El libertario se enfrenta a un desafío: cómo negociar sin romper el personaje de outsider. Cataratas de insultos en streaming y pactos en el Congreso. Gobernadores e intendentes sienten la motosierra y se rompen barreras políticas. Se mueven las aguas rosarinas
06:00 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026
Los recortes presupuestarios antes de la marcha universitaria y el raid mediático por streaming mostraron un Javier Milei auténtico: el outsider cruzado del ajuste que insulta y no teme pagar costos políticos. Pero, por debajo de la superficie, el libertario teje acuerdos con bloques dialoguistas para proteger la gobernabilidad en su hora más difícil. El Milei más extremo en público convive con un Milei más clásico en la gestión del poder.
La cuarta marcha federal universitaria volvió a enfrentar al gobierno con un adversario incómodo. Más allá de la presencia de dirigentes opositores y sindicales, la universidad ocupa en el imaginario argentino un lugar asociado al mérito y al ascenso social.
En ese terreno, el dispositivo comunicacional libertario encontró límites evidentes. La caída de las transferencias, la licuación de los salarios docentes y el respaldo de artistas y comunicadores lejanos al kirchnerismo dejaron otra vez al oficialismo en una posición minoritaria. Para la batalla cultural, la universidad es su Waterloo.
El conflicto, además, se combina con el desgaste provocado por el Adornigate. Con el jefe de Gabinete golpeado e inhabilitado como vocero eficaz, la Casa Rosada perdió capacidad para imponer agenda. Eso explica el raid mediático de Milei por Neura y Carajo el mismo día en que el Indec informó una inflación de 2,6% en abril.
El presidente sabe que la economía sigue siendo el principal sostén político del gobierno. Pero también entiende que la baja de la inflación perdió efecto novedad y que necesita otros recursos para conservar centralidad. Ya no alcanza con estabilizar: ahora necesita regenerar expectativas.
Además de exponer a un Milei en estado natural, los gritos e insultos contra periodistas, empresarios y opositores también tienen cálculo político. Sirven para consolidar identidad, alimentar el ecosistema digital libertario y sostener la épica antisistema en medio de los escándalos y las internas del oficialismo. El conflicto permanente también ayuda a evitar que la conversación pública se ordene alrededor de la desaceleración económica, la impaciencia social o el caso Adorni.
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Al mismo tiempo, la catarata de agresiones funciona como pantalla de negociaciones silenciosas que tienen al Congreso como escenario principal. Mientras Milei ocupa el centro de la escena con provocaciones y ataques, la Casa Rosada teje acuerdos con gobernadores, bloques dialoguistas y sectores de la oposición para destrabar su agenda y evitar nuevos daños políticos. El ruido tapa una mecánica de poder cada vez más tradicional.
En cuanto a la reforma electoral, Karina Milei parece haber tomado nota de que no tiene los votos para eliminar las Paso y explora alternativas, como volverlas voluntarias.
Esa negociación está a cargo de Patricia Bullrich. Hábil, la exministra buscó enviar señales de alineamiento político a la hermanísima y despejar cualquier sospecha de construcción propia en acuerdo con el PRO.
Otra negociación en marcha pasa por las coberturas en la Justicia federal. Con Juan Bautista Mahiques como arquitecto, el gobierno habilitó decenas de pliegos para cargos judiciales en el interior, un reclamo federal.
De todos modos, que el gobierno nacional cubra los lugares vacíos no significa que se moldee una Justicia mileísta. Los magistrados federales, sobre todo los de Comodoro Py, han demostrado que una vez nombrados se autonomizan, cuidan sus propios intereses (corporativos e individuales) y se mueven en función del ciclo político.
Para el gobierno, la frutilla del postre es que el pliego de Carlos Mahiques, padre del ministro, no sólo superó los dos tercios. También quebró al peronismo en el Senado: 13 de los 25 senadores del PJ acompañaron el pliego del camarista, al que el kirchnerismo ve como una las cabezas de la hidra del lawfare.
En paralelo, el gobierno también desactivó la sesión impulsada por socialistas, radicales disidentes y diputados cercanos a Elisa Carrió para empujar la interpelación a Adorni. Mientras Milei se lleva la marca, el oficialismo recurre a las viejas herramientas de la política para mantenerse a flote en un momento de debilidad. La radicalización discursiva funciona como cobertura de una práctica cada vez más pragmática.
El cálculo de los gobernadores
Los gobernadores serán otra vez el fiel de la balanza. Como hicieron esta semana Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora en Córdoba, los jefes provinciales se muestran cada vez más críticos en público pero no quieren apretar el botón rojo y detonar la gobernabilidad.
Tampoco aparecen alternativas claras para 2027. Después de amagar con endurecerse, Mauricio Macri y el PRO volvieron a mostrar más interés en mejorar los términos de la negociación con La Libertad Avanza que en construir una opción opositora.
Por ahora no hay espacio para una tercera vía. “Milei está en su peor momento, pero no va a caer mucho más. Encima, con cada punto que baja Milei, no crece el medio. Suben Myriam Bregman y Axel Kicillof. ¿Cómo te metés en el balotaje?”, se preguntan en Provincias Unidas.
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Sin embargo, para 2027 falta y las urgencias aprietan. El tema dominó la conversación de los gobernadores y los intendentes que se reunieron en Rosario. Pullaro recibió al chubutense Ignacio Torres, el correntino Juan Pablo Valdés y el mendocino Alfredo Cornejo. El cuyano es el más cercano del grupo a Milei, tiene una alianza electoral con los libertarios y aunque Mendoza es una de las provincias ganadoras del modelo, también ve con preocupación los costos del cambio de paradigma.
Por su parte, Pablo Javkin fue el anfitrión de la reunión del Consejo Federal de Intendentes. Alcaldes de distintos signos políticos cuestionaron la “frialdad de las métricas macroeconómicas”, plantearon que el equilibrio fiscal “es ilegal e inmoral si se financia con el despojo a las provincias y municipios” y advirtieron que el gobierno incumple la ley al pisar fondos para obras viales, discapacidad y educación.
Pese a que radicales, vecinalistas y peronistas de distintas tribus no necesariamente converjan en una misma opción electoral en 2027, sí es un dato que la motosierra empieza a romper barreras políticas. Las urgencