La dupla se reencontró veinticinco años después de "Los Simuladores" para protagonizar la comedia teatral que viene de hacer dos exitosas temporadas en Buenos Aires
06:30 hs - Miércoles 23 de Septiembre de 2026
El dueño de una empresa se inventa un presidente ficticio para evitar tomar decisiones incómodas. Pero cuando unos peculiares compradores extranjeros insisten en negociar cara a cara con el jefe, el dueño decide contratar a un actor desocupado para que interprete el rol. Esa es la premisa de “El jefe del jefe”, la comedia protagonizada por Federico D’Elía y Diego Peretti, con dirección de Javier Daulte, que se convirtió en un fenómeno de la cartelera porteña.
Tras dos exitosas temporadas en la Ciudad de Buenos Aires, la obra se encuentra en medio de una gira nacional. En Rosario, se podrá ver los días 24, 25, 26 (doble función a las 19.30 y 21.30) y 27 de septiembre en el Teatro Astengo (Mitre 754). Las entradas se pueden adquirir en boletería o a través de la plataforma Ticketek. Suscriptores de Tarjeta de Beneficios La Capital tienen 30% de descuento y acceso a sorteos exclusivos.
Los nombres de D’Elía y Peretti juntos remiten inequívocamente a “Los simuladores”, que más que una serie icónica se convirtió en un emblema cultural argentino. En este reencuentro casi veinticinco años más tarde, sus personajes están lejos de los entrañables Mario Santos y Emilio Ravenna: D’Elía es Gabriel, el dueño de la compañía, y Peretti es Cristian, el actor contratado para hacer del jefe.
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Aunque esto último pueda generar la tentación de pensar en Máximo Cozzetti (el nombre que Ravenna le ponía a todas sus caracterizaciones de las simulaciones), el actor que Peretti encarna en la obra es muy distinto: cruza límites y se toma licencias sobre el guion preciso que le fuera encomendado. Estos excesos propiciarán el disparate y develarán un juego de engaños que hará reír y también pondrá a prueba la escala de valores del público.
“El jefe del jefe” está escrita por el cineasta danés Lars von Trier, reconocido por obras siempre espesas, crudas y difíciles de digerir (“Bailarina en la oscuridad”, “Dogville”, “Melancolía”, entre otras). Esta es su única comedia, que fue adaptada al teatro en base a su película “The Boss of it All” de 2006, y promete cierta ferocidad en el humor.
La puesta argentina, que fue la primera en América Latina, se estrenó en abril de 2025 en el Paseo La Plaza y se convirtió en uno de los grandes éxitos de ese año y también del siguiente. El elenco se completa con Juan Isola, Mayra Abramovich, Victoria Sarchi y Cristian Jensen.
Antes de su llegada a Rosario, D’Elía dialogó con La Capital y dio detalles del recorrido de la obra y cómo fue volver a trabajar con Peretti.
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¿Cómo están viviendo el presente de la obra, en este comienzo de la gira y después de dos temporadas muy exitosas en Buenos Aires?
Estamos felices, contentos por todo lo que pasó con la obra. La verdad que cuando la estrenamos pensábamos que íbamos a hacer una temporada, que iba a estar bien, pero funcionó mejor de lo que esperábamos. Hicimos todo el primer año, hicimos gran parte de este segundo año y ahora lo completamos con la gira. Y la verdad que la gira es un poquito también como una especie de viaje premio, más allá de que laburamos bastante, hay algo que lo hace diferente y que está muy bueno. Vos ves que se recibe de otra manera, nosotros mismos sabemos que lo van a recibir de otra manera y lo disfrutamos. Tienen estilos y maneras de verlo diferente también, así que para nosotros es como renovar un poquito la cosa.
¿A qué le atribuís la excelente respuesta del público que tuvieron y siguen teniendo?
Estas cosas uno nunca las sabe muy bien, pero creo que había combos interesantes. Por ejemplo, el nombre de Peretti y el mío, asociados a "Los Simuladores", despertaban cierto interés pero no era lo único. Por lo menos lo que sucedió en Buenos Aires para mí también tuvo que ver con que lo estábamos haciendo en el Paseo de la Plaza, que es un lugar muy particular, muy teatral, muy lindo. También la dirección de Javier Daulte, que es un director muy reconocido, y el autor de la obra, que hay gente que no lo conoce, pero hay mucha otra que sí. Se dieron un montón de cosas. Y después me parece también que es una comedia que no es la típica comedia donde abrís una puerta y hay un chiste. Es una comedia bastante particular, bastante extraña, a la que le fuimos encontrando la vuelta un poco en el transcurso de las funciones. Empezó a salir cada vez mejor y se transformó en esto. Después no tengo mucha más explicación. Creo que las cosas cuando funcionan muy bien o muy mal son bastante misteriosas.
