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"Hagan de la sexualidad un buen uso, ni abuso ni desuso"

Ana María Zeno fue ginecóloga, feminista y defensora de la educación sexual integral en tiempos de censura y machismo. Sus aportes siguen vigentes. Cómo la recuerdan su hija y sus amigas. Una vida en la que enfrentó grandes dolores pero que encaró con coraje y entusiasmo.

Domingo 11 de Marzo de 2018

"Quisiera presentarme como médica, ginecóloga, educadora sexual. También como humanista, psicosomatista, feminista, libertaria, ecologista. Sí, todas esas cosas soy". Así habló Ana María Zeno en 2005 cuando fue nombrada médica distinguida de la ciudad de Rosario por el Concejo Municipal.

A casi siete años de su muerte, las convicciones que defendió durante su existencia se vuelven más poderosas que nunca. Ana María Zeno se había recibido de médica en 1948 pero desde siempre enfrentó los estereotipos, las convenciones y las tradiciones que menospreciaban a las mujeres. Ya con el título en la mano utilizó su ductilidad, conocimientos y habilidades profesionales para implementar en los hospitales públicos de la ciudad, y en todo ámbito donde le fuera posible, una idea diferente a la reinante sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

"He luchado contra la mojigatería, el oscurantismo y la represión sexual (que ha sido mayor para las mujeres). Pero entiendo que toda libertad debe enmarcarse en una responsabilidad, sino puede llegar a ser un atropello", decía.

Contundente y polémica para las mentes y los corazones de aquellos tiempos, Ana María había elaborado en los años 80 una especie de documento público sobre lo que no le gustaba de la sexualidad. Entre los puntos salientes de ese escrito, que circuló y sigue teniendo peso, decía:

• No me gusta que se utilice la sana y necesaria sexualidad infantil para hacer programas radiales, comerciales, televisivos, muchas veces propios de pedófilos.

• No me gusta que muchos terapeutas sexuales impongan a la gente mayor que pueden y hasta deben "funcionar sexualmente" como a los 20.

• No me gusta cómo se trata la sexualidad en los geriátricos.

• No me gusta que tantas mujeres tengan que abortar por no tener acceso a la prevención de un embarazo.

• No me gustan ni el exhibicionismo ni la falta de pudor.

• No me gusta que las chicas y los chicos inicien su primer coito a una edad cada vez más temprana. Es lindo jugar sexualmente pero hay que conocer las reglas del juego. Los no, los sí, saber esperar, saber cuidarse, saber disfrutar.

• No me gusta que se diga "hacer el amor". El amor no se hace, se siente.

Y cerraba con una frase que era su lema: "Hagan de la sexualidad un buen uso, ni abuso ni desuso".

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La hija de Ana María Zeno, Berenice Luque, junto a Silvana Méndez y Mirta Granero, amigas de la recordada mujer.
La hija de Ana María Zeno, Berenice Luque, junto a Silvana Méndez y Mirta Granero, amigas de la recordada mujer.

Con su filosofía libertaria a cuestas —todo un avance para los años en los que le tocó ejercer su profesión— Ana María no descansaba en su afán por aprender y reaprender. Eso la llevó a recorrer el mundo, donde se formó con los pioneros de la época. Llegó a ser miembro de las instituciones internacionales más emblemáticas que defendían los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

En el viejo hospital Freyre y en el hospital Provincial de Rosario, efectores en los que desarrollaba su actividad, exigió privacidad para la atención ginecológica de las mujeres que hasta ese momento eran examinadas por los médicos en salas comunes, con las puertas abiertas y sin ningún tipo de cuidado de la intimidad.

Fue la creadora de la Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología (Aress), que siguevigente, iniciativa que puso en marcha pocos meses después de que asesinaran a su hija María Amarú Luque, a la que mataron el 6 de julio de 1976 en la Masacre de Palomitas, en Salta, en una zona militar que se encontraba bajo el mando del comandante Luciano Benjamín Menéndez.

Fue el 6 de julio de 1976 cuando sacaron de sus celdas a once presos políticos y los acribillaron. La hija de Ana María tenía 26 años, estaba casada con Rodolfo Usinger —quien fue asesinado junto a ella— y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

La pérdida de su Amarú no la detuvo. Ana María Zeno decía que donde había muerte había que poner vida, y en medio del dolor inconmensurable puso en marcha ese proyecto ambicioso para que Rosario tuviera un espacio de discusión sobre la sexualidad, lo que requería mucho trabajo y dedicación, pero sobre todo coraje.

"El día que le avisan que asesinaron a Amarú puso un aviso con foto, en La Capital, anunciando la muerte de su hija. Quería que todos se enteraran de lo que había pasado. Esa tarde más de cuarenta personas nos acercamos a su casa para acompañarla, a ella y a su marido. El cuerpo de Amarú iba a llegar mucho después a Rosario. Nunca me voy a olvidar. Enrique, su marido, estaba destrozado y no quiso bajar de su cuarto. Pero Ana María nos recibió a todos. Estaba sentada en su living y no paraba de denunciar, de despotricar contra lo que había pasado. Tenía una entereza conmovedora, arrolladora, una fuerza imposible de describir. Esta mujer era un torbellino de compromiso, de claridad, de valores. Una grande, pero grande de verdad", dice con emoción Mirta Granero, médica sexóloga, una de sus amigas más cercanas, y cofundadora de Aress.

