La ciudad

Los "daños colaterales" que deberían incomodar

Las situaciones podrían repetirse la semana próxima si las paritarias estatales siguen estancadas.

Domingo 31 de Marzo de 2019

Las huelgas derivadas de complejas negociaciones paritarias en el marco de un contexto inflacionario y recesivo plasmaron esta semana en Rosario situaciones que incomodan y llaman a reflexionar: 80 centros de salud barriales cerrados, chicos que de 18 días de clase ya perdieron 6, miles que no pudieron almorzar en los comedores escolares por la conjunción del paro docente y el de los asistentes, y un operador telefónico de un servicio de emergencia estatal que lo primero que advirtió fue que una ambulancia podría demorar porque estaban con medidas de fuerza.

Las cuatro situaciones podrían repetirse la semana próxima si las paritarias estatales siguen estancadas. Daños colaterales. Escenas que inquietan, pero que parecen lejos de encontrar un curso que lleve a una solución.

El sólo hecho de intentar sugerir alguna forma alternativa de lucha que no sea el tener que dejar siempre a un grupo de rehén genera encendidos ataques. Desde el inicio del ciclo lectivo 2019 en Santa Fe ya se perdió un tercio de los días de clase. Y la semana que viene ya están planificadas otras dos jornadas de paro (miércoles y jueves) que se sumarán al feriado del martes. Así, de no mediar solución al conflicto, los chicos sólo irán a la escuela el lunes y el viernes.

Nadie dice que no es justo el reclamo salarial. Ahora, tampoco nadie parece reparar en la injusticia de la pérdida de clases, conocimientos y hasta hábitos: ese de levantarse para ir a la escuela, tener responsabilidades desde pequeños, esforzarse, preocuparse por hacer la tarea.

Además, hay chicos que lamentablemente lo único que comen en todo el día es lo que sirven en el comedor escolar. Muchos esta semana estuvieron cerrados. Es verdad que lo ideal es que a la escuela fueran a estudiar y no a comer, pero en un país en el que el tejido social está cada vez más deteriorado, el Estado habilitó comedores en los colegios como instrumento de política alimentaria básica.

Y el paro se coló en esa política. Toda la semana directores y asistentes escolares estuvieron polemizando sobre quién tenía que abrir la escuela para que los comedores funcionaran a pesar de la medida de fuerza. Muchos no abrieron. Otro daño colateral.

Dispensarios cerrados

En los barrios, esos donde el Estado local ha expandido la atención primaria de la salud y donde a diario se suman pacientes que perdieron su trabajo y se quedaron sin obra social, los 80 centros de salud estuvieron cerrados.

Se suspendieron los turnos y en los hospitales hubo guardias mínimas. En las zonas más vulnerables, donde hace una semana un joven murió de leptospirosis, una enfermedad transmitida por las ratas, la referencia sanitaria más cercana bajó la persiana.

En pleno centro de la ciudad una mujer se accidentó con una baldosa floja. Quienes estaban a su lado llamaron al servicio de emergencia estatal y el operador advirtió que la ambulancia podía demorar por la medida de fuerza.

Eso no sucedió. Arribó a los diez minutos pero la indignación de quienes estaban junto a la herida fue más allá. Ante una emergencia, ¿es lógico que el operador lo primero que le advierta a su interlocutor es que está con medidas de fuerza? Por estos días esa parece ser la premisa. El paro por sobre todo.

Eso sí, en medio de la inactividad y las medidas de fuerza, la campaña sigue su curso y los candidatos posan sonrientes, una sonrisa que cada vez causa más incomodidad en un país que excluye a diario a miles de familias.

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