Alejandro Sanz conquistó a Rosario en una noche de hits, invitados y sorpresas

El show de dos horas fue una fiesta. Entre las sorpresas, la artista Yami Safdie subió al escenario para interpretar el clásico "Cuando nadie me ve"

09:36 hs - Jueves 05 de Marzo de 2026

Alejandro Sanz volvió a Rosario con su gira mundial “¿Y ahora qué?” y no decepcionó: ofreció un show de nivel internacional en el Autódromo de la ciudad en el que miles de fanáticos se reunieron para cantar sus clásicos a todo pulmón. Con banda en vivo y un repertorio que recorrió más de tres décadas de carrera, el artista español volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes referentes de la música.

La visita forma parte de su nueva gira mundial, en la que el músico repasa sus grandes éxitos y presenta canciones de su último álbum. El tramo latinoamericano del tour comenzó en México, donde agotó varias de las veinte fechas programadas, y entre febrero y marzo de 2026 continúa por países como Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Argentina. En el país, el recorrido tiene tres paradas: Rosario, Buenos Aires y Córdoba.

La gran convocatoria del español se hacía sentir incluso antes de llegar al predio ubicado en la avenida Jorge Newbery y García del Cossio. Varias cuadras a la redonda ya se veían autos estacionados y más de una decena de colectivos que habían llegado desde distintas provincias con fanáticos. Dentro del Autódromo, el campo estaba organizado con sillas, pero el movimiento constante anticipaba la magnitud del encuentro: amigas que se buscaban levantando el celular para encontrarse, gritos de emoción al reconocerse entre la gente, parejas acomodándose en sus lugares y mucho público joven.

A pesar de ser miércoles y de las complicaciones del día anterior, cuando la lluvia y la tormenta obligaron a reconstruir parte del escenario, el clima de fiesta se sintió desde temprano. Las puertas del Autódromo se abrieron alrededor de las 19 y, una hora más tarde, la rosarina Delfina Beltramone inauguró la noche mientras seguían llegando clubes de fans y fanáticos que buscaban sus lugares.

La espera se hizo más corta cuando, poco antes del comienzo, en la pantalla gigante empezó a proyectarse una kiss cam: corazones, besos improvisados y aplausos de un público que celebraba cada demostración de amor mientras el campo terminaba de completarse.

Pasados cinco minutos de las 21, las luces finalmente se apagaron y el murmullo se transformó en grito. Primero apareció la banda, que se acomodó sobre el escenario mientras un piano marcaba la introducción. Fue entonces cuando salió Alejandro Sanz: jean, remera blanca, camisa negra y guitarra criolla colgada de los hombros.

El artista levantó los brazos para saludar al público rosarino y, con los primeros acordes de “Desde cuándo”, el Autódromo se puso de pie para comenzar la noche. El campo estaba dispuesto con sillas, pero ese primer impulso se mantuvo: a lo largo de más de dos horas de recital, todos los fanáticos siguieron el show de pie.

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Clásicos, complicidad y un Autódromo que cantó todo

Luego llegaron “Capitán Tapón” y “La música no se toca”, dos temas que mantuvieron arriba el clima del inicio. El madrileño se movía con total naturalidad, con esa soltura casi canchera que dan más de tres décadas de trayectoria. Entre canción y canción jugaba con el público, señalaba a quienes cantaban a los gritos y dejaba que las miles de voces completaran partes de los temas. Incluso se permitió algunos pasos de baile y se acercó varias veces al borde del escenario para cantarles directamente a sus fanáticas.

En su hit “Por bandera”, cambió uno de los versos y lo dedicó a la ciudad: “Desde mi Rosario primavera”, cantó, y el Autódromo respondió con un grito inmediato. Hacia el final apareció con una bandera argentina que comenzó a agitar mientras desde el escenario se disparaban fuegos artificiales.

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“Qué buena cita. Hay citas en las que uno no sabe qué hacer… hay una respuesta fácil: bésame”, dijo, y así comenzó “Bésame”, interpretada en el centro del escenario junto a sus dos coristas.

