Ovación

Las chicas de la ovalada a pura garra

Fundadoras. Después de 129 años que se practica rugby en Rosario, las jugadoras de Universitario y Old Resian armaron los primeros planteles femeninos.

Viernes 05 de Junio de 2015

Shorts, botines, protector bucal y una ovalada bajo el brazo. Son equipos de rugby de Rosario, pero no cualquiera: se trata de las jugadoras de Universitario y Old Resian, los dos grupos fundadores del rugby femenino en la ciudad. Chicas testarudas y que saben lo que quieren, de entre 14 y 30 años, que superando todos los prejuicios, rechazos y críticas se plantaron hace desde un año en la cancha, dijeron “queremos jugar”, y lo lograron. Ovación las encontró en el primer torneo de rugby femenino de la Unión de Rugby Rosario (URR), un seven donde ambos planteles se cruzaron con cuatro más, todos de Santa Fe: Casilda Rugby Club (Las Toritas), Club Atlético Argentino de Firmat (Las Tero), La Cañada Rugby Club (Cañada de Gómez) y Proyecto Actitud Yaguarones (San Nicolás). Unas noventa mujeres que la pelean con toda la garra.
  Las rugbiers rosarinas no se definen feministas ni tienen grupalmente un ferviente discurso político por los derechos de la mujer. Pero pelean. Esta semana, como miles, se sacaron fotos con el cartel "Ni una menos" (en apoyo a la marcha contra los femicidios y la violencia de género) y subieron las fotos a Facebook. Y, desde su espacio y casi sin ser muy conscientes de lo que lograron, disputaron como las más férreas de las militantes su derecho a jugar en un ambiente tradicionalmente machista (que se calcula integrado en un 20 % por mujeres en el mundo).
  Estas deportistas, en su mayoría,  son hermanas, hijas, novias o amigas de rugbiers. Pero ni eso les hizo más directo o fácil ingreso al juego: cada vez que expresaron que querían probar con la ovalada, familiares, parientes y amigos les proponían: “¿Y si hacés hockey o vóley?”. Directamente les estampaban un “eso no es femenino”, “el cuerpo se te va a poner como el de un hombre” o “con ese deporte vas a volver toda golpeada”. Es más. Llegaron a oír de manera descalificadora que “las que juegan deportes de varones son todas lesbianas”. O les advirtieron: “Acá las mujeres jamás jugarán rugby”. Eso aseguró Valentina, de Universitario, y ante la pregunta de cómo reaccionó a ese aviso, respondió: “Muy simple, me cambié de club y me vine a Uni, quería jugar desde chiquita y lo logré”.
  Algo similar le sucedió a Julieta, de Old Resian, que no heredó el gusto por el rugby por vía familiar.
     “Jugué varios deportes y ¿sabés por qué me empezó a gustar el rugby? Por ver jugar tocatas en la playa. Me gusta este deporte, más allá del qué dirán”.

Cambio cultural. El primer partido de rugby en Rosario se jugó un 28 de junio de 1886. Los técnicos Mauro Bianculli (Universitario) y Mariano Pineda (Old Resian) contaron que las primeras en animarse con la ovalada, 129 años después, fueron unas diez chicas que al principio se conectaron por Facebook (la impulsora fue Sofía Botto, hoy capitana de Old Resian). Comenzaron a entrenar alternadamente en los parques y los clubes y ya son dos equipos hechos y derechos. Para ellos, las chicas lograron “un cambio cultural” y derribaron varios prejuicios.
  “En este deporte te podés golpear y lesionar como en tantos otros”, sostuvieron, y eso quedó ratificado por algunas jugadoras, quienes contaron anécdotas de problemas con los hombros, tobillos y desgarros. Pero como “la idea no es golpearse”, aclararon los técnicos, se adaptaron algunas reglas del juego para el rugby femenino. Por ejemplo “en el scrum se trata de evitar la fricción, entonces se hace con empuje, pero sin desplazamiento. Y en el line, nadie salta ni es sostenida en la elevación”, explicó Bianculli.
  Eso sí, los técnicos aseguraron que al momento de beneficiarse con este deporte, ellas se nutren de los mismos valores que ellos: compañerismo y solidaridad. “Acá si no tacleás, no defendés o no corrés con todo el equipo, todos pierden”, dijeron ambos.
  Por ahora, sólo estos dos clubes locales habilitaron el derecho de las mujeres a jugar al rugby. “Pero en breve, por disposición de la International Rugby Board (IRB, institución que gobierna las asociaciones de rugby del mundo) todos los clubes deberán facilitar un espacio si sus socias quieren practicar el deporte federado: una medida absolutamente inclusiva”, consideró Pineda.
  En el seven se las vio a todas calentando y dando pases hacia atrás; avanzando contra todo, abrazadas a la ovalada; pateando penales, convirtiendo tries, tirando lines y dándose varios porrazos. Se vio a algunas con las uñas y los ojos pintados, y a otras a cara lavada. Y como un rasgo casi de coquetería, entre tanta fuerza y empuje, a todas se las vio también con el pelo cuidadosamente recogido y protectores bucales de color.
Tanto las tricolores como las de la U confesaron que el rugby femenino no es elitista ni caro. Dijeron que no es necesario tener botines para empezar y que entre todas se ayudan económicamente y hasta reciben apoyo de sus propios clubes. Para muestra basta un botón: varias jugadoras de Universitario confesaron que el día del torneo vestían ropa prestada.
  “Siempre hay algún hermano que comparte una camiseta o un amigo que descarta los botines y te los pasa”, dijeron antes de remarcar que en el club también hay becas para jugar.
  Todas las fundadoras invitaron a jugar a quien le guste el paño pero aún no se anime. "Basta abrir la cabeza, acá hay lugar para todas”, aseguró Darlene, de Uni, dejando en claro que el rugby rosarino agrupa como en un scrum a flacas y no tan flacas, a las de bolsillos holgados y no tanto, y a las de cualquier orientación sexual. El rugby femenino llegó para quedarse: ¡try!

Una jueza bien evaluada

Ya hay chicas que incursionan como juezas de rugby en la URR, lo que entre otras cosas es también una salida laboral. Una es Mercedes Prenna, de 21 años. “Hace tres años que arbitro a varones mayores de 17 años y juveniles de 16; me capacité y fui evaluada”. Mercedes fue jueza de este primer torneo y dijo que, en la cancha, los muchachos la respetan más que a los jueces. "Aunque no pierden el tiempo de pedirte el celular”, se rió.

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