Dirigido por Herman Szwarcbart, entrelaza los recuerdos de infancia en dictadura del escritor Martín Kohan con el archivo inédito de esa época de Canal 9
06:30 hs - Martes 24 de Marzo de 2026
Los recuerdos de infancia en dictadura del escritor Martín Kohan, registrados en su libro “Me acuerdo”, se entrelazan con el archivo inédito del noticiero de Canal 9 entre 1973 y 1980. A través de esta mixtura, el documental “LS83” reconstruye un período clave de la historia argentina, explorando las tensiones y las coincidencias entre la memoria personal y el discurso público de la época.
Este jueves 26, a las 20, se podrá ver en el Túnel 4 del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río). Al finalizar, habrá una conversación entre el director Herman Szwarcbart y el propio Kohan. La entrada es gratuita, con aforo limitado a la capacidad de sala.
“LS83” se estrenó hace casi un año en el marco del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), donde fue galardonado con el Gran premio Ciudad de Buenos Aires, que reconoce al mejor largometraje argentino entre todas las competencias. También recibió dos nominaciones a los Premios Cóndor de Plata, en las categorías Mejor película documental y Mejor montaje. Desde noviembre, se exhibe a sala llena en la sala del Malba en Buenos Aires. En Rosario, se pudo ver en el marco del Bafici itinerante en octubre de 2025, y el pasado sábado 21 como parte de la programación especial del Cine El Cairo por el 50ª aniversario del Golpe.
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El rescate de un archivo perdido
Como muchas grandes historias, esta también comenzó de manera casi fortuita. Herman visitó el Museo del Cine de Buenos Aires en busca de filmaciones familiares para su anterior película, “Fuimos felices” (2018), también realizada íntegramente con material de archivo. No encontró nada que le sirviera, pero cuando se estaba yendo, en el fondo de una estantería vio una cantidad monumental de latas apiladas. Tenían pegadas etiquetas escritas a mano, en las que se leían los nombres de los represores: Videla, Viola, Galtieri, Bignone. La curiosidad del realizador fue inmediata y el archivista le informó que se trataba de un archivo del noticiero de Canal 9, que el Museo había rescatado de un destino de destrucción cuando la empresa periodística se mudó a finales de los noventa. Eran 1200 latas de 16mm de material sin editar, que en muchos casos nunca había salido al aire, registrado entre 1973 y 1983.
Cuando terminó con “Fuimos felices”, Szwarcbart volvió al Museo y se metió de lleno con el archivo: horas y horas de visualización y selección. “LS83” está realizada con apenas 120 de la totalidad de las latas, que siguen al resguardo de la institución que dirige Paula Félix-Didier y en proceso de restauración y digitalización.
“Sabíamos que había cierta potencia en estos archivos, y seleccionamos una porción en función de las etiquetas. Cada lata tiene unas etiquetas pegadas con las cuatro notas en general que tiene cada uno de los rollos. Entonces, era medio azaroso: elegir la lata en función de esa descripción, y una vez que se seleccionaba una nota, había que digitalizar toda la lata. Una lata puede tardar dos o tres días en rearmarse porque puede estar avinagrado o roto y hay que reconstruirlo”, contó el director en diálogo con La Capital. El proceso, que además estuvo atravesado por los contratiempos de la pandemia, fue largo.
“A veces estos proyectos llevan mucho tiempo, porque requieren cierto tiempo de maduración, de pensar, de probar, de encontrar la película en todo el material”, agregó Herman. Esas postergaciones obligadas por el Covid-19 permitieron, por ejemplo, que aparezca el libro de Martín Kohan, publicado en pleno 2020, y que permitieron articular la narración a partir de ese relato testimonial.
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El relato de Martín Kohan
“Yo había leído fragmentos del primer ‘Me acuerdo’, que es Joe Brainard, un escritor nortemaericano que es quien inició de alguna manera este subgénero literario, y también tenía el de Georges Perec, que habla de sus recuerdos de la París de posguerra. Ahí enseguida fui a comprarme el libro de Martín y empecé a sentir que había una sintonía directa y también contrapuntos entre lo que él recordaba y lo que yo estaba viendo en las imágenes”, contó Szwarcbart.
