Economía

"Es increíble que Mefro esté parada", lamentó su fundador

Roberto Travesaro habló del cierre de la fábrica y lo asimiló a la tragedia del país industrial

Domingo 10 de Junio de 2018

En la sede rosarina del Ministerio de Trabajo se realizaba en marzo pasado una de las últimas y más tristes audiencias previas al cierre de la fábrica de llantas de acero Mefro Wheels, cuando apareció Roberto Travesaro. Respetuoso y con una sorprendente lucidez, el hombre de 91 años pidió participar de la reunión no sólo para escuchar "qué estaba sucediendo" sino para dar su parecer y ver "si podía ayudar" a evitar la caída de una rama industrial del país. No lo logró, pero su paso por esa audiencia dejó a varios con la boca abierta.

No era cualquier visita. Era nada menos que la del fundador de esa fábrica de llantas de acero que inició su actividad en 1944 en las inmensas instalaciones de San Martín 2646, donde su padre, homónimo y socio, tenía un desarmadero de autos con el que "amasó una fortuna en muy poco tiempo", relató. "De una forma muy fortuita entendió que desarmando y vendiendo los repuestos, un auto nuevo valía 4 ó 5 cinco veces más. La calle San Martín, desde 27 de Febrero hacia el centro de la ciudad tomó ese carácter (autopartista) gracias a la actividad de mi padre y su hermano, que también puso un desarmadero y con quien compitió durante veinte años", recordó Travesaro.

Cuando "Robertito", tal como lo distinguían de su padre, cumplió 18 años, se asoció a éste y arrancaron con una pequeña producción artesanal de ruedas. "Era muy rudimentario todo. Con herramientas muy básicas, hacíamos diez llantas de acero por día. Luego fuimos incorporando tecnología y yo me encargaba de las relaciones públicas", recuerda y sonríe mientras cuenta algunas memorias de opulencia, viajes a Europa, vínculos con personajes famosos, yates, cadillacs, choferes, y pasión por los deportes extremos, entre numerosas actividades que emprendió en de su vida.

"Nací en un lugar muy humilde. Mi padre la había pasado muy mal, ganando diez centavos por día. Cuando nací, compró una cuna de bronce, que era lo más parecido a una de oro. Llegó a ser uno de los hombres más ricos de Rosario y volcó en mí todo lo que él no había tenido. Yo tuve de todo, con una niñez y adolescencia muy linda", acotó.

En los años 50, Roberto Travesaro SRL fue parte, por ejemplo, del origen del rastrojero. "Muchos creen que nació en la fábrica de aviones, pero tuvo un antecedente: Automóviles Argentinos (Autoar), del italiano Piero Dusio, que tenía problemas en su empresa Cisitalia (Italia), y vino a la Argentina para ver si desde acá podía repuntarlo. El Instituto Argentino de Promoción en Intercambio (Iapi) había importado (desde Estados Unidos) 2 mil tractores sobrantes marca Empire, muy chiquitos, que se usaban para mover aviones de guerra en los aeródromos. Con los motores, la caja, el tren delantero (todo Jeep), se armaban los Autoar con una carrocería muy artesanal y para ellos vendíamos las llantas", evocó.

En 1952 "conocí al presidente Juan Domingo Perón, cuando convocó a todos los industriales a trabajar para los modelos Institec justicialistas", autos fabricados por Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (Iame), una empresa autárquica con las funciones de investigación, fabricación y reparación de material aeronáutico y la promoción y producción automotriz.

La iniciativa de los Institec respondió a la necesidad del Estado de fabricar automóviles ante la negativa de varias terminales, que sostenían que en Argentina sólo se podría ensamblar y no producir autos. Y también por la necesidad de actualizar el escaso y obsoleto parque automotor de apenas 450.000 unidades (camiones mas automóviles) disponibles en el país después de la Segunda Guerra Mundial.

Para entonces, Roberto Travesaro SRL ya hacía mil ruedas al mes. "Nos llamaron por teléfono de la fábrica de aviones porque lanzaban una especie de licitación y querían vincularse con nosotros. Fui a Córdoba, traje los planos que eran muy sencillos, nos presentamos y ganamos. Así fue como una fábrica de llantas rosarina fue la primera en hacer ruedas para una automotriz argentina", dijo.

Para los Institec el gobierno demandaba mil ruedas por mes, por lo que "mi padre estaba asustado, porque nosotros si bien hacíamos esa cantidad, también teníamos que abastecer a nuestros clientes. Tuvimos que poner otro turno. Los camiones esperaban en la puerta y se llevaban las ruedas prácticamente en caliente. Para el año 62, ya hacíamos 30 mil llantas de acero por mes", recordó.

A la ganancia

Al respecto, Travesaro remarcó que por esos prósperos años, "hasta el 20% de la utilidad de la fábrica se repartía con los obreros. Cuando alguno se tiraba a menos, el capataz en vez de hablar con nosotros, iba y le decía 'acá vamos a la ganancia, te estás embromando vos, a mí y a don Roberto. Avivate porque vas a tener 4 ó 5 aguinaldos por año, gil".

"Trabajaban tanto, que mi padre acortó la jornada de trabajo de 8 a 7 horas, pagándoles igualmente las 8. A la mañana el capataz repartía las tareas, se iba a la oficina vidriada en el primer piso, y ahí leyendo La Capital y con el cafecito, de vez en cuando cogoteaba para controlar. Cuando venía alguno de la Unión Obrera Metalúrgica, había café para todos, nos contábamos cuentos, todo en armonía porque no teníamos ningún problema".

