Divide y reformarás: Milei aprovecha su momento hegemónico

Los libertarios concretan sus objetivos ante un peronismo que oscila entre la confusión y la resignación. Urgencias políticas y la economía como termómetro social. Pullaro y la previa del paro docente

06:05 hs - Domingo 01 de Marzo de 2026

Javier Milei coronó su racha de victorias legislativas con el premio mayor: la reforma laboral que nadie quiso, supo o pudo concretar. Todo marcha acorde al plan, como dicen los libertarios. Al menos en la política.

El gobierno aprovecha al máximo la ventana de oportunidad que le dieron las últimas elecciones. Las legislativas de octubre subieron el kilaje parlamentario de La Libertad Avanza, convalidaron el rumbo y configuraron un escenario con una minoría dominante, un peronismo atrapado entre su piso y su techo y aspirantes a terceras fuerzas muy golpeados.

A tono con la reconversión que impulsa el gobierno en la economía, el Senado mutó de bastión del peronismo a terreno libertario. Postales de un cambio de época.

El gobierno no sólo sumó número sino también expertise con la incorporación de Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad hace pesar sus cinco décadas en política y gana un protagonismo que genera recelos en el corazón del poder mileísta. “La hermanísima le está marcando la cancha”, dice un libertario. El empoderamiento a Manuel Adorni en la ciudad de Buenos Aires es un ejemplo.

Bullrich, igual, hace la tarea. El martes ganó su primera batalla con la mayoría que montó con los restos del PRO y el radicalismo y el archipiélago provincialista para sacarle una vicepresidencia al bloque Justicialista, la primera minoría.

Es una jugada al filo del reglamento que rompe un elemento clave en cualquier ámbito parlamentario, más allá de las diferencias: la confianza.

Además, la movida sienta un precedente. Si en algún momento el peronismo recupera la mayoría, se sentirá habilitado para excluir al principal bloque opositor. ¿Qué dirían los libertarios en esa situación?

En cualquier caso, la mayoría que amasaron Bullrich y los operadores de Casa Rosada a base de promesas de fondos, obras e incluso algún tipo de acuerdo electoral le sirvió para aprobar sin complicaciones todas las leyes que se propuso Milei: el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, el régimen penal juvenil, la media sanción al cambio a la ley de glaciares y la modernización laboral.

Todas y cada una de esas reformas tocan temas que fueron tabú para el peronismo en su versión kirchnerista. Cómo abrir la economía sin dejar un tendal de heridos. Cómo hacer frente a la demanda de seguridad en una situación donde los jóvenes se inician en el delito a una edad menor. Cómo compatibilizar inversión con protección ambiental. Cómo actualizar el marco laboral ante un mundo del trabajo más fragmentado y donde avanza la informalidad.

El costo de haber procrastinado esos debates es que la sociedad, cansada de la inercia, pidió shock. Y Milei se lo dio: la reforma laboral es el reseteo más profundo del mundo del trabajo desde 1983. Y más atrás también.

La reforma no sólo modifica normas laborales: cambia la relación de fuerzas entre capital y trabajo. Reduce el poder de los sindicatos, fragmenta la negociación colectiva y desplaza el eje desde los convenios sectoriales hacia acuerdos más flexibles. Es un rediseño del sistema laboral argentino.

El dato es que Milei pudo avanzar casi sin resistencia. La CGT aparece resignada ante el meteorito que cae desde el cielo. Sin condiciones para un nuevo paro, apuesta a la vía judicial y a una alianza táctica con los jueces de la Justicia Nacional del Trabajo, históricamente benévola con los trabajadores y hostil con los empresarios. Con la nueva ley ese fuero se disuelve y será absorbido por la Justicia porteña.

Los gremios combativos y la izquierda mostraron músculo pero no pudieron vetar en la calle la ley. Desde temprano el gobierno militarizó la zona del Congreso y raleó a los manifestantes. Con los cortes de avenidas que garantizó la policía, quedó claro que la discusión no es la libre circulación: es por quién controla la calle. El gobierno quiere proyectar una imagen de orden.

El desorden del peronismo

El peronismo atraviesa un estado de confusión. Conviven el sálvese quién pueda de los gobernadores y legisladores con un intento de recomponer un rompecabezas ajado por el paso del tiempo.

El encuentro entre Cristina y Miguel Pichetto va en esa dirección. Desde San José 1111 Cristina parece intentar el camino que hizo el tercer Lula: una alianza amplísima con el centroderecha tradicional para ganarle a la derecha radical.

El problema es que Lula tenía todavía instancias judiciales abiertas y estaba viva la expectativa de un regreso triunfal. Cristina enfrenta una condena firme que la inhabilita a ejercer cargos públicos de por vida, su figura está más desgastada por la vuelta al poder en 2019 y la unidad como fórmula está en crisis después del fracaso del Frente de Todos.

