Qué hay detrás del reciente fenómeno de taquilla, que posicionó a las películas “Backrooms” y “Obsesión”, realizadas por jóvenes directores, por encima de “Mandalorian”
08:00 hs - Domingo 14 de Junio de 2026
Algo está cambiando en la industria del cine. O eso se quisiera creer. Después de una década y media dominada por las franquicias de superhéroes y los megatanques, que hicieron prácticamente desaparecer el cine de presupuesto medio, un reciente fenómeno de taquilla global sugiere un nuevo horizonte posible: dos películas de terror independientes, hechas por directores jovencísimos, superaron en convocatoria a “Mandalorian & Grogu”, la más reciente entrega del universo Star Wars.
Los tres films se estrenaron en mayo, con una semana de diferencia entre sí: primero fue el turno de “Obsesión”, de Curry Barker, que llegó a salas el 14 de mayo; después el de “Mandalorian & Grogu”, uno de los lanzamientos más anticipados del año, el 21 de mayo; y finalmente, el de “Backrooms”, el 28.
Esta simultaneidad en cartelera, y el comportamiento del público en torno a ella, dio lugar a varios niveles de análisis. En primer lugar, “Mandalorian”, secuela de la exitosa serie de tres temporadas de Disney+, fue el intento de reavivar Star Wars en tanto fenómeno popular. Pero tuvo el peor desempeño de la saga desde que empezó a formar parte de Disney en 2012. Todas, incluso “Solo” (2018), considerada la más floja en todo sentido de esta etapa, logró sostenerse como la más vista por al menos dos semanas.
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Más allá de Star Wars en sí, el caso de “Mandalorian” es sintomático del presente cine de franquicias. Algunos especialistas anunciaron el final del reinado de este tipo de películas en 2025, cuando ninguno de los lanzamientos del Universo Cinematográfico de Marvel, líder indiscutido de la taquilla desde 2012, logró convocar a la cantidad de espectadores pretendida. Es que es una liga que juega con números desorbitantes y expectativas imposibles: como en el caso “Mandalorian” los presupuestos están en los cientos de millones de dólares (con una buena parte destinada a campañas de marketing y promoción) y dependen de una taquilla mil millonaria para generar las ganancias esperadas por la compañía. Es una fórmula difícil de sostener en el tiempo, y fue justamente el tiempo el que probó esta hipótesis, marcando una evidente crisis de este modelo de producción.
En el camino, este esquema dejó lugar casi nulo en la industria para las películas de presupuesto medio. Es decir, aquellas producidas por estudios a través de una inversión considerable pero moderada en comparación con las de superhéroes. Compañías como A24 y Neon empezaron a jugar un rol cada vez más fundamental en la producción y distribución de cine independiente (películas definidas no sólo por su tamaño sino de dar lugar a narraciones originales con algo para decir sobre su tiempo).
Dos películas de terror que marcan un nuevo camino
Fue precisamente A24 quien hizo la apuesta del año, y quizás de su historia. Financió, por 10 millones de dólares, “Backrooms”, la ópera primera de Kane Parsons, un youtuber de 20 años. En apenas unas pocas semanas en cartel, se convirtió en la película más taquillera de la compañía, con una recaudación global de 212 millones de dólares, superando a la nominada al Oscar “Marty Supreme”. En Argentina, sumó casi 350 mil espectadores.
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“Obsesión”, producida por Blumhouse (una de las productoras clave de terror de este siglo) y distribuida por Focus Features, es el segundo largo de Curry Barker, de 26 años. Con un presupuesto de menos de un millón de dólares, recaudó también más de 200, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia de Focus (superando a sucesos como el filme de “Downton Abbey” en 2019 y la ganadora del Oscar “Traffic” en el 2000).
