El mensaje libertario mezcla economía y religión, pero la realidad lo empuja hacia el pragmatismo en la economía y la política. En la ciudad, el peronismo se activa y Unidos hace cuentas
06:00 hs - Domingo 30 de Agosto de 2026
La realidad perforó la armadura de Javier Milei y lo obliga a desdoblarse. El presidente sobreactúa su personaje de outsider libertario mientras habilita señales hacia los decepcionados. La doctrina permanece intocable en los discursos, pero la gestión empieza a aceptar que con una economía planchada no se ganan elecciones.
Esta semana algunas balas entraron. Una fue la ausencia presidencial de la Casa Rosada. Milei buscó dar una señal de autoridad: el lunes volvió a Balcarce 50 después de casi un mes y reunió a sus ministros por primera vez en 45 días. La escena apuntó a mostrar a un presidente que retomaba el mando cotidiano de una gestión administrada durante varias semanas por Karina Milei.
Sin embargo, la reaparición no incluyó una revisión. Milei se mostró dispuesto a morir con las botas puestas: aseguró que no entregaría sus ideas y sostuvo que al populismo no se le gana con más populismo.
Otro tema que pegó bajo la línea de flotación del gobierno es la morosidad. Hace semanas que la cuestión de la deuda de los individuos y las familias salió de las casas y se instaló en la conversación pública. Para el gobierno, de la peor manera.
Milei y sus funcionarios tuvieron que pronunciarse sobre un fenómeno que no encaja cómodamente en su relato: personas con trabajo que toman préstamos para completar sus ingresos y después no pueden pagarlos. Jurídicamente podrá ser una relación entre privados, pero cuando afecta a millones se convierte en una cuestión política. Milei reafirmó ante sus ministros que no piensa cambiar.
En esas reuniones siempre queda flotando una pregunta: ¿quién se anima a contradecir al presidente? La disidencia puede ser sospechosa y castigada. Mucho más, cuando el jefe de Estado tiene una personalidad tan efusiva, volátil y proclive a las conspiraciones como Milei.
La mesa política del martes resultó ilustrativa del momento del gobierno. Allí se validó el anuncio de Luis Caputo para volcar dos billones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad al financiamiento de créditos hipotecarios.
La presencia de Santiago Caputo también aportó una señal. El asesor no había participado de la reunión de gabinete, pero sí estuvo en la mesa política. La sensación de que lo más importante se cocina en ese ámbito atraviesa a todas las tribus libertarias. El gabinete funciona como espacio de catarsis de Milei, pero las decisiones se toman en la mesa política.
El plan hipotecario apunta directamente a la clase media, uno de los sectores más afectados por el programa oficial. De todos modos, su impacto será más cualitativo que cuantitativo: los fondos alcanzarían para unos 17 mil préstamos. No moverán la economía, pero envían una señal hacia quienes aceptaron el sacrificio propuesto por Milei y todavía no ven luz al final del túnel.
El dato más interesante estuvo en la forma de comunicarlo. Caputo, un ex-JP Morgan y exfuncionario de Mauricio Macri, dejó de lado el manual austríaco y apeló al diccionario peronista. Habló de justicia social, precarización laboral y efecto multiplicador sobre la construcción y la industria. Keynes se metió por la ventana a la Casa Rosada.
Resulta impensado que haya ensayado ese giro por cuenta propia. Tiene la anuencia de Milei, que reserva su artillería para otros blancos. En la escuela ORT volvió a cargar contra los periodistas y el “marxismo satánico”. Embanderado en un mensaje cada vez más mesiánico, que mezcla doctrina económica y religión, Milei pelea contra los demonios que elige mientras la gestión lidia con aquellos que no puede nombrar: una economía que no reacciona, familias al límite y la necesidad de pactar con aquello que prometió destruir.
Un esquema comunicacional con signos de fatiga
La corrección económica se susurra; la identidad política se preserva a los gritos. El problema es que incluso en los terrenos donde antes dominaba empiezan a encenderse luces amarillas. Un informe de Ad Hoc detectó una pérdida persistente de su protagonismo digital y una menor capacidad de las principales cuentas libertarias para instalar agenda. El gobierno que nació en las redes descubre que la atención también se desgasta.
