Educación

"Evitar la discriminación es una exigencia ética en cualquier sociedad"

El pedagogo Miguel Angel Santos Guerra propone debatir sobre el sexismo en las escuelas y hablar de género en las aulas.

Sábado 04 de Mayo de 2019

Para el pedagogo español Miguel Anguel Santos Guerra no hay lugar a dudas: la escuela necesariamente debe introducir en sus debates cotidianos la temática de género. No escaparle a la discusión ni ceder ante quienes pregonan "con mis hijos no te metas". Porque la desigualdad y discriminación de género, y la opresión sobre las mujeres, está presente en todos los ámbitos. Y educar para revertir eso debe comenzar desde los más pequeños, en el aula, en la biblioteca y en los patios escolares.

"La educación no es mera instrucción, la educación supone formación en valores ¿Les parecería bien a esas familias que a una hija suya la acosasen en las clases o en los patios y que los profesores se inhibiesen diciendo que su tarea es enseñar matemáticas o geografía?", contesta el educador a quienes ponen reparos a hablar de estos temas en las escuelas. El próximo miércoles 8 de mayo presentará en Rosario su nuevo libro Contra el sexismo: textos y prácticas por la igualdad para la escuela y el aula, de Homo Sapiens Ediciones.

El libro contiene 50 artículos con ejemplos y análisis teóricos —como el que habla del Síndrome de Caperucita Roja que se les inculca desde pequeñas a las mujeres, porque siempre puede salir un lobo amenazante en el bosque de sus vidas (y entonces nunca pueden estar seguras y tranquilas)—, a los que se les suman cien sugerencias para trabajar en el aula y en las escuelas.

—De las historias que usted cuenta en el libro, ¿cuál fue la que más lo movilizó?

—Todavía estoy impactado, dada su crudeza y su cercanía en el tiempo, por el asesinato de una profesora española de 26 años que estaba impartiendo sus primeras clases en un pueblo de Andalucía. Es el primer relato del libro. La chica fue secuestrada y violada por un vecino suyo porque decía que se "había encaprichado de ella". Como si fuera su amo, como si fuera su dios. Es la esencia del machismo: la mujer es un objeto que tiene un dueño que es el hombre. El delito que había cometido esta joven era el de ser mujer. El que habían cometido sus padres era el de tener una hija. Es sobrecogedor, es terrible, es inadmisible que en una sociedad desarrollada, en una democracia madura, sigan cometiéndose estos terribles abusos. Es un terrorismo implacable con el que tenemos que acabar. No sé cuántas mujeres mueren en la Argentina cada año. Detrás de cada caso hay una historia de terror. Y qué decir de las mujeres que están enterradas vivas. Recuerdo que en Resistencia (Chaco), hace algunos años, al terminar una conferencia, se me acercó una maestra con un torrente de lágrimas en los ojos. Y me dijo: "Profesor, tengo el autoconcepto de mujer destruido. No hay día que llegue a casa y mi marido no me diga frases de este tipo: «Cállate tú, que eres como la plastilina, que solo sirve para hacer boludeces»" ¿Qué aprenden las hijas y los hijos de un padre como éste? En educación, no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo.

—¿Cuál es la palabra o situación "naturalizada" por el sexismo que más rabia le da?

—Son muchas situaciones. Son todas las situaciones de discriminación las que me producen tristeza y rabia. Están presentes en las costumbres, en las actitudes, en las religiones androcéntricas, en el ámbito laboral, en la educación, en el lenguaje, en las relaciones, en la moral, en la sexualidad. Pero si tuviera que elegir una —no me es fácil hacerlo— sería la discriminación que se produce en la igualdad de oportunidades. Es decir que, por el hecho de ser mujer, se tengan más dificultades para tener éxito en la vida. Y eso lleva a una situación de dependencia, de sumisión, de heteronomía. Porque ese hecho aleja del poder, de la autosuficiencia, del conocimiento y, en definitiva, de la igualdad.

