Desde la Asociación Rosarina de Anestesiología remarcan la necesidad de reforzar el acompañamiento a profesionales y el control de los fármacos
19:30 hs - Miércoles 01 de Abril de 2026
La muerte por sobredosis de Alejandro Zalazar, anestesiólogo de guardia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia de Buenos Aires, conmocionó al país entero. El fuerte impacto se generó por lo joven que era (tenía 29 años), por el tipo de trabajo que llevaba a cabo y sobre todo, por el consumo de las sustancias que lo llevaron a la muerte: una mezcla de fentanilo y propofol, dos drogas reservadas únicamente para uso intrahospitalario, que se suministraba a través de una bomba de infusión. La investigación en curso comprobó que tanto las drogas anestésicas como la bomba fueron robadas del Hospital Italiano de Buenos Aires. En este marco, desde la Asociación Rosarina de Anestesia, Analgesia y Reanimación (ARA) ven al dramático episodio como un llamado de atención sobre la importancia del acompañamiento al personal médico y la trazabilidad (control estricto) de este tipo de anestésicos. “Esos ejes evitan una tragedia como esta”, afirma el médico anestesiólogo Bruno Di Mónaco, en conversación con La Capital.
Di Mónaco, secretario de Recursos Humanos de ARA, explica que la incidencia de consumo problemático de sustancias es la misma en la población general que en la población médica: un 10% en ambos casos, según demuestran estudios recientes. “El problema es que especialidades críticas como anestesiología, emergentología e incluso psiquiatría tienen exposición a sustancias más potentes, con otras consecuencias, lo que no significa que haya más médicos adictos, de ninguna manera”, señala el docente de la Especialización en Anestesiología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Un problema poco frecuente, pero existente
En esta línea, el directivo de ARA llama a “no banalizar” el caso de Zalazar, que fue protagonista estos días de un debate largo y tendido en redes sociales, donde se relacionó la muerte del joven con “fiestas de propofol” y “uso recreativo” de la droga. “No hay que caer en la banalización de una problemática importante de salud: ante todo hablamos de una enfermedad”, afirma el médico anestesiólogo, y agrega: “Una adicción no es una anécdota ni un desvío moral: es una patología que afecta a toda la sociedad y los médicos no son la excepción”.
De esta manera, Di Mónaco señala que las adicciones en médicos y, en particular, el uso de sustancias de naturaleza intrahospitalaria “no son situaciones frecuentes, pero sí son un problema existente”. Si se quieren buscar casos locales, en agosto del 2025 el Ministerio de Salud de Santa Fe abrió un sumario administrativo luego de que desaparecieran 68 ampollas de fentanilo en el Hospital Iturraspe, ubicado en la capital provincial. En diciembre del mismo año, cuatro empleados del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) fueron condenados por el robo sistemático de medicamentos e insumos hospitalarios.
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Aunque los controles son muy necesarios, Di Mónaco señala hay que tener más herramientas: “Un sistema de salud moderno tiene que garantizar la salud del paciente pero no se piensa en que una parte muy importante es garantizar la seguridad de los equipos de salud”, afirma el médico anestesiólogo en diálogo con este diario. Y no habla solo de seguridad física, sino también mental, sobre todo en un contexto donde el personal médico trabaja grandes cantidades de horas en condiciones que, sobre todo en el sistema público, no son las mejores.
En este marco, el profesional señala que en Rosario, ARA cuenta con un equipo de salud dedicado a la creación y aplicación de protocolos para garantizar el bienestar profesional y el acompañamiento psicológico de los médicos anestesiólogos, no solo en casos de abuso de sustancias sino también en situaciones asociadas al propio desempeño profesional, como el “burnout” o el cansancio emocional. Para todos estos casos existe un protocolo de denuncia anónima, que le permite al profesional acercarse a la asociación y poner en común sus preocupaciones.
"Queremos que (el personal médico) venga a buscar ayuda, que no se llegue a un caso extremo como en Buenos Aires", asegura. El médico señala que en Rosario hay un fuerte sistema de trazabilidad de las drogas hospitalarias, sobre todo de las anestésicas y psiquiátricas.
Contención y acompañamiento
Desde ARA también realizan control y testeo aleatorio de opioides, pero Di Mónaco señala que la contención de los profesionales es el primer paso de prevención para evitar una tragedia como la que tuvo lugar en Buenos Aires. “Es una tragedia que el sistema no lo haya podido acompañar, porque es una enfermedad y tiene que haber una respuesta”, expresa el médico rosarino sobre la muerte de Alejandro Zalazar.
A pesar del complejo episodio que ganó notoriedad en la esfera pública, el representante de ARA trae calma a la población: “La gente tiene que venir tranquila (al sistema de salud) porque hay sistemas para garantizar la seguridad, como ARA, el Colegio de Médicos, el Ministerio de Salud, los sanatorios, hospitales, farmacias”. Todas las instituciones deben trabajar en sinergia para velar por la seguridad del paciente, pero también del personal médico.
Médicos residentes, una población “vulnerable” y con mucha presión
En conversación con La Capital, Bruno Di Mónaco, detalla que los residentes médicos, que en su mayoría se ubican en la franja de 25 y 35 años son la "población médica más vulnerable": ya que trabajan muchas horas _a veces con guardias de más de 24 horas_ con una fuerte presión para seguir creciendo y formándose profesionalmente, y con evaluaciones periódicas.
"Son médicos recién ingresados, que están más presionados que el médico general, en constante evaluación y tienen una carga horaria tremenda", describe el directivo. Contemplando este escenario, ARA realiza un acompañamiento especial a los profesionales que están en proceso de formación.
"Tenemos protocolos específicos para los residentes en formación: queremos que los futuros colegas estén acompañados y que tengan un lugar para volcar toda la presión que sienten", asegura el docente de la Especialización en Anestesiología de la UNR.