El cambio comunicacional quedó expuesto con el ascenso de Santiago Oría, respaldado por Karina Milei. Su debut como ariete digital fue accidentado: una operación con cuentas automatizadas quedó al descubierto porque varios mensajes conservaron la instrucción “reply” (“respuesta”, en inglés). Fallos en la fábrica del consenso.
Hasta ahora, Milei disfrutó de un permiso social excepcional. Es el único político al que una parte importante de la sociedad le tolera insultar en nombre de la autenticidad. Lo que en cualquier otro dirigente sería considerado un exabrupto, en él fue leído durante mucho tiempo como una prueba de franqueza. Ese permiso todavía existe, pero ya no parece ilimitado.
Milei también redujo sus ataques contra la casta. En buena medida, porque la necesita. Esta semana consiguió que los bloques dialoguistas aprobaran la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central e Inocencia Fiscal II. El oficialismo aceptó modificaciones y demostró que existe una mayoría dispuesta a acompañarlo.
Es una paradoja que atraviesa a la etapa Milei: el gobierno que llegó para dinamitar el sistema construye su gobernabilidad negociando dentro de él. La pureza queda para las redes; en el Congreso hacen falta votos.
También avanzó la cobertura de vacantes judiciales. Detrás de los pliegos aparece un esquema de poder con Juan Bautista Mahiques como arquitecto, que probablemente sobreviva a Milei. En la Casa Rosada esperan que recuerde los favores recibidos cuando la familia presidencial vuelva al llano.
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Los gestos de apertura alcanzaron a los gobernadores. Diego Santilli recibió a Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora y Rogelio Frigerio, que llevaron reclamos sobre infraestructura, energía y producción.
“Esperamos que de la gestualidad se pase a lo concreto”, resumen cerca de Pullaro. Las fotografías recomponen vínculos, pero todavía no arreglan rutas ni reducen tarifas. La Nación ofrece interlocución; las provincias reclaman recursos.
Unidos y el peronismo, en modo 2027
Mientras mantiene abierta esa negociación, Pullaro se concentra en su terreno. Unidos superó otro test con la sanción de la ley electoral, aprobada en la Legislatura por una mayoría amplia y transversal.
El punto que concentró los rechazos fue la incorporación de las Paso de vicegobernadores. En el radicalismo la califican como un “engendro” y aseguran que los socialistas la pusieron como condición sine qua non para acompañar la ley.
La herramienta permite que cada sector de Unidos mida fuerzas sin romper la coalición, pero agrega incertidumbre: el candidato a gobernador ganador deberá convivir con un compañero de fórmula con votos propios.
Habrá que ver si finalmente se utiliza o si la Paso de vices funciona como un arma para exhibir y después negociar. Cerca del gobernador le quitan dramatismo: “La elección va a ser Pullaro sí o no; va a importar poco quién es la vice”.
Del otro lado, el peronismo santafesino empezó a moverse. La visita de Sergio Massa a Rosario convirtió la presentación del libro de Diego Giuliano en una fotografía de casi todas sus tribus. Massa funcionó como imán; Giuliano aprovechó la escena para lanzar su candidatura a gobernador.
El presidente del Frente Renovador puede aspirar a convertirse en candidato de síntesis: tiene un perfil moderado, vocación ecuménica y no carga con una identidad kirchnerista dura. Está interesado y lo hace saber. Otros aspirantes, por ahora, manejan los tiempos.
La incógnita es si la convivencia alcanza para construir una alternativa competitiva. Juntar dirigentes es un primer paso, construir una propuesta atractiva requiere mucho más.
En Unidos observan con satisfacción la foto de Massa, Giuliano, Juan Monteverde y otros dirigentes. Creen que pueden asociar al concejal rosarino con la espiral inflacionaria del Frente de Todos y la violencia que azotó a Santa Fe durante la gestión de Omar Perotti. “Nos hacen campaña gratis”, ironizan en el primer círculo del gobernador.
Al igual que Milei, el líder de Ciudad Futura resigna parte de su componente antisistema y se recuesta sobre un espacio tradicional. En su caso, el peronismo. Ese cálculo, por ahora, funciona. En Unidos estiman que, si las elecciones en Rosario fueran hoy, su espacio y el PJ estarían parejos y La Libertad Avanza correría desde bastante atrás.
Es por eso que en Unidos no descartan un pacto de no agresión con los libertarios. Creen que los encargados de la estrategia electoral de La Libertad Avanza no querrán quedar como una de las causas de la victoria del PJ en la ciudad más importante de la provincia.