"Es terrible e inadmisible que en una sociedad desarrollada, en una democracia madura, sigan cometiéndose terribles abusos"

—Usted habla de varias "zancadillas" que se le hacen a las mujeres ¿Puede contar alguna?

—En un artículo del libro hablo de nueve zancadillas que se les ponen a las mujeres en el mundo laboral. Voy a referirme a la primera, que es el bajo nivel de aspiraciones o de expectativas que se genera sobre ellas. Por el hecho de ser mujeres, en la familia y en la escuela, se les plantean profecías negativas de autocumplimiento. Y ya se sabe que la profecía de un suceso se suele convertir en el suceso de la profecía.

—¿El debate y los cambios deben darse desde los más pequeños? ¿Hay juegos sexistas que históricamente se daban en los patios de las escuelas?

—Las mejoras deben hacerse desde la infancia. En la familia y en la escuela. Hace unos años dirigí una tesis doctoral sobre cómo se aprende el género (cómo se aprende a ser niño o niña) en una escuela de educación inicial. Sobre ella publicó la autora el libro Triunfantes perdedoras. Se han hecho estudios sobre los juegos en los patios de recreo. Creo que todos y todas podemos recordar una situación paradigmática de los recreos. Chicos jugando al fútbol ocupando todo el espacio y grupos de chicas charlando en pequeños corrillos. Cuando los profesores han intervenido y han dicho que el espacio sea de las niñas, ellas no han sabido o querido ocuparlo y los chicos han reclamado la vuelta a sus costumbres: es que ellas no quieren. Lo que pasa es que las cosas no cambian así, de un momento a otro. Sin reflexión, sin procesos adaptativos que requieren tiempo e intervención educativa.

guerra3

—Usted propone, entre otras cosas, incluir esta agenda en las escuelas (incluso con un sector de género en las bibliotecas escolares). ¿Qué responde ante los padres y madres que se niegan a esto, que ven allí un avance de la escuela en temas "de la familia" y que incluso dicen a los docentes: "Con mis hijos no te metas" (como pasa en la Argentina)?

—Por supuesto, esta es una tarea de las escuelas. También de las familias. Y de la sociedad. La educación tiene dos componentes básicos: el componente crítico (saber pensar) y el componente ético (saber convivir). La convivencia pasa por el respeto a la dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación de raza, sexo o religión. Las objeciones de las que me hablas se presentan en muchos sitios en un tipo de familias, frecuentemente conservadoras. Creo que se equivocan. Hablamos de una ética para una sociedad civil que todos debemos compartir, no de una moral particular. Evitar la discriminación es una exigencia ética en cualquier sociedad civilizada. Yo les diría a esos padres y madres que la educación no es mera instrucción, que la educación supone formación en valores. Y un valor fundamental es el respeto a la persona. Planteado así, no creo que ningún padre o madre no quiera que enseñen a sus hijos e hijas a respetar a los demás o que no quieran que sus hijos (e hijas) sean respetados. ¿Les parecería bien a esas familias que a una hija suya la acosasen en las clases o en los patios y que los profesores se inhibiesen diciendo que su tarea es enseñar matemáticas o geografía?

—¿Hay machismo lingüístico?

—Claro que lo hay. El lenguaje no es inocente. El lenguaje es sexista. No en vano las gramáticas, los diccionarios y las reglas de la sintaxis han sido elaboradas por hombres. Ahí están los genéricos en masculino, los significados diferentes de palabras en masculino y femenino (hombre público es un varón notable, mujer pública es una prostituta; zorro es un hombre avispado, zorra es una fulana). Y ese hecho es muy importante, porque el lenguaje está en todo. Hace unos años escribí una obra titulada Libro de estilo para universitarios. En él hay un capítulo sobre el uso del lenguaje no sexista.

—¿Qué responde ante quienes se oponen al uso de un lenguaje no sexista porque "afea" el estilo o quienes consideran que es un tema secundario?