La empresa ocupaba a 350 empleados. "Un día le digo a papá: 'Mire cuánta gente mantenemos'. Y me responde: 'No, ellos nos mantienen a nosotros'. Mi padre era extraordinariamente bueno", recuerda.

"En ese entonces había plena ocupación. Cuando hace un tiempo se intentó que los obreros (de la ex Mefro Wheels) tuvieran participación, los patrones se pusieron como locos. Los empresarios están totalmente equivocados", consideró.

A inicios de los 60, Roberto Travesaro SRL vendía llantas a todas las automotrices del país e incluso exportaba a Chile. Pero una tragedia familiar marcó el principio del ocaso de la fábrica, cuando el 22 de diciembre el único hijo de "Robertito", de 11 años, falleció en un accidente automovilístico. La desgracia sumió en la depresión a Don Roberto y "Robertito" cayó en "una vida disipada", plagada de excesos, de la que salió años después gracias a una elección religiosa.

Así es como no faltaron los "buitres que empezaron a rodear a mi padre, que se aprovecharon de la desgracia. Unos sinvergüenzas", se limitó a contar Travesaro en alusión a algunos miembros del directorio de una sociedad anónima creada en esos momentos de crisis, quienes protagonizaron un escandaloso fraude y una estafa que generó en los Travesaro un "millonario despojo", tal como titularon una solicitada publicada el 31 de diciembre de 1964 en La Capital, con un detalle de la maniobra por la que padre e hijo perdieron acciones, propiedades y debieron desvincularse de la fábrica.

En 1964 Roberto Travesaro SA pasa a llamarse Cimetal SA, y entre 1966 y 1967 comienza a funcionar en Ovidio Lagos al 4400. En agosto de 1999 esta empresa, se presentó en convocatoria luego de una lenta agonía provocada por la recesión y por más disputas societarias y en 2001 se declaró la quiebra. Por entonces, tenía 140 operarios.

Llegó el año 2003. "Yo podría haberme hecho cargo en ese momento. Era viable quedarme con la fábrica: tenía que arreglar una hipoteca y con cero pesos arrancaba. Incluso me daban un crédito blando importante. Estaba todo arreglado, los obreros estaban conmigo y yo quería hacer una cooperativa con ellos, pero mientras yo lo consideraba, el síndico ya estaba en conversaciones con Ferrosider SA, se presentó en Buenos Aires con un contrato y la jueza aprobó el convenio. Terminaron echando a un montón de empleados con antigüedad porque 'tenían los vicios de Travesaro'... Conmigo la historia hubiera sido otra", se lamentó.

Siete años después, el grupo de capitales alemanes Mefro Wheels se quedó con el 100% del paquete accionario y el año pasado abandonó la producción, y a los empleados. Así es como se montó una operación rescate en la que los trabajadores, la UOM y el gobierno provincial tuvieron un fuerte protagonismo. La autopartista villagalvense Cirubon se hizo cargo de la explotación en septiembre pasado, pero no recibió un solo pedido al no poder competir con las importaciones, y se retiró en marzo último. Aquí, vale aclarar que el gobierno nacional no cumplió con su compromiso de poner cupos al ingreso de llantas de acero para proteger esta fábrica -la única en el país en su tipo- no depositó la totalidad de los fondos para la asistencia de los trabajadores desocupados, ni reubicó a otros, tal como se había comprometido.

En marzo pasado, Travesaro se presentó en aquella audiencia laboral no sólo para saber qué pasaba sino con intenciones de "buscarle la vuelta" para retomar las actividades, siempre bajo una perspectiva cooperativista. Pero lo desalentó el contexto general. "¿Cómo se llega a todo esto? ¿Cómo se destruye todo así? Yo no puedo entender. Nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. No me explico cómo las industrias regionales pueden estar así. ¿Qué clase de gobiernos tuvimos o qué clase de industriales que no se preocuparon por defender su industria? ¿De qué les sirve a los obreros hacer un reclamo si es como campana de palo?".

"Nuestra fábrica no era la gran cosa, pero cuando se hizo Cimetal SA, trajeron máquinas inyectoras que valían millones de dólares quedando a la par de cualquier fábrica del mundo. Yo la conocí cuando casi me hago cargo. Tenía una planta de fosfatizado espectacular, una línea de pintura automática. Tenía todo. Y lo mismo tiene ésta (por la ex Mefro) y aún más".

"No me da la mente para ir a la fábrica ex Mefro y verla parada. Salí llorando", dijo y confía en que la fábrica de llantas puede recuperarse con voluntad política. "A mí me gustaría hablar con el gobernador (Miguel Lifschitz), porque la única ayuda que puede venir es de parte del gobierno provincial y del municipal. Se puede dar trabajo a 150 personas y trabajar bien, en dos turnos. Además tiene terreno de sobra: ¡Son dos manzanas y media de máquinas! De verlo se te aflojan las medias", expresó.

Sobre el problema de la nula posibilidad de competir ante las importaciones, "es preciso que vayan y se pelee allá (en la Nación). Que haya una protección, una cuota para que las fábricas locales se comprometan a comprar piezas nacionales, como lo han hecho muchos países. No es tan difícil.", concluyó.

Travesaro, un hombre asegura "conocer más Europa que su propio país", que supo vestir los modelos y conocer en persona al propio Christian Dior, amante de los lujos, también conoció la miseria no sólo después de experimentar el despojo que denunció como una estafa en el año 1964 sino luego de triunfar y volver a fracasar merced de más conflictos societarios, hipotecas y de las fluctuaciones propias de la economía argentina.

El hombre de 91 años hoy vive en Granadero Baigorria con la jubilación mínima.

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