra para un espectador que tiene ganas de ser estimulado, de que se le abran puntos de reflexión para confrontar un poco con su propia subjetividad.
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- Llevás muchísimo tiempo en la actuación, ¿qué te sorprende todavía del oficio?
Lo que me sorprende en términos laborales es la capacidad que tiene el teatro, como una actividad grupal, que sigue viva desde hace 2500 años. Me sorprende que el ritual de que unos contamos una historia y otro vayan a verlo, siga existiendo con tantos cambios tecnológicos y culturales. Sin embargo, tener la posibilidad de estar una hora o dos sin utilizar el teléfono porque tu atención está puesta en otro lugar, hoy tiene prácticamente un valor de refugio. Eso me sigue sorprendiendo y cada noche me conmueve, sobre todo en estos tiempos de tanta soledad o tanto estímulo para que uno esté viendo más el teléfono que a las personas.