Escrita por Santiago Loza y protagonizada por Mariano Saborido, se consolidó como una joya del circuito independiente porteño. Se podrá ver el domingo 19 en La Comedia
08:00 hs - Sábado 11 de Abril de 2026
Mario mantiene con su madre un hostal en un pueblo recóndito del sur, cerca de un puerto que dejó de funcionar. Hay un regreso, una despedida y el deseo de Mario de huir para siempre. Esa es la premisa de “Viento blanco”, el celebrado unipersonal protagonizado por Mariano Saborido que desde su estreno en 2024 se consolidó como una joya del teatro independiente porteño. El domingo 19, a las 20.30, se podrá ver en el Teatro La Comedia (Mitre 958).
Las entradas se pueden adquirir a través de la plataforma 1000Tickets o en boletería. Estudiantes, jubilados y socios de la Tarjeta de Beneficios La Capital tienen 20% de descuento.
La obra se convirtió en una de esas propuestas que, a fuerza de contundencia y boca en boca, se transforman en las más comentadas del circuito, esas que todo el mundo recomienda ir a ver. A priori, “Viento blanco” reúne a un equipo soñado, con grandes nombres del teatro independiente: la actuación de Saborido (que hace poco estuvo en Rosario con “Lo que el río hace”), la dramaturgia del premiado autor Santiago Loza, y la dirección de Juanse Rausch y Valeria Lois.
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Rausch es una joven estrella que con 27 años dirige cinco obras actualmente en cartelera. Además de “Viento”, conduce en Buenos Aires “Paquito (la cabeza contra el suelo)” (sobre Paco Jamandreu), “Saraos uranistas”, y el musical “La llamada”. En Rosario, el gran regreso del unipersonal “Solo como una perra” de Juan Pablo Gerretto.
Lois es palabra mayor en el teatro hace tiempo. A la par que gana reconocimiento masivo por sus actuaciones, siempre impecables, en series como “División Palermo” o “El tiempo de las moscas”, protagoniza algunas de las obras más celebradas de los últimos tiempos como “La vida extraordinaria” (con Lorena Vega), “Precoz” (con Tomás Wicz) y el mítico unipersonal “La mujer puerca”.
Todos estos recorridos, más los del equipo técnico, intervinieron en la construcción del mundo que es “Viento blanco”. Un paisaje desolado, bello y hostil. Una soledad que quiere dejar de ser tal. Un contexto que aprieta, contiene, reprime. Hace tiempo, entre viajantes, marineros y gente de paso, Mario supo tener un amigo. Ese forastero vuelve, y Mario debe enfrentarse a sí mismo y sus fantasmas para decidir cómo será el resto de su vida.
La construcción de un mundo
“Creo que la obra gusta porque trata temas universales como la relación con la madre, la relación con los padres, lo prohibido, venir de un pueblo chico. Son temas que de alguna manera u otra te impactan. Pero a la vez no es una obra que pretenda dejar ninguna enseñanza sobre grandes temas. Es una obra que construye un mundo particular que es muy llamativo para el público. Es un mundo que construimos con todo el equipo y que es un gran despliegue para el teatro independiente. Creo que eso se agradece también. Si uno ve un compromiso en el juego, en la puesta, se engancha, más allá de lo que trate la obra en sí”, cuenta Mariano Saborido en diálogo con La Capital.
Un pequeño mundo ordinario que se vuelve extraordinario, donde un único personaje de apariencia opaca, es llevado hasta sus últimas consecuencias, empujado por la fuerza del deseo hacia sus bordes.
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“En el recorrido de la obra hay erotismo clerical, chinos, animales de mar frío que mueren en la costa, grutas, piedras, pasados oscuros, futuros inciertos, soledades que se encuentran, formas del amor y mucho viento. Hay algo de humor, también una tenue melancolía, preguntas que quedan en el aire, recuerdos de un lugar al final del mundo, antes de que el olvido arrase con todo”, describe Loza.
Si hay algo que parece hecho a medida entre el personaje y el actor, es porque de cierta manera así fue. “Saliendo de la pandemia, Santiago me dijo que quería escribir algo para que yo lo actúe. Para mí fue un sí porque yo venía viendo y leyendo su trabajo, y además había sido alumno de él en un taller de dramaturgia. Así que cuando él vino con la propuesta, acepté de inmediato. A partir de ahí, empezamos a juntarnos durante un año, en el que él iba escribiendo y yo iba leyendo. Me preguntaba qué me parecía, yo le hacía devoluciones. No intervine para nada en el texto, sólo era como un lector invitado al proceso de trabajo”, relata Saborido sobre el origen de la obra.
Cuando el texto tuvo su punto final, llegó el momento de ampliar el equipo y la dupla de Lois y Rausch apareció desde un principio como un ideal. Cada uno de los nombres surgió por distintos motivos, y la conjunción de ambos se transformó en sueño que se concretó.
“Vale hace ‘La mujer puerca’ hace más de diez años, que también es una obra de Santiago Loza. Cuando yo la vi por primera vez quedé fascinado. Desde ese momento, Vale se transformó en una suerte de actriz favorita, una persona a la que siempre prestarle atención y de la cual aprender. Una suerte de maestra de actuación increíble. Con Juanse venía trabajando en otro proyecto, y sabía que ellos dos se conocían, se querían y habían trabajado juntos. Entonces nos gustaba mucho la combinación. A Vale no la conocía mucho, pero había una intuición de que por su cercanía al mundo de Loza a través de ‘La mujer puerca’ iba a poder aportar un montón”, detalla el protagonista.
“En la mayoría de las obras en las que estuve o estoy, siempre hay más de una persona en la dirección. Entonces, fue un acto reflejo convocar a dos. Y en este caso, se formó un triángulo que sobre todo para un unipersonal está muy bueno porque permite balancear la carga y el peso”, agrega.
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Además del reconocimiento del público y la crítica, Saborido ganó un premio María Guerrero por su labor en “Viento Blanco”, y obtuvo nominaciones a los Martín Fierro de Teatro y a los ACE.
“Es como si cada vez que voy a actuar la obra, empezara a dibujar algo nuevo cada vez. No porque la obra cambie, sino porque hay una sensación de encontrarse todas las veces con el papel. Es como una prueba, y a veces le pongo un color más por un lado, y a veces un trazo más por otro lado. Tengo esa libertad pero también la presión y el compromiso de mantener el ritmo de la obra, de poder autogenerarse los estados para llegar a lo que sigue, las boyas como le decimos. Ir encontrando sobre qué apoyarse para ir avanzando en la obra, y eso es algo que construimos cuando ensayamos la obra, pero que uno como actor tiene que ir recordando todo el tiempo”, apunta Mariano sobre su trabajo sobre el escenario.
A pesar de estar solo en el escenario, Saborido siempre refuerza el rol del equipo y de los directores. “La compañía de Juanse y Vale es constante. Cada tanto vienen a la función, ajustamos cosas, charlamos. Eso es lo lindo de esta y todas las obras, del teatro: uno trabaja sobre un material que está vivo. No es algo mecánico o repetitivo, aparece lo artesanal, algo pensado, sentido. Eso es maravilloso”, cierra.