El Ministerio de Seguridad Nacional barrió con un área investigativa frente a escasos resultados y redistribuye funciones. De los buenos números generales a la depuración
Miércoles 07 de Enero de 2026
La disolución por parte del Ministerio de Seguridad de la Nación del Grupo Especial Antinarcotráfico Rosario (Geanro), creado para trabajar dentro del Plan Bandera, generó suspicacias respecto del futuro del programa de seguridad que dio éxitos en los últimos dos años. En principio, es solo eso, una depuración y reacomodo de funcionamiento ya que confirman la continuidad conjunta.
Aquella idea precipitada de desguace del Plan Bandera frente a cada movimiento administrativo (como la salida de Patricia Bullrich en Seguridad Nacional), operativo e, incluso, de coyuntura política que se ha realizado en estos dos años volvió a inquietar la ciudad ni bien conocida la resolución 4/2026. Más aún cuando se habló de disolución de una unidad o, mejor dicho, se dejó sin efecto la resolución de la creación del grupo investigativo en cuestión.
¿Tiene efecto en el resto del esqueleto operativo? No. El plan es por un lado de despliegue y, por el otro, de investigación. Dentro del área de investigación cada fuerza tiene sus áreas de Inteligencia y de investigación. Se había armado el grupo en cuestión para que trabajen agentes de distintas fuerzas, todos en conjunto, para ver si tenían más resultado. No lo hubo. Los por qué se desconocen.
Plan Bandera y Geanro
Para frenar versiones, la Nación emitió un comunicado de prensa aclarando la continuidad del Plan Bandera. Además, sostuvo que resultaba necesario integrar las funciones del Geanro a las unidades investigativas de las diferentes fuerzas que dependen del Comando Unificado, “evitando superposición y duplicación de estructuras”. Es decir: lo reducen a una cuestión administrativa.
Al igual que en la resolución, argumentaban que el grupo había cumplido su función durante la etapa de emergencia, “como un espacio específico y acotado de coordinación investigativa entre las cinco fuerzas federales”. Como no podía ser de otro modo, afirmaron que “ese objetivo fue cumplido plenamente”.
Sin embargo, según pudo saber La Capital, el problema fue más bien de productividad. “Se les dio un año y medio y los resultados no fueron muchos mejores que lo que hacían a la par cada unidad en cada fuerza”, se limitaron a explicar en Buenos Aires. “No vemos que esta área tenga un impacto diferencial”, agregó una fuente provincial encima del trabajo operativo. Por lo tanto, se resolvió que no tenía mucho sentido seguir actuando de ese modo.
El fundamento de la disolución de la unidad en que se ampara la resolución de Seguridad Nacional es algo vaga: los homicidios dolosos bajaron, entonces ya no era necesaria. Pero no detallan los logros. Claro, no había mucho que mostrar.
Luego, continúa la obligada defensa: “El Geanro constituyó, en el marco de la emergencia de seguridad, una herramienta eficaz para robustecer las capacidades iniciales de respuesta en Rosario. Y que, habiendo cumplido su rol en la etapa de instalación del Plan Bandera y frente a la consolidación de dispositivos permanentes como el Goc Centro, corresponde reordenar las funciones”.
Un dato: en la resolución se les pide a Gendarmería, Prefectura, Servicio Penitenciario Federal, Policía Federal y Policía Aeroportuaria que reasignen a los agentes a sus unidades y sigan trabajando en el Plan Bandera, lo que no arroja en principio sospechas de algún tipo de mal comportamiento sino de funcionamiento.
En el fondo, algo reconocen en el comunicado: “Esta decisión implica profundizar y optimizar el esquema operativo del Plan Bandera mediante el fortalecimiento de los mecanismos de coordinación y la integración funcional de las áreas operativas e investigativas, con el objetivo de incrementar su eficacia”.
Esa medida “no implica una disminución del esfuerzo estatal sino una redistribución de los recursos humanos y técnicos hacia sus respectivas fuerzas”. En esa frase aclaran que el Bandera continúa igual.
No obstante, a la par, se crea un antecedente: lo que no funcione, y más aún cuando los resultados generales vayan bien, se quita. Es decir, los ojos de la Nación sobre el plan están constantemente al acecho. El desafío, entonces, es tener todo aceitado.