Después, el recital tomó un giro más íntimo. Tras un apagón total, un solo de trompeta interpretado por una de sus coristas rompió el silencio. La batería entró con fuerza y dio paso a “A la primera persona”. Luego continuó con “Mi soledad y yo”. Pero de soledad hubo poco: todo el Autódromo la cantó de principio a fin, acompañándolo como si cada verso fuera propio.

El recital siguió con “El vino de tu boca”, antes de tomarse un breve descanso y dejar el escenario en manos de su banda. En ese interludio, uno de los músicos tomó el centro con un rap que incluyó el tema “Try to Save Our Song”, acompañado por las coristas.

A pesar de sus años de trayectoria y la extensa lista de álbumes que lleva publicados, si algo quedó claro durante la noche fue su generosidad sobre el escenario. En varios momentos del show se corría unos pasos y les cedía el protagonismo a sus músicos, habilitando solos y espacios para que cada uno pudiera brillar.

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El español regresó poco después con cambio de look, remera negra y gorra hacia atrás, para retomar el show con “Quisiera ser” y “No me siento bien”. Y aunque el título diga lo contrario, en ese momento nadie parecía sentirse mal. Las fanáticas aún con sus carteles en mano, les respondía con gritos de “¡Te amo!” y “¡Quédate en Rosario!”.

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Invitados, sorpresas y un cierre bien arriba

Cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de "Amiga mía", el público no tardó en reconocerla. Alejandro Sanz tomó asiento para interpretarla y el Autódromo lo acompañó desde el primer verso. El clima volvió a cambiar con "Deja que te bese": el ritmo se levantó otra vez y el predio se llenó de palmas, coros y gente moviéndose al compás de la canción.

Entonces llegó uno de los momentos inesperados de la noche. Las cámaras comenzaron a seguir al cantante mientras se metía detrás de bambalinas y, en las pantallas gigantes, apareció la figura de una mujer: se trataba de la cantante argentina Yami Safdie. Juntos regresaron al escenario para interpretar "Cuando nadie me ve", en un dúo que sorprendió a todos los presentes.

Después de interpretar "El alma al aire" y "Mi marciana", el español lanzó: “Bueno… estamos terminando”. La respuesta fue inmediata: un coro masivo de “¡Nooo!” inundó el predio. Entonces llegó "No es lo mismo" y el Autódromo volvió a convertirse en una fiesta.

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Tras un “hasta siempre”, el cantante se retiró del escenario. Pero la pausa duró poco. Una guitarra potente y la batería irrumpieron en la oscuridad y Alejandro Sanz regresó para interpretar "Aquello que me diste" .

Ahora bien, el español todavía tenía más sorpresas preparadas: en el medio del tema invitó a una fanática a subir al escenario. El madrileño la abrazó, se sacaron una selfie haciendo “piquito” y las fanáticas celebraron con aplausos.

Aunque amagó con irse otra vez, el Autódromo seguía iluminado por miles de celulares y por un público que no quería que la noche terminara. Finalmente, regresó. “Wow… ¿no tienen prisa?”, bromeó. “Yo tampoco”.

Antes de seguir, aprovechó para presentar a toda su banda, mencionando uno por uno a los músicos que lo acompañan desde distintos rincones del mundo: desde República Dominicana, Cuba, Perú y España. También agradeció al equipo técnico y a la producción local. “Ayer tuvieron un lío con el viento, pero toda la gente de producción se portó increíble. Les pido un aplauso para ellos”, pidió.

La seguidilla de temas continuó con “Y si fuera ella”, en el que pidió que encendieran las linternas de los celulares y el Autódromo quedó envuelto en una marea de luces. Más tarde se sentó al piano para interpretar "Lo ves" y "Las guapas".

“Bueno, ahora sí hemos llegado al final del concierto”, dijo y entonces llegó "Corazón partío", que apareció con la ultima sorpresa de la noche: una versión con tintes electrónicos que desató el último gran festejo, entre saltos, confetti y un Autódromo que parecía no querer dejar de cantar.

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