—Les digo que el uso del lenguaje no sexista puede hacer el lenguaje más farragoso pero cuando chocan un principio lingüístico (economía del lenguaje) y un principio ético (discriminación), yo doy prioridad al principio ético. Nada es secundario cuando afecta a la igualdad. No es aceptable el argumento de que habiendo cosas tan importantes que generan desigualdad, haya que perder el tiempo en cosas menores. No. Porque se puede y se debe hacer frente a todo. Quienes dicen esas cosas no suelen estar pendientes ni de lo importante ni de lo secundario. Y a quienes les importan estas cuestiones, supuestamente menores, también les preocupan las más importantes. Hay que tener cuidado extremo con las formas sutiles de violencia sutil.

—¿Tiene alguna opinión sobre el uso de la "e" como lenguaje inclusivo? (quienes en vez de decir nosotras y nosotros dicen "nosotres")

—No me gusta esta fórmula porque distorsiona el lenguaje ya que esa palabra no existe en castellano, aunque la prefiero a dejar las cosas como están porque rompe la invisibilidad. Me gustan más otras opciones. Por ejemplo, la repetición de nosotros y nosotras. Y desde luego, la que incluye en un término a mujeres y hombres, cuando esto es posible. Por ejemplo, hablar de profesorado, en lugar de decir profesores y profesoras. O alumnado, en lugar de alumnos y alumnas. O ciudadanía en lugar de ciudadanos y ciudadanas. Lo que no me gusta es que se haga invisible a la mujer en el lenguaje. En el libro hago referencia a la siguiente historia. Un padre sale en moto con su hijo, el padre conduce la moto y el hijo va detrás. Se produce un terrible accidente en el que el padre muere y el hijo resulta gravísimamente herido. Cuando llega la ambulancia al Hospital con el joven, el equipo médico de urgencia decide que le lleven a quirófano para que sea operado inmediatamente. Suben la camilla a quirófano. Y cuando el cirujano jefe ve a quién tiene que operar exclama: "Dios mío, es mi hijo". Les pregunté a mis alumnos cómo se podía entender esta exclamación si el padre había muerto. Uno dijo que el padre de la moto era el biológico y el que iba a operar era el segundo marido de la madre. Otro dijo que el que iba en la moto era un sacerdote... Les dije entonces: La frase se explica porque el cirujano jefe es la madre. Como se puede observar, la mujer desaparece de la historia. El jefe es un hombre y el cirujano es un hombre. El lenguaje ha hecho invisible a la mujer. Y lo que es invisible es como si no existiera.

"El uso del lenguaje no sexista puede hacer el lenguaje más farragoso, pero cuando chocan un principio lingüístico y uno ético doy prioridad al ético"


>> Contra el sexismo

El nuevo libro de Santos Guerra Contra el sexismo, textos y prácticas por la igualdad para la escuela y el aula se presentará el próximo miércoles 8 de mayo a las 18.30 en el salón de actos del Normal 1, Entre Ríos al 1100. En la charla acompañarán al autor la periodista Marcela Isaías y la directora del Instituto Municipal de la Mujer, Carolina Mozzi. La entrada es libre y gratuita.

guerra2


>> Jornada de formación para docentes

"Enseñar o el oficio de aprender" es el nombre de la jornada de actualización docente que brindará el pedagogo Miguel Angel Santos Guerra en Rosario. La capacitación será el próximo sábado 11 de mayo por la mañana en el colegio La Salle, Mendoza 444. Es organizada por Homo Sapiens ediciones y Sapiens agenda de eventos.

La jornada abordará distintos ejes, entre ellos: perspectivas de análisis, mitos y errores sobre la docencia, dos metáforas contrapuestas, las competencias del docente, seis pasos fundamentales, el camino de la mejora y principales dificultades. Está destinada a docentes y directivos de todos los niveles, profesores y alumnos de institutos de formación docente y profesionales del área.

A las 8 será la acreditación y el taller se extenderá de 9 a 12.30, con un pequeño recreo en el medio. Se entregarán certificados y la actividad otorga puntaje de la provincia (decreto 3029/12). Hay descuentos por grupo. Informes en informacion@homosapiens.com.ar



¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});