Del podio a las rifas: el esfuerzo detrás de las medallas rosarinas en los Juegos Suramericanos

Tres medallistas de Rosario contaron en La Capital+ cómo combinan becas, trabajos, rifas y ayuda familiar para sostener sus carreras deportivas de alto rendimiento. "Competimos contra otros países sin las mismas herramientas"

08:59 hs - Jueves 24 de Septiembre de 2026

Las medallas ya están en casa, pero para Luca Alfieri, Agustina De Lucía y Santino Basaldella el desafío continúa. Los tres rosarinos acaban de subir al podio en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, aunque detrás de cada resultado hay una realidad que suele quedar fuera de la foto: cuánto cuesta ser un deportista de alto rendimiento en Argentina y cómo se sostiene una carrera cuando entrenar, viajar y competir demanda tiempo y plata.

La discusión aparece también en los números del sistema de becas. Actualmente hay 807 deportistas becados por el ENARD, casi 450 menos que en 2024 y 580 menos que en 2023, según un relevamiento de Chequeado basado en datos oficiales. Al mismo tiempo, desde septiembre de 2026 las becas tuvieron una actualización del 8%.

En ese contexto, los tres atletas participaron de la Mesa de Atletas de Una Tarde Más, programa de La Capital+, y contaron cómo se organizan para entrenar, trabajar, viajar y competir. La experiencia de cada uno es diferente, pero hay un punto en común. Una beca puede ser una ayuda fundamental, aunque no necesariamente alcanza para resolver todos los gastos de una carrera deportiva.

“No somos el deporte contra el Estado”

La cuestión del financiamiento apareció durante la charla a partir de las declaraciones de Daniel Scioli sobre la inversión del gobierno nacional en el deporte de alto rendimiento. Los atletas fueron consultados por una cifra de 50 millones de dólares mencionada por el funcionario y por cuánto de esos recursos llega efectivamente a quienes representan al país en competencias internacionales.

Luca Alfieri eligió aclarar primero que el planteo de los deportistas no busca convertir la discusión en una pelea con el Estado. “Nosotros no es que somos el deporte contra el Estado, el deportista criticando al Estado, ni mucho menos”, sostuvo. Y agregó: “Sabemos el esfuerzo que está haciendo el Estado y todos los entes para poder contar con recursos. Eso no lo discutimos”.

El punto, para él, es comparar las herramientas disponibles para los atletas argentinos con las que tienen sus rivales internacionales. “Si Argentina hoy está invirtiendo 50, habría que buscar cuánto está invirtiendo Chile, cuánto está invirtiendo Colombia, cuánto está invirtiendo Brasil”, planteó Alfieri. “La realidad es que nosotros competimos contra ellos sin las mismas herramientas”.

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El gimnasta puso como ejemplo una situación que, según contó, atraviesa actualmente a los atletas de selección: la necesidad de elegir a qué competencias internacionales pueden viajar. “Nosotros lamentablemente lo que recibimos el domingo fue la noticia de que: chicos, fíjense qué torneos se van a poder pagar ustedes, porque nosotros no tenemos el dinero”, relató.

Para Alfieri, el problema no se limita a la posibilidad de viajar. La competencia internacional es parte del entrenamiento y del desarrollo de un atleta de alto rendimiento. En su caso, además, puede tener consecuencias directas sobre el camino hacia los Juegos Olímpicos.

Luca Alfieri: entrenar sin saber cómo pagar el próximo viaje

Alfieri ganó la medalla de bronce con el equipo argentino de gimnasia artística y explicó que competir internacionalmente resulta indispensable para mantenerse al nivel que exige la alta competencia. “Para ser un deportista de alto rendimiento y representar al país, hoy en día nosotros necesitamos estar en el roce internacional, necesitamos estar en competencias”, explicó.

El problema es que, según contó, este año ya no tienen presupuesto para nuevos viajes. Participó del Panamericano y del Sudamericano, pero consideró que dos competencias son insuficientes para un atleta de selección. “La competencia es fundamental”, remarcó.

Ante esa situación aparece la segunda parte de la ecuación: pagarlo de manera particular. Alfieri contó que el año pasado tuvo que financiar dos giras de Copa del Mundo con ayuda de su familia, de la federación y mediante rifas y ventas.

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“Lo importante acá es que se entienda que, en definitiva, lo que se pierde es Argentina en el mundo del deporte”, sostuvo. Para el rosarino, el problema es que un atleta argentino no pueda competir al nivel que potencialmente podría alcanzar por una cuestión económica.

El desafío también tiene una dimensión olímpica. En gimnasia, explicó, la clasificación se definirá a través de competencias internacionales y del campeonato Panamericano. Pero la falta de participación argentina en determinados torneos reduce las posibilidades disponibles. “Ya tenés una plaza, o sea, una oportunidad menos”, resumió.

Para el año próximo, Alfieri quiere realizar una gira de Copas del Mundo, pero sabe que probablemente deberá volver a afrontar buena parte del costo por su cuenta. “No sé si lo tengo hoy en día, esos recursos, para volver a hacerlo como ya lo hice otra vez”, admitió.

