La Policía francesa disparó gas lacrimógeno para controlar a las multitudes en París y otras partes del país, mientras más de 250 mil personas se manifestaban en apoyo de alumnos que exigen más financiación para la educación. Las protestas encontraron eco en buena parte de la población y aumentaron la presión sobre el gobierno del presidente Emmanuel Macron.
Mientras los alumnos volvían a bloquear las escuelas secundarias, grandes multitudes ondeando banderas y pancartas se reunieron en Marsella, Estrasburgo y otras ciudades. Las concentraciones muestran cómo las protestas que comenzaron en una escuela secundaria en la región de París a mediados de septiembre se convirtieron en un movimiento nacional, el más reciente de varios que marcaron los casi diez años de mandato de Macron.
El Ministerio del Interior estimó que 256.000 personas participaron en manifestaciones en todo el país, incluidas 56.000 en París, donde pequeños grupos de manifestantes se enfrentaron con agentes antidisturbios en una plaza durante una marcha en gran medida pacífica.
La gran cantidad de detenciones y el uso de gas lacrimógeno y métodos antidisturbios contra adolescentes promovió la desobediencia y enfureció a muchos padres y docentes. El ministro del Interior, Laurent Nunez, aseguró que la respuesta policial fue proporcional en “casi todos los casos” y que las protestas se transformaron a veces en disturbios, lo que requirió intervención policial.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, indicó que el gobierno debe escuchar las preocupaciones de los estudiantes y encontrar soluciones. Denunció la utilización de “ultra violencia” y prometió que cualquier “accidente” será investigado, mientras que aseguró que es “mentira” que la Policía sea racista.
Más de seis mil detenidos y 700 policías heridos
Más de dos semanas de boicots y bloqueos escolares, con más de 6.100 detenidos (en su mayoría de menores) y 715 uniformados heridos, se convirtieron en un punto álgido en los primeros días de la campaña para las elecciones presidenciales. Un chico de 15 años perdió una mano con una granada aturdidora de la Policía.
Aurélien Le Coq, legislador de extrema izquierda, enumeró: “Policía antidisturbios, palos, balas de goma, gas lacrimógeno”, y sostuvo que la violencia es “absolutamente insoportable”.
Las manifestaciones por la educación sumaron otras frustraciones del pueblo francés, como los precios del combustible (que se dispararon por la guerra de Irán), las restricciones al gasto público, el aumento de la pobreza y la desigualdad socioeconómica. Así, las quejas de los alumnos por la falta de financiación para la educación encontraron un público receptivo.
“Ustedes dicen ‘los jóvenes son el futuro’, así que escúchenlos”, decía una pancarta escrita a mano afuera de una escuela de París.
Las clases fueron suspendidas total o parcialmente en 891 escuelas, según el Ministerio de Educación.
Los alumnos pusieron el foco en aulas deterioradas que no tienen de elementos básicos como pupitres y sillas, que se vuelven asfixiantes en verano por falta de aire acondicionado e incluso están infestadas de ratas. También reclaman por la falta de personal y por la gran cantidad de horas lectivas obligatorias de los estudiantes de secundaria.