“Cuando empezamos a montar la película con Pablo Mazzolo y empezamos a probar esa relación entre los dos materiales, ahí apareció la película porque nos dimos cuenta que ahí había algo muy potente. Intentamos desde un primer momento que esa relación no sea directa, que no sea literal, que los recuerdos no sean solamente un epígrafe de las imágenes y que las imágenes no sean solo ilustración de los recuerdos. Ese fue un trabajo muy importante”, agregó.
Es así que “LS83” se erige sobre las tensiones, las disonancias y las continuidades entre aquello que representa el horror sin mostrarlo, y las escenas inocentes de una infancia que nada sabe del terror con el que convive. Esto permite reconstruir la dictadura como una época en la que muchas vidas cotidianas convivieron, con más o menos conocimiento de causa, con la violencia más extraordinaria que atravesó el país.
“Lo que charlamos con Martín es que para que el terror funcione a lo largo de tanto tiempo, de alguna manera tiene que permitir esa vida cotidiana, porque si fuese todo el tiempo la opresión, no puede durar tanto tiempo. Esa habilitación de seguir una vida cotidiana también era la condición para que ese terror pudiera mantenerse en el tiempo. La gente seguía yendo al cine, se seguía yendo de vacaciones, se seguía casando. Y esa vida cotidiana en algunos casos también funciona como resistencia. Como diciendo ‘no nos van a quitar todo’”, compartió Herman.
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“Esas tensiones fueron el impulso que tuve cuando empezamos a pensar la película, cuando empezamos a ver esas imágenes en el Museo del Cine. A mí personalmente lo primero que me apareció fue una sensación de nostalgia. Yo viví mi infancia en esa época, al igual que Martín, tenemos casi la misma edad. Entonces, reconocía las calles, reconocía a las personas que aparecían, las plazas, las vestimentas. Y de golpe, aparece Videla”, siguió el director.
La película, a partir del material en crudo, permite mostrar distintas caras del dictador. Ya no sólo es el rostro siniestro y conocido de cuándo le preguntan por los desaparecidos o en los Juicios a las Juntas, sino que se ve también a un Videla “nervioso y balbuceante” en su primer discurso el día del golpe de Estado, a un Videla de civil que tiene que improvisar y muestra “tartamudeos, incomodidades, miradas, gestualidades” nunca antes vistas. A veces el espectáculo resulta grotesco y se abre en el espectador una tangente, una risa de desconcierto.
“Para mucha gente, las respuestas a la película son un poco catárticas también. Entre las sensaciones que se van dando aparece la incomodidad también. Porque uno a veces siente que no se puede reír, pero si se ríe el de al lado, se ríe. En la primera aparición de Videla siempre se da un silencio en la sala. Venís de alguien que está recordando su infancia y sus novias y recuerda el momento en el que veía al presidente viajar en un auto y de golpe uno se da cuenta que el presidente era Videla”, sumó Szwarcbart.
“Y también, por otro lado, la resonancia en el presente de todo lo que uno ve que pasó hace 50 años. Porque hay un montón de cosas que suenan en el presente y eso genera cierta sensación de estupor”, cerró.
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Finalmente, “LS83” también da cuenta de la importancia vital de la conservación archivística, como parte de la memoria de un país. En ese sentido, vuelve una y otra vez el reclamo histórico de la comunidad audiovisual (o de algunos pocos interesados dentro de ella) de la construcción de una Cinemateca Nacional.
“A mí particularmente me resultan muy atractivos los archivos fílmicos, me da la sensación que ahí hay algo que solamente encontré en la música, esta cosa evocativa que hace que al escuchar una canción puedas trasladarte al momento en que escuchaste esa canción. Dentro del espacio público, no hay presupuesto ni decisión política para esta tarea. Desde distintas instituciones y distintas personas que trabajan con archivos, se trata de concientizar de que esto es importante. Pero bueno, tampoco tenemos una cinemateca que pueda guardar todo ese material audiovisual que forma parte de la historia. Recién en los últimos años hubo como una conciencia de que todo material, todo archivo debe resguardarse y forma parte de la memoria colectiva”, concluyó el director.