Agustina De Lucía: una beca que se pierde con un resultado

La historia de Agustina De Lucía, medallista de plata en judo femenino y bronce en el equipo mixto, muestra otra de las dificultades del alto rendimiento. Cómo compatibilizar el entrenamiento con un trabajo que permita sostener los gastos cotidianos.

Hasta este año trabajaba con una abogada y, según contó, llegó un momento en que la situación se volvió insostenible. La preparación para competir exige una disponibilidad horaria que no todos los empleos permiten.

“Creo que ninguna empresa, ningún trabajo te tiene la flexibilidad para hacer las dos cosas a la vez, para tener el alto rendimiento y el laburo de la mano”, explicó.

La situación llegó al límite una semana antes de un torneo que debía disputar en Argentina. Su empleadora le comunicó que no podía continuar con ese esquema y De Lucía se encontró con otro problema: había destinado el dinero que tenía al torneo. “¿Qué voy a hacer la semana que viene?”, recordó que se preguntó.

La solución llegó de su pareja, quien le ofreció trabajar en su negocio. De Lucía comenzó entonces a combinar el empleo con la preparación deportiva y llegó a los Juegos Suramericanos después de hacer “un montón de malabares”.

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Su experiencia con las becas también muestra hasta qué punto los resultados deportivos tienen consecuencias económicas.

La judoca había obtenido una beca después de clasificar a los Juegos Panamericanos de Chile. Pero tras terminar cuarta en los Panamericanos de Guatemala, perdió ese apoyo. Para la siguiente competencia tuvo que pagar el viaje por su cuenta y, al conseguir el resultado necesario, volvió a acceder a la beca.

Actualmente recibe una beca de $920.000, según explicó durante la entrevista, pero debe revalidarla de acuerdo con sus resultados.

Y el problema vuelve a aparecer. En octubre tiene dos Opens, uno en Estados Unidos y otro en Canadá, que considera importantes para su preparación. Pero hoy no sabe cómo afrontará esos gastos. “Estamos viendo justamente hoy día a la mañana hablábamos con mi pareja de que el recurso es muy poco y qué vamos a hacer”, contó. La posibilidad vuelve a ser la misma que para tantos atletas: organizar un sorteo para conseguir dinero.

Santino Basaldella: vivir del deporte, entre las clases y la competencia

Santino Basaldella llegó a los Juegos Suramericanos con dos medallas de oro en SUP y fue presentado durante la entrevista como el primer rosarino en conseguir una medalla en esa disciplina.

Su manera de sostenerse es diferente. Desde los 15 años tiene en Rosario su propia escuela de SUP, Nativo. Al principio la creó para poder afrontar los gastos de su propia carrera deportiva. “Al principio de la escuela la abrí para poder pagar la tabla que me compró mi viejo y después para poder viajar al campeonato argentino”, contó.

Hoy la escuela se convirtió en una parte central de su vida. Basaldella da clases, entrena y coordina el emprendimiento junto con otros dos amigos.

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En temporada puede dar cuatro horas de clases por la mañana, entrenar, volver a dar otras cuatro horas de clases y además encargarse de la coordinación de la escuela. “No es fácil”, reconoció.

Pero encontró una particularidad que le permite combinar las dos actividades: su trabajo también está vinculado con el deporte que practica. “De una manera u otra vivo del deporte, si no dando clase, compitiendo”, resumió.

Su compromiso con el entrenamiento incluso lo llevó a tomar decisiones poco habituales. En 2025 viajó a Hawaii para entrenar con su tío, que además es su entrenador. Terminó extendiendo su estadía y consiguió una camioneta para poder quedarse. “Yo vivía dentro de la camioneta”, contó.

Una beca no alcanza si no se puede viajar

Los tres casos muestran distintas formas de atravesar el mismo problema. Santino encontró en su propia disciplina una fuente de ingresos, enseña SUP, entrena y compite. Agustina tuvo que dejar un trabajo profesional y reorganizar su vida laboral alrededor del judo. Luca, en tanto, necesita conseguir recursos adicionales para viajar a las competencias internacionales que considera indispensables para su preparación.

En el sistema del ENARD, la beca está destinada específicamente a la capacitación, preparación y entrenamiento de los atletas de alto rendimiento y su duración depende del logro deportivo alcanzado.

Pero los propios atletas plantean que el gasto excede el entrenamiento. Están los viajes, las inscripciones, el equipamiento, las concentraciones y las competencias internacionales.

Y ahí aparece una de las principales paradojas que dejaron los Juegos Suramericanos. Argentina tiene atletas capaces de subir al podio, pero para algunos de ellos llegar hasta ahí requiere conseguir por sus propios medios parte de los recursos necesarios para competir.

Las medallas que consiguieron en Rosario son la parte visible de ese esfuerzo. Detrás aparecen jornadas divididas entre entrenamiento y trabajo, becas que dependen de resultados, viajes que muchas veces hay que financiar y familias que terminan siendo parte del sistema de apoyo.

Para los atletas, el verdadero desafío empieza mucho antes de recibir la medalla y continúa después de que termina la competencia.