La jefa del bloque desafía a los hermanos Milei y se mueve con autonomía. El gobernador evita una línea roja, activa el modo canciller y prioriza los intereses de la provincia. El PJ de Santa Fe empieza un largo camino para limar desconfianzas y busca una oportunidad
Domingo 10 de Mayo de 2026
Patricia Bullrich dijo en público lo que muchos pensaban: la situación de Manuel Adorni es insostenible. El tema es que al hacerlo desafió al propio presidente Javier Milei.
Milei tuvo que confirmar dos veces a su jefe de Gabinete, protagonista de una crisis que cada semana suma nuevas capas de escándalo. La primera, el jueves, en una entrevista cargada de nervios ante dos periodistas amigables. La segunda, el viernes, ante el propio staff de ministros.
Milei fue más allá y dijo que prefiere perder la elección antes que despedir a Adorni. Un orden de prioridades que no debe generar tranquilidad ni hacia dentro del gobierno ni en el mundo de los negocios, donde apuestan a Milei inaugure una nueva etapa histórica.
La interpelación de Bullrich a Adorni para que aclare cuanto antes su situación patrimonial pone en cuestión la autoridad del propio presidente, que sigue abrazado al exvocero.
Por más que recorra la ciudad de Buenos Aires con Pilar Ramírez, la delegada de Karina en territorio porteño, Bullrich viene de ser candidata presidencial. Si algo demostró en sus cincuenta años en la política es que no le falta ambición.
La expresidenta del PRO tiene audacia y opciones. Un sector del círculo rojo piensa literalmente en el plan B: Bullrich como una alternativa de recambio a Milei, dentro de las coordenadas que trazó el libertario. El mismo rumbo, pero con otro capitán.
Desde que estalló el Adornigate, Bullrich se arroga mayor autonomía. Fue una de las primeras en criticar a Adorni, saludó a Macri en la cena de la Fundación Libertad y maneja los tiempos y los términos de la negociación en el Senado.
La independencia de Bullrich es un desafío abierto también a la jefatura de la hermanísima, que exige niveles de subordinación soviéticos. La ventaja de Bullrich es que tras su mudanza al Congreso no está a tiro de decreto. No tiene sobre su cabeza la lapicera de Damocles.
Bullrich le habla también al electorado institucionalista que migró del PRO y al que le generan ruido los escándalos de corrupción. En esa búsqueda de cuidar el capital político propio, la exministra de Seguridad tiene otro activo.
Las banderas de mejora económica y lucha contra la casta están puestas en cuestión, pero Bullrich es la cara de otra demanda que sí aparece satisfecha: es el reclamo de orden.
El caso Adorni y las teorías conspirativas de Milei
De todos modos, el devenir de Adorni tiñe toda la escena. Toto Caputo también está preocupado. El ruido político no ayuda a la economía, a pesar de algunas señales de mejora en rubros clave como la industria y la construcción.
Protagonistas de la gestión Cambiemos, Bullrich y Caputo conocen de primera mano la experiencia de gobiernos no peronistas que terminan mal. Macri vio cómo su política quedó sepultada bajo 14 toneladas de piedras en la plaza del Congreso y entregó las llaves de la economía al FMI, pero al menos mantuvo el control de la tropa hasta el final.
“Es un ataque de Don Chatarrín y sus amigos”, les dice Milei a los propios. Según esa teoría conspirativa, si cede y entrega a Adorni nada impide que después vayan por la cabeza de Karina. O la suya.
En el mundo de la política sospechan que hay más motivos. No es sólo un gesto de poder en medio de la debilidad sino cuestiones más delicadas, como las que se investigan en causas como Libra y Andis.
“Si Adorni hubiera hecho la plata sólo para él, ya lo hubieran ejecutado”, dice un dirigente opositor nacional de primera línea.
En esa clave también puede interpretarse un mensaje del propio Adorni en la entrevista que dio en el canal Neura. “Soy una parte de Milei”, le dijo a Alejandro Fantino, en una charla en la que Adorni combinó un discurso de víctima y la actitud corporal de un hombre vencido.
El problema de fondo del gobierno es la incapacidad para resetear la agenda pública. La fallida conferencia de prensa con Caputo y Alejandra Monteoliva para hablar del súper Rigi y el operativo antidrogas en Vera es una muestra de impotencia.
El caso Adorni es un cepo político para el gobierno. Mientras no lo resuelva, va a seguir bloqueado.
El frente opositor, dividido
La ventaja de los hermanos Milei es que la oposición no es un bloque homogéneo y muestra fisuras.
Un grupo de diputados de Provincias Unidas, la Coalición Cívica, Encuentro Federal y la izquierda convocaron para este jueves una sesión especial para empujar la interpelación a Adorni. Lo hicieron por su cuenta, sin coordinar con el peronismo, el mayor bloque opositor.
Eso generó ruidos con el bloque de Unión por la Patria. “Nosotros éramos de la idea de tener un temario más amplio, con Adorni y temas económicos y sociales que venimos laburando, como endeudamiento de las familias, licencias, la emergencia pyme y el Pami”, dicen desde la bancada.