Este diario reunió a Granero, a la educadora Silvana Sandri de Méndez —otra de las íntimas amigas de Ana María— y a su hija Berenice Luque, fonoaudióloga y creadora de El Ángel (el único servicio para el abordaje de trastornos del espectro autista que existe en un hospital público de la provincia) para hablar de una de las mayores impulsoras de la educación sexual integral en Santa Fe, la mujer que dejó su impronta en el país y en muchos otros sitios de Latinoamérica.

"No fue fácil ser su hija", reconoce Berenice, al tiempo que admite la admiración y el orgullo que siente por su madre. Entre papeles, carpetas, manuscritos —con los que llegó a la entrevista— cuenta un sinnúmero de anécdotas que la pintan claramente. "¿Sabían que mamá tenía un cuaderno para su muerte?", comenta, y Mirta y Silvana no pueden contener la sorpresa. "Sí, mi madre hacía estas cosas. Me había dejado una lista de indicaciones con lo que yo tenía que hacer cuando muriera. Al punto que le dije: «Mamá, si me pongo a hacer todo esto no voy a tener tiempo ni de llorarte»".

Y no sólo eso. De puño y letra Ana María Zeno había dejado escrito lo que debía incluirse en las necrológicas de La Capital cuando ella ya no estuviera: "Las adversidades que vivió su familia no doblegaron su optimismo ni su sentido del humor. En el ámbito del hogar transmitió valores familiares y sociales. Fue buena compañera, madre y abuela. Vivió la vida de tal manera que viva quedará en la muerte".

Se fue de este mundo a los 93 años, algo desorientada por los desgastes propios de la edad, pero muy tranquila. "En los últimos días, cuando ya casi no podía hablar, me pedía, como podía, que le cantara un mantra que a ella le gustaba mucho", rememora Berenice emocionada.

Y Mirta agrega: "Nos decía que difundiéramos que había muerto huérfana y contra su voluntad".

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Una vida intensa

"Era genial — dice con una sonrisa Silvana Méndez— y un amor de persona. Una amiga entrañable. Nos entendíamos con la mirada, jugábamos mucho, con las palabras, con los gestos, podíamos coincidir en muchas cosas y en otras tal vez no, pero era un programón estar con ella. Un ser humano excepcional desde todo punto de vista. Una mujer a la que nunca escuché hablar mal de otros. Todo lo manejaba con naturalidad, y aunque tenía carácter fuerte, cada cosa que emprendía era con amor".

Ana María Zeno era hija de Artemio Zeno, uno de los médicos fundadores del Sanatorio Británico, y de María Antonieta. Su padre era un hombre con una personalidad enérgica, perteneciente a la alta sociedad rosarina y que la había llevado desde pequeña a conocer el mundo.

"Mi abuelo fue una enorme influencia. Viajaron mucho juntos. Ella se recibió de médica a los 26 años y al poco tiempo se fue con su esposo, mi padre (que era médico forense) a estudiar a Perú medicina psicosomática, toda una novedad para la época", cuenta Berenice.

"Mi padre era bastante cerrado. Un hombre especial, muy buen mozo. Ellos tenían una relación particular en el sentido de que mi madre era muy independiente, muy libre. No era fácil estar casado con una mujer con su carácter y sus agallas. Mi viejo era muy amable y amoroso, y la bancaba", agrega.

A su lado, Silvana y Mirta escuchan conmovidas detalles de la vida de su amiga. Cada una, a su turno, va mencionando situaciones que la describen, esos recuerdos imborrables. Silvana saca recortes de diarios, cartas con la letra de Ana María, muestra fotos de cuando siendo jóvenes se reunían en sus casas a charlar. "La conocí en uno de los primeros encuentros de mujeres que se hicieron en Rosario y nunca nos separamos, era muy activa, participaba en todo, no se perdía detalle", comenta la mujer que con más de 90 años llegó a pleno centro de la ciudad desde Fisherton en colectivo, ansiosa y feliz de poder hablar de su querida amiga.

"Defensora de los marginados y los ofendidos, de los pueblos sojuzgados y militante por los derechos humanos". De ese modo también se presentaba Ana María Zeno, quien siempre levantó las banderas del feminismo del que se autodenominaba partidaria y al que describía como un "amplio movimiento de valoración de la mujer, como un medio para lograr una sociedad más justa, libre y responsable".

Durante aquel agasajo en el Concejo Municipal en 2005, que coincidió con el Día Internacional de la Mujer, su discurso dejó marca: "En este aniversario rescato la lucha de tantas mujeres acompañadas por tantos hombres que han comprendido lo que significa el movimiento feminista y el rescate de todos los valores humanos".

Aquella luchadora será siempre recordada por su inteligencia, su dedicación y compromiso. Y por haber denunciado abusos y animarse a hablar en tiempos de censura de la necesidad de que la sexualidad sea siempre placentera, responsable y sobre todo libre.


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