Las imágenes muestran a un Messi de 18 años en el Monumento a la Bandera. Su autor esperó más de dos décadas para publicarlas por una promesa
08:17 hs - Viernes 17 de Julio de 2026
Mucho antes de levantar la Copa del Mundo y convertirse en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, Lionel Messi era un pibe de 18 años que volvía a Rosario para pasar las fiestas con su familia. En diciembre de 2005, una campaña publicitaria lo llevó al Monumento Nacional a la Bandera, donde un joven fotógrafo rosarino, Nicolás Ferrario, capturó una serie de imágenes que permanecieron guardadas durante más de dos décadas.
No fue una estrategia de marketing ni un hallazgo casual. Ferrario decidió no mostrar esas fotos durante 21 años por una promesa que le hizo al propio Messi mientras compartían un pancho frente al río Paraná. Recién después de que la Selección se consagrara campeona del mundo decidió hacer pública la historia.
Así lo contó este martes en una entrevista con Una Tarde +, donde repasó una jornada llena de coincidencias que hoy parece imposible de repetir.
De suplente de Riquelme a protagonista inesperado
Todo comenzó con una campaña publicitaria que originalmente iba a protagonizar Juan Román Riquelme. "Se cae Riquelme y entra Messi de suplente. En ese entonces Messi también era suplente en el Barcelona. Tenía 18 años y acababa de ganar el Mundial Sub-20", recordó Ferrario.
La producción arrancó de una manera tan improvisada como impensada para los tiempos actuales.
El contrato se firmó en una estación de servicio de Rosario junto a Jorge Messi, padre del futbolista. Después, el equipo pasó a buscar a Lionel por su casa para comenzar la jornada de trabajo.
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"El tipo que hoy mueve el PBI de países enteros firmando un contrato en una YPF, con café tibio y olor a lavandina en el piso. Pensarlo hoy es maravilloso", resumió el fotógrafo.
Una producción imposible de repetir
Ferrario asegura que aquellas imágenes hoy serían prácticamente imposibles de conseguir. La producción duró unas seis horas en el Monumento a la Bandera, sin grandes protocolos de seguridad ni equipos gigantescos alrededor del futbolista.
"Hoy un amigo que trabaja para Adidas me decía que para producir algo así Messi tiene diez producciones funcionando al mismo tiempo dentro de un hangar. Él pasa quince minutos por cada una y se va. Nosotros lo fuimos a buscar a la casa y estuvimos seis horas abajo del sol", contó.
En medio de la filmación surgió un problema inesperado: la remera que llevaba Messi no podía utilizarse para la publicidad.
Entonces apareció otra escena que hoy parece inimaginable. "Nos fuimos a la casa de Lionel a buscar otra remera porque no habíamos llevado una de repuesto. Todo era muy improvisado", recordó.
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Mientras parte del equipo regresaba a la casa de los Messi en busca de otra camiseta, Ferrario quedó solo con el joven delantero. Incluso terminó prestándole su propia remera. "Yo medía un metro noventa. Mi remera le quedaba como un camisón", contó entre risas.
Fue durante esa espera cuando nació una amistad improvisada.
El pancho con Messi que se volvió una cábala
Al advertir que el futbolista no había almorzado, Ferrario le propuso cruzar hasta un carrito ubicado frente al Monumento.
"Le pregunté si había comido. Me dijo que no. Entonces fuimos a comer un pancho al carrito que estaba cruzando Belgrano. Ahí hablamos de Newell's, de Central y de fútbol, como dos pibes cualquiera", recordó.
Durante esa charla nació la promesa que marcaría el destino de aquellas fotografías. "Le dije: 'Cuando seas campeón del mundo le voy a contar a todo el mundo que me comí un pancho con un campeón del mundo'. Él me miró y me dijo: 'Bueno, dale'".
Ferrario decidió convertir esas palabras en una especie de cábala personal. "Me dije: esta historia se cuenta cuando salgamos campeones del mundo. Si no salimos campeones, no se cuenta".
Las fotos quedaron olvidadas en un rollo familiar
Las imágenes tampoco estaban guardadas en un archivo profesional. Habían quedado dentro de un rollo de una cámara analógica que también contenía fotos del cumpleaños número 50 de la madre del fotógrafo.
"Arrancaba con el cumpleaños de mi mamá y después seguía el día con Lionel Messi en el Monumento", relató.
Cuando finalmente decidió revelar nuevamente ese rollo apareció una sorpresa inesperada. Entre los negativos había una imagen de dos adolescentes que ese día se habían acercado a mirar la producción.
Ferrario publicó la foto en sus redes sociales con la esperanza de encontrarlos. La respuesta llegó pocas horas después. Uno de ellos, Matías, contó que siempre había dicho que tenía una foto con Messi, pero nadie le creía porque nunca había podido verla. El otro ni siquiera recordaba haber estado allí.
"Cuando publiqué la imagen aparecieron enseguida. El hijo de uno de ellos no quiso ir al colegio y pasó todo el día viendo la final de Qatar mientras le pedía a su papá que le contara mil veces la historia de esa foto con Messi", relató emocionado.
Un regalo pendiente para Messi
Antes de publicar las imágenes, Ferrario intentó comunicarse con el capitán argentino. Le escribió tanto a Messi como a Antonela Roccuzzo para ofrecerles las fotografías originales.
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"No creo que haya visto el mensaje entre millones, pero si algún día quiere las fotos, le doy hasta los negativos", aseguró.
Para el fotógrafo, esas imágenes tienen un valor que trasciende lo deportivo.
No muestran al mejor jugador del mundo levantando trofeos ni celebrando goles históricos. Retratan al adolescente rosarino que todavía podía caminar por el Monumento, comer un pancho frente al río y conversar durante horas con otro joven de la ciudad sin imaginar que, dos décadas después, esa historia terminaría convirtiéndose en un pequeño tesoro de la memoria de Rosario.