Los números no son un valor en sí sino una forma de evidenciar que el público ya no es exactamente cómo las grandes corporaciones de la industria imaginan o desean. Un dato más que relevante en el caso de “Obsesión” y “Backrooms”, es que una gran parte de la audiencia (sobre todo en el segundo caso) es menor de 35 años. Películas hechas por jóvenes que convocan jóvenes. Un fenómeno que hace no mucho se pensaba absolutamente imposible. Una vez más, las nuevas generaciones demuestran que no son tan unidimensionales cómo los mercados las piensan: no escuchan sólo música urbana ni ven sólo películas de superhéroes. De hecho, tienen ganas de encontrarse con propuestas artísticas y culturales que los interpelen.
Parte de la respuesta del público joven a “Obsesión” y “Backrooms” puede explicarse en el hecho de que ambos realizadores manejan con destreza el lenguaje por excelencia de su generación: el de internet. De hecho, ambos dieron sus primeros pasos como realizadores audiovisuales en YouTube. Pero no se trata sólo de cercanía de formatos ni de códigos de lectura, sino de la capacidad de una conexión sensible y directa con los malestares y preocupaciones de una época. Los directores y su público forman parte de los jóvenes a los que la política tradicional no sabe cómo convocar (y a los que también erróneamente se identifica de manera absoluta con las nuevas derechas), y que fueron atravesados profundamente por la pandemia.
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En el caso de “Obsesión”, se trata de lo que algunos especialistas dieron a llamar “incel horror”. Ese universo terrorífico que series exitosas como “Adolescencia” retrataron desde el lado del drama realista, Curry Barker lo aborda desde el terror y con una premisa simple: un joven está enamorado de su mejor amiga, que no lo corresponde. Un objeto mágico le concede un deseo y él pide que ella lo ame más que a nada en el mundo. Además de ser muy entretenida, la película aborda de fondo una pregunta urgente: ¿qué pasa con esos pibes que se criaron demasiado cerca de las esferas de internet donde hace tiempo se gesta una renovada cultura de misoginia y machismo? En el caso de la serie de Netflix, terminan matando a una compañera de escuela. En el caso de “Obsesión”, muestran cómo la deshumanización de las mujeres y la noción de sumisión y obediencia, puede no ser tan deseable cómo parece.
El mundo de “Backrooms” es simultáneamente más y menos metafórico, pero sin dudas más oscuro y espeso. En la película, el dueño de un local de muebles, descubre una dimensión de espacios liminales aparentemente infinitos a los que se accede a través del sótano de su negocio. Esa sucesión infinita de habitaciones vacías, perturbadoras, ocupadas por criaturas invisibles y letales, es un espejo de las subjetividades cada vez más rotas y fragmentadas por la pandemia, por la hiperconectividad, por lazos sociales cada vez más frágiles. ¿Y si no se puede salir de los laberintos de la mente, dejando a los sujetos en otra realidad?
El concepto de “backrooms” circula en internet desde 2019 como un creepypasta (una leyenda urbana creada y difundida online). Kane Parsons está a punto de cumplir 21 años pero tenía dieciséis cuando empezó a subir contenido de backrooms a su canal de YouTube, construyendo falsos found footage (archivos encontrados) de los noventa que transcurrían en estos perturbadores espacios liminales. Esos videos sumaron millones de visitas y los comentarios anticiparon el futuro: “este pibe hace cosas que dan más miedo que el 80% de las películas de Hollywood”.
Si bien el éxito de estas dos películas no cambia la industria de manera total y repentina ("Scary Movie 6" y "El diablo viste a la moda 2" son sucesos recientes de taquilla, y un destino similar se espera para "Toy Story 5"), sí marca un nuevo camino posible, que además ratifica al terror como un género históricamente fértil para dialogar intensamente con su época (en 2025 quedó demostrado con "Sinners"). "Lo que quiero, básicamente, es centrarme en proyectos originales. Hago esto porque es mi forma de asimilar la vida, al igual que el arte”, dijo Parsons en una entrevista. Finalmente, el público, y sobre todo los jóvenes, querían un cine que se pareciera más a la vida y menos a una sucesión de escenas de CGI.