Igual, reconocen que dado que fueron los primeros en presentar el pedido de interpelación es “difícil no estar”.
La situación de Adorni agudizó las tensiones en el interbloque Unidos, presidido por Gisela Scaglia. Los diputados de Elisa Carrió se fueron de la bancada donde conviven legisladores “sin tierra” con otros que responden a los gobernadores.
Las diferencias tienen que ver con los roles de cada uno. Sin responsabilidades de gestión y con un segmento liberal huérfano, a los legisladores de la Coalición Cívica les conviene presentarse como un VAR republicano del juego al límite de Milei.
Los gobernadores piensan en los intereses de las provincias. Nación pisa fondos, tienen que pagar sueldos y cuidan la gobernabilidad. Por eso no quieren cruzar la línea roja y avanzar con la destitución de Adorni junto al peronismo y otros bloques de oposición dura. Podría generar un caos económico y político que se sabe cómo empieza pero no cómo termina.
“Con el kirchnerismo no vamos a ningún lugar, es la peor alternativa”, dicen desde el núcleo del pullarismo.
Después de los lilitos Maximiliano Ferraro y Mónica Frade la próxima salida podría ser de Miguel Pichetto y Nicolás Massot. Pichetto se reconcilió con Cristina Kirchner después de una década y Massot tiene diálogo frecuente con Axel Kicillof.
Esos movimientos muestran que la polarización entre LLA y el peronismo sigue ordenando la política y que el lugar para terceras vías es marginal. Al menos por ahora.
Pullaro y los movimientos de los gobernadores
Los mandatarios priorizan el pago chico. El proyecto para eliminar las retenciones es un gesto hacia el agro y diferenciarse tanto de Milei como del kirchnerismo.
El viaje en modo canciller de Pullaro a San Juan es más ambicioso. La apuesta es acoplar a Santa Fe al tren de la minería, uno de los sectores estrella de la heterogénea economía M.
Pullaro se cruzó con otros gobernadores pero no hubo reunión ni foto al paso con Karina. Sí dialogó con Diego Santilli, que aparece como el ministro político, el puente entre la Casa Rosada y el mundo de la política. Santiago Caputo está a la defensiva y busca no perder lugares de poder y Adorni nunca cumplió ese rol.
>> Leer más: Pullaro se reunió con Mahiques por las vacantes en la Justicia federal de Santa Fe
Pese a que faltan más de seis meses para las definiciones electorales, algunos dirigentes de Unidos insisten con los gestos hacia La Libertad Avanza.
>> Leer más: El Partido Socialista renovó autoridades en Santa Fe con un mensaje de unidad
“Por ahora no tiene entidad. El PRO y el radicalismo tenían un acuerdo nacional y La Libertad Avanza no tiene una política de alianzas. No compartimos casi nada con los libertarios, salvo el electorado”, dice un dirigente de la mesa chica de Unidos.
El peronismo santafesino y la demanda de cambio
En el peronismo santafesino decodifican esas señales como síntomas de debilidad de la coalición oficialista.
Después de más de un año volvió a reunirse la mesa política del PJ provincial. Hubo asistencia perfecta de todas las tribus. Empieza un largo proceso para reconstruir la confianza.
“Ahora está todo bien, la hora de la verdad va a ser cuando llegue el momento de las definiciones”, dice un dirigente que participó del encuentro.
Al interior del PJ se armó una entente con actores diversos: el perottismo, el Movimiento Evita, el sector de Marcelo Lewandowski y La Cámpora. No es un acuerdo electoral sino una convergencia táctica frente a los senadores y el rossismo. “Si se llega a votar en un congreso tenemos más votos”, aseguran.
Quieren apoderados cruzados y garantías en el armado de las listas. De todos modos, la continuidad de las Paso descomprimiría la tensión, porque la lapicera pesaría menos.
Para tener una oportunidad en 2027, el peronismo necesita dos condiciones. Una está fuera de su control: que LLA llegue con vida y se arme un escenario de tercios. La otra sí: es evitar fugas y presentar una oferta unificada.
Eso requiere conectar con quienes quieren una alternancia, tanto a nivel provincial como local. No obstante, como indica Roque Cantoia, director de la consultora Doxa Data, “ni en Rosario ni en Santa Fe el cambio tiene un solo color”.
En la ciudad, más del 50% quiere un cambio de signo político. Esa mitad se reparte a su vez en tercios —uno peronista, uno libertario y otro independiente— y el mayor segmento es pro PJ.
En la provincia, Unidos aparece como una minoría consolidada alrededor del 40 por ciento, pero entre quienes quieren un cambio los libertarios empatan a los peronistas, porque compensan la caída de imagen de Milei en Rosario y su área de influencia con los buenos números que todavía conserva en el interior.
Con esos números, y una investigación en curso sobre cómo Santa Fe, La Pampa y Entre Ríos anticipan tendencias nacionales, Cantoia sostiene que pese al desgaste y los movimientos de corto plazo de la opinión pública los tres oficialismos están en condiciones de renovar.