Sin adversarios de peso en la política, Milei los busca en el empresariado. Después del Don Chatarrín de los Tubitos Caros para Paolo Rocca, llegaron nuevos apodos: Don Gomita Alumínica para Javier Madanes Quintanilla y Señor Lengua Floja para Roberto Méndez.

Son episodios que recuerdan al primer Néstor Kirchner. Con una oposición diezmada tras la implosión de la Alianza en el 2001, Kirchner tenía entre sus blancos favoritos al entonces CEO de Shell, Juan José Aranguren.

A su modo, son dos maneras opuestas de enfrentar el fenómeno corporativo. El kirchnerismo lo hizo vía regulaciones. Milei, a través de una apertura indiscriminada: adaptarse o morir.

Es el darwinismo de mercado que defendió esta semana el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman. El titular de la CAC reconoció que empresarios “van a quedar en el camino” pero aseguró que “es el precio que hay que pagar”. Grinman se reunió en la Casa Rosada con Adorni como parte de la comitiva del G6, que integran la Sociedad Rural, la UIA, la Cámara Argentina de la Construcción, la Asociación de Bancos Argentinos y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Buena parte del círculo rojo coincide en que este es el único camino, pero una parte de la sociedad parece cansarse de la travesía por el desierto. La tierra prometida no aparece.

Según la última encuesta de Atlas Intel, la consultora que anticipó el triunfo de Milei en 2023, el 62% de los argentinos califica como mala la economía del país y el 50% cree que va a empeorar. Ese diagnóstico se proyecta a la gestión: el 53% lo califica como malo o muy malo, el 35% como excelente o bueno y el 12% como regular.

Otro dato inquietante para el gobierno proviene de una institución insospechada de ser una usina del kirchnerismo: la Universidad Torcuato Di Tella. En febrerom el Índice de Confianza en el Gobierno bajó por tercer mes consecutivo. El aspecto positivo para Milei es que a esta altura de su mandato el nivel de confianza es 2,8% mayor que el de Macri y 59,5% mayor que el de Alberto.

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Es un escenario que combina fortaleza y urgencia. El Milei que se plantará hoy en el Congreso es un presidente que viene en racha ganadora, pero que también está apurado por encarar reformas que sueña irreversibles. El veranito político contrasta con el frío de la economía, que marca el pulso del humor social.

Santa Fe: Corte Suprema y paritarias

En Santa Fe, Maximiliano Pullaro ve cómo avanza uno de sus grandes objetivos políticos: la renovación de la Corte Suprema. Unidos consiguió que los pliegos de Aldo Alurralde, Diego Maciel y Jorgelina Genghini se aprueben con un piso de 50 votos, más de dos tercios de la Asamblea Legislativa.

En la Casa Gris confían en que Eduardo Spuler, Rafael Gutiérrez y Roberto Falistocco dejarán su cargo según lo anunciaron. “El proceso está en marcha. Si hay previsibilidad y celeridad y se formaliza lo que se conversó, irá por lo establecido. Si hay un cambio de actitud, veremos”, dice un funcionario de primera línea del gabinete provincial.

En el gobierno se preparan para el paro docente de este lunes. Durante toda la semana el gobierno libró la batalla en la opinión pública. El objetivo, defender su propuesta y amortiguar el impacto de la protesta.

En el entorno de Pullaro leen un cambio de clima. “Se agrava la pérdida del poder adquisitivo y hay más receptividad a una medida de fuerza. Eso puede significar un mayor volumen de adhesión, pero no está en juego la política del gobierno”, sostiene un funcionario que siguió el minuto a minuto de la paritaria, cerrada por decreto ante la aceptación de ATE y UPCN.

Esta semana Unidos dio otra señal al universo estatal. En tiempo récord, la Legislatura aprobó un anuncio de Pullaro en la apertura de sesiones ordinarias y bajó de 60 a 30 días la actualización de las jubilaciones en función del aumento a los activos.

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Antes de la sesión de Diputados el interbloque peronista presentó un proyecto que le saca al gobernador la facultad de aumentar la edad jubilatoria si aumenta a nivel nacional, elimina desde ahora el aporte extraordinario y establece que los aumentos a jubilados y activos son simultáneos.

Unidos tiene mayoría para bloquear el proyecto, pero es un gesto político de un interbloque donde conviven representantes de tribus justicialistas que estuvieron enfrentadas hacia el mundo del empleo público. “El desgaste del gobierno es notorio. Ahora se escucha más lo que hacemos”, dice una diputada. Aún con sus dificultades, el peronismo huele una oportunidad.