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Es la única comedia de Von Trier, no es la típica comedia francesa que históricamente funciona bien en Buenos Aires. ¿Cómo fue la construcción del tono en este sentido?
Sí, tampoco estamos hablando de algo totalmente diferente o totalmente bizarro, porque si no la gente no lo hubiese abrazado como lo hizo. Es una obra que cuando la lees no te dice mucho, pero en ese no decir mucho te dice mucho. Cuando empezás a rascar, a ensayar, a probar cosas, vas viendo que hay un montón de capas en la obra. Para lo que fue nuestro trabajo, era necesario entender qué pasaba por debajo y poder transmitirlo, porque solamente diciendo la letra hubiese sido un fracaso. Ahí fue muy importante la mirada de Javier, que siempre llegaba con alguna propuesta, con alguna idea, y todos los días nos iba como despertando la imaginación un poquitito más. Y se armó esta comedia que termina siendo una comedia absoluta, no es que es una comedia que hay que hacer un esfuerzo para entenderla. Lo que sí, el público tiene que estar paciente porque le va a pasar lo mismo que nos pasaba a nosotros cuando nos dieron el libro, que es la pregunta por dónde te está llevando. Y de golpe entraste y entendiste todo, y que todo tiene que ver más con lo que no se dice, con los vínculos, con cómo se manejan estos tipos. El espíritu de Lars von Trier, que siempre hizo cosas más oscuras en sus películas y esta es su única comedia, está ahí, aparece. Es una comedia que tiene una cosa medio oscurita, pero que quedó muy graciosa.
D'Elía y Peretti, dos amigos en el escenario
¿Cómo fue el reencuentro con Diego, veinticinco años después de “Los simuladores”?
Fue súper lindo. Para mí fue algo importantísimo para decir que sí al proyecto, porque desde “Los Simuladores” que no trabajábamos juntos. La verdad que fue un placer reencontrarme con él, redescubrirnos un poco laburando juntos, nos divertimos, lo pasamos bien, nos entendemos mucho, mucho. También nos tocó un elenco, que tiene cuatro actores más, de gente fantástica, con la que nosotros también empezamos a vincularnos y entendernos. Te juro fue todo placer. Incluso durante los ensayos, que te sentís inseguro, que te sentís en pelotas porque no sabés bien por dónde ir o por dónde no ir. Y una vez que la pusimos en escena y empezamos a hacer funciones, te diría que eso fue creciendo, porque nosotros fuimos entendiendo mucho más la obra y nos empezamos a divertir muchísimo más también.
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¿Qué descubriste o qué reconociste en él en este proceso?
Yo confirmé la clase de actor que es. Es un tipo muy generoso conmigo y con el resto del elenco arriba del escenario, que juega, que le gusta mucho lo que hace, que es muy laburador. Para mí fue muy placentero en ese sentido el reencuentro con Diego. Aparte no es que estamos hablando del trabajo del actor todo el tiempo, los dos somos muy futboleros, hablamos de todo. Está bueno laburar con un amigo, es muy lindo.
Estrenaron en una cartelera porteña cargada de propuestas, en parte también porque la mayor parte del trabajo actoral está volcado en el teatro. ¿Cómo pensaron el hecho de insertarse en este panorama con una propuesta que, como decís, es atípica?
Es que nuestro laburo se trata de eso. La verdad que siempre hay mucho espectáculo, puede ser que ahora hay un poco más, y todo es una apuesta, uno nunca sabe bien qué va a pasar. Lo tomamos como un trabajo, con toda la seriedad que corresponde, intentando hacerlo de la mejor manera, que es lo que depende de nosotros. El resto de las cosas es fortuito, pero no por eso uno va a dejar de hacer. En general cuando me llaman para laburar, obviamente quiero que nos vaya bárbaro, pero no lo pienso desde ese lugar. La energía está puesta en hacer bien el trabajo y no en hacer un éxito porque creo que ahí la pifiaríamos. En ese sentido fue lindo porque se trabajó con mucha seriedad la comedia, no es que dijimos “vamos a reír de la gente” y listo. No, trabajamos con una verdad absoluta un texto que no tiene nada de verdad, y a partir de esa verdad apareció toda esta comedia.
Después de tantos años en este oficio, ¿qué te sorprende todavía?
Lo difícil que es en general. Lo complejo que es hacer cosas, y lo complejo que está en particular en nuestro país. No lo del gobierno, porque ya se notaba que íbamos a llegar a esta situación, sobre todo en lo audiovisual. El teatro es más autogestivo, podés hacerlo en la calle, pero lo otro no y estamos en un punto muy, muy difícil. Y realmente yo pensé que a esta altura de la vida todo eso iba a ser más sencillo, porque aparecieron las plataformas y un montón de ventanas para hacer cosas, que uno creería que iban a generar más posibilidades, pero no es lo que ocurre.