La selección argentina jugará contra España la final del Mundial este domingo en Nueva York, donde los argentinos ya se hacen sentir con fuerza
14:47 hs - Viernes 17 de Julio de 2026
¡New York, New York! La final del Mundial que se jugará este súper domingo, a las 16, entre Argentina y España, no podía tener un mejor escenario que la Gran Manzana, donde hoy apuntan todas las miradas del planeta fútbol. De un lado con la gran pasión popular argentina y del otro con toda la ilusión de la furia española. Aquí llego la Scaloneta, aquí está Lionel Messi para dar su última gran gala mundialista, aquí está el enorme sueño albiceleste del bicampeonato. Bienvenidos al obligo del mundo, con la bandera argentina alta en el cielo, como un águila guerrera, estoica, hasta el último día de la competencia.
La icónica ciudad estadounidense es una de las principales capitales del mundo, famosa por los rascacielos y cuyas imágenes son verdaderos símbolos que traspasan todas las fronteras. Una escenografía inoxidable de películas y series memorables. Ahora es el set de rodaje del partido de los sueños.
Argentina y España jugarán la verdadera finalísima este domingo, donde el destino tuvo toda la lógica para que el vigente campeón de América y del mundo, y el monarca de Europa protagonicen el duelo crucial por el título ecuménico. Dos equipos que hacen un culto del buen juego, de la pelota al pie, de la tenencia productiva, del pase justo y de la asociación colectiva como principal arma de desequilibrio. En la previa es un choque de fútbol total, aunque por tratarse de una final también será de hacha y tiza.
En tanto, el humo de los incendios de Canadá este viernes cedió su intensidad en Nueva York y habrá que ver la evolución de este fenómeno.
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Nueva York y un finde a puro fútbol
El encuentro -que promete ser un verdadero partidazo para definir al nuevo o renovado campeón- tendrá como escenario al New York/New Jersey Stadium, nombre utilizado por la FIFA para el MetLife Stadium, sede de la batalla final por el título.
En las calles de Nueva York ya se palpita un domingo a puro fútbol, aunque se trate de un deporte que aquí no es furor, en este crisol multicultural de millones de personas que caminan de un lado al otro hablándole a las pantallas del celular, moviéndose en monopatín y cruzando las calles en manada prolijamente por la senda peatonal.
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Una entrada que no tiene precio
Este fin de semana, la cosmopolita y cautivante Nueva York además tendrá el máximo evento del fútbol mundial. Por ello, y porque está es la casa matriz de la oferta y la demanda, se llegan a pedir desde 8 mil dólares por una entrada, sí, por ese ansiado boleto que “no tiene precio” por tratarse del partido más importante que pueda llegar a contemplar un ser humano.
Y porque además tendrá en el campo de juego al último baile de Lionel Messi en la máxima competición. Al rosarino que ya es leyenda, pero irá por un capítulo más, para seguir desafiando los límites de sus extraordinarios antecesores, el Rey Pelé y el Diego de la gente.
Claro que la final no es sólo pelota, porque los hinchas argentinos ya están disfrutando de una ciudad maravillosa, única, referencial para toda la humanidad. Es que el entorno de este mega partido tiene un paisaje urbano, histórico y cultural que no puede ser mejor.
Una ciudad de película
Como en un cuento, la pelota mundialista ahora recorre mágicamente el emblemático epicentro de la ciudad en el Times Square; sigue picando hasta el Empire State, ese edificio donde King Kong resistió su captura; hace una pausa de respeto en el Memorial 11S de la Zona Cero donde estaban las Torres Gemelas; toma impulso otra vez en el corazón financiero del capitalismo en Wall Street; le hace un gol al Puente de Brooklyn; y se frena en una pausa de rehidratación en el Central Park, en este pulmón verde de película, donde emociona el memorial a John Lennon, en su legado de imaginar un mundo sin guerras.
El balón sigue rodando y también se mete en el museo Metropolitano de Arte Nueva York; tira una pared con la Estatua de la Libertad; le hace un caño al Rockefeller Center; se viste de gala para ingresar a Broadway, y por último la pelota ingresa al Metro para mezclarse con la gente de a pie, porque de eso se trata el fútbol, aunque estemos en el obligo del mundo y del poder global.
Pero para los argentinos el foco y el sueño estará el domingo en el verde césped. En esos 90 o 120 minutos, o hasta en los penales, donde la selección puede volver a celebrar otro título del mundo, el segundo en fila en lo que sería inédito para la albiceleste y el cuarto en su historia, tras las coronaciones de Argentina 1978, México 1986 y Qatar 2022.
Claro que ganar lo es todo y perder siempre duele. Pero en el peor de los resultados, nadie, ni el más crítico recalcitrante debería reprocharle absolutamente nada a estos Muchachos heroicos, ni a su DT majestuoso. Porque, aunque falte el partido más importante, ya lo dieron todo.
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Un camino electrizante de la mano de Messi
Las victorias en los mata-mata electrizantes y a puro coraje con Cabo Verde, Egipto, Suiza y la última más conmovedora todavía ante Inglaterra llenaron de alegría al corazón muchas veces golpeado y engañado de los argentinos. Pero el fútbol, sí eso que excede lo que es un mero deporte, es el bien cultural más preciado de los argentinos, que otra vez llenó de alegría a todos en este camino a la final.
Argentina está otra vez en centro del mundo. Se viene la finalísima de la Copa, justo en un estadio de Nueva York donde tras perder la Copa América del Centenario, Messi sintió que ya no tenía nada más para entregarle a la selección y anunció que se alejaba. Pero volvió y vaya si el mal trago se pulverizó. Ganó dos copas América y el Mundial de Qatar. Le queda la última tentación al crack rosarino, en un partido de la vida en el que ya ganó todo por goleada.
Pero su hambre y fuego sagrado irá por su último domingo de gloria. Con todo un país que ya lo aplaude de pie y a lágrima tendida, por el sólo hecho de intentarlo. Hasta la victoria siempre.