Valentino Formaggini tiene 18 años y se dedicó en el verano a estudiar seis horas por día para llegar a la cita máxima. Busca los fondos para viajar y competir desde el 10 de julio ante los mejores del mundo
Lunes 11 de Mayo de 2026
Los amigos de Valentino lanzaron la idea: comenzar a competir en las olimpiadas de Química del Politécnico. Valentino acompañó y primero fue un examen, luego otro, otro y otro hasta llegar a ser uno de los cuatro argentinos que se ganó la clasificación para las olimpiadas mundiales que se desarrollarán en Uzbekistán en julio.
Valentino Formaggini es un joven de 18 años y estudiante del sexto año del Instituto Superior Politécnico de Rosario. Aseguró que cuando finalice su escolaridad apostará por la Licenciatura en Química, de la facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR. Es que para el adolescente no es un pesar leer, practicar, analizar y estudiar la asignatura. “En vez de jugar con la computadora, leía. Después me juntaba con mis amigos”, explicó con soltura a La Capital.
En 2024, comenzó el camino en las olimpiadas y dos años más tarde consiguió el logro máximo a nivel nacional. Primero, fue una prueba interna dentro del Politécnico, Formaggini aprobó. Más tarde compitió con escuelas de todo Rosario, aprobó. En el siguiente nivel se media con estudiantes del centro y sur de Santa Fe, aprobó. El camino a los nacionales le resultó sencillo. Y en los exámenes nacionales no podía ser de otra manera. “Saqué medalla de oro luego de un examen experimental y otro teórico, antes tuve tres semanas de clases intensivas en la UBA”, dijo el joven. Al obtener la presea, debió volver a Buenos Aires para otras dos semanas de prácticas al máximo nivel y volver a rendir una prueba teórica de 50 páginas y durante cuatro horas y dos de laboratorio para el selectivo. Aprobó. Cada uno de los exámenes que el joven rosarino fue atravesando están reguladas por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y docentes partes del comité olímpico.
El próximo 10 de julio Valentino Formaggini viajará junto a otros tres estudiantes (uno de ellos de un colegio privado de Súnchales, en el norte de Santa Fe) para participar de las Olimpiadas de Química 2026 en Uzbekistán.
Antes de 2024, las olimpiadas eran financiadas por el Ministerio de Educación de la Nación y el Senado de la Nación. Sin embargo, esa ayuda quedó pasado. La notificación de clasificación llegó la última semana de abril para los cuatro jóvenes, que rápidamente se pusieron en la búsqueda de fondos para poder viajar. Por el lado de Formaggini, el rectorado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se comprometió a pagar los pasajes de avión. Además, las gestiones de las universidades permitieron que la Olimpiada Internacional no les cobre la inscripción, que ronda los 50 mil dólares. Lo que asegura la presencia del joven rosarino en el país de Asía Central.
Camino a las olimpiadas en Uzbekistán
Formaggini reconoció que fueron sus amigos quienes lo incentivaron a anotarse en las olimpiadas colegiales. Examen a examen, aprovechó la facilidad para la química y alcanzó la medalla de oro en los nacionales. Pero él guarda especiales palabras para un actor que está detrás de escena.
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“La verdad es que el profesor, Ezequiel Luciano, es un genio. Le escribí todo el verano y me respondía. Le mandé un 24 de diciembre y me respondió. Frena su actividad para contestarme. El esfuerzo más que mío es de él”, aseguró el joven de 18 años y sumó a la docente Aylén Ávila como otra de las responsables para su formación y prácticas. Reuniones en medio de un calor agobiante, videollamadas a toda hora y una charla constante con sus docentes, entre los que también se encontraban Camila de la Horra y Rocio Allassia, fue parte de la formación de Valentino.
La Capital dialogó con Ezequiel Luciano que se quitó responsabilidad en el logro de Valentino y se deshizo en elogios hacia el estudiante: "Dice eso porque es muy humilde, pero participó en el nivel Dos Bis, un nivel muy particular, y sacó medalla de oro. Toda su performance en el certamen nacional fue impecable, resolvió problemas que muchos no pudieron. Yo veía a alguien que tenía ganas de aprender, a mi me encanta la química y sólo trataba de acompañar al máximo". Luciano ahora tiene el desafío de acompañar como docente al grupo de argentinos que se ganó el derecho a participar, tal como él lo hizo hace 10 años atrás en su etapa como estudiante.
Las primeras evaluaciones “son más tranqui”, sostuvo Formaggini. Sin embargo, no todos avanzan. Ya en las pruebas provinciales y nacionales los ejercicios se ponen espesos y se requiere una formación a contraturno “dos horas todos los lunes a la noche”, contó Valentino.
Con la medalla de oro en el nacional no se podía quedar atrás y el rosarino se dedicó entre 6 y 7 horas por día durante todo el verano a estudiar. “Tenés que saber mucho de química orgánica, como se dan los mecanismos de reacción y los tipos de reacciones. Si sabes de química te va a terminar saliendo la parte de matemática”, reveló Formaggini. Su voz marca un tono de tranquilidad y sencillez: “Te sentás, te gusta y haces amigo. No lo sufrí, para mi es lindo estudiar”. El paso previo a viajar a Asía son tres semanas de clases intensivas en Buenos Aires, luego una estadía en casa y ya pensar en las olimpiadas.
El gran desafío
El rosarino manifestó que Argentina está lejos del nivel de estudiantes de China y otros países asiáticos. Pelea cabeza a cabeza con Brasil y supera incluso a países de Europa, pero subrayó que enfrentarse a las potencias tiene sus dificultades de base.
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"Valentino se va a encontrar con la mejor experiencia de sus vidas porque, más allá de lo académico, van a toparse con un intercambio cultural enriquecedor. Después se van a enfrentar a un examen de otras dimensiones", contó Luciano.
Las 50 páginas del último examen en la UBA parecen pocas para los argentinos, que en la instancia internacional tendrán que completar 100 páginas en menos de 5 horas. Es cierto, tendrán 60 minutos más, pero “si a mí y mis amigos nos dan para hacerlo durante todo el día, lo hacemos; con el límite de horas lo tenes que hacer rápido y se pone fea la cosa”, reconoció Formaggini. El viaje dura 10 días entre las jornadas de exámenes y las actividades en torno a la asignatura y turísticas que convoca a los más de 70 países participantes.
En este marco, explicó Formaggini, “los estudiantes de China siempre salen entre los primeros 10 y el que no queda entre esos se larga a llorar, para un argentino quedar entre los 50 mejores entre los 400 que compiten es histórico ”. El estudiante del Politecnico explicó que competir contra los alumnos asiáticos se hace cuesta arriba por falta de presupuesto: “En Argentina podés tardar en ciertos procedimientos unos 15 minutos y allá te encontrás con que ya lo tienen resuelto. Entonces vos perdés tiempo”.
Si bien contó que es desprolijo, trata de realizar los ejercicios a puño y letra para memorizar mejor cada paso. “Te entra en la cabeza más fácil”, concluyó. Así Valentino Formaggini se prepara para la cita mundial más importante a nivel escolar y que tiene en el joven de 18 a un representante de Rosario y de la educación pública.