Son varios miles los argentinos que están estos días por las calles de Madrid, rebosantes de peregrinos llegados de todo el mundo para participar de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la reunión más importante de jóvenes católicos con el Papa.
Desafiando el agobio y el calor de las calles de Madrid (hacía más de 35 grados a las 21), los argentinos acudieron anteanoche a la misa especialmente preparada para los jóvenes argentinos que participaran de la JMJ. Desde las 19 comenzaron a llegar delegaciones de distintos movimientos y parroquias del país con distintivos celestes y blancos, banderas y varios de ellos con la cara pintada de los colores patrios. Superando toda expectativa, a las 21 en la iglesia Santa Mónica ya no cabía ni una persona más y muchos tuvieron que seguir la ceremonia como pudieron desde la vereda. Quedó en evidencia que los organizadores no esperaban tanta gente. La euforia, el sentimiento nacional, la alegría del reencuentro estallaron al comenzar la celebración presidida por el obispo miembro de la Comisiones de Apostolado Laico y Pastoral Familiar (Juventud) y de Comunicación Social, Raúl Martín, quien concelebró la misa junto a más de 20 sacerdotes.
En la homilía, Martín advirtió a los jóvenes que “hay mucho que hacer en nuestra patria cuando volvamos” y recalcó la necesidad de trabajar “por la construcción de una sociedad donde prime el amor”. En clara alusión política, el purpurado abogó por el diálogo y la paz, y subrayó la necesidad de que los jóvenes den testimonio de su fe con su propia vida.
Los aplausos estallaron y a viva voz chicos y chicas cantaron el himno de la JMJ que se realizó en el país en 1987 “La civilización del amor”. Fue un momento de máxima emoción donde los jóvenes transmitieron su adhesión a la propuesta del obispo. La fiesta, los cantos y los abrazos duraron más de dos horas. Allí los chicos y chicas se sintieron “en casa” y demostraron el entusiasmo por poder participar de un evento que conmueve a los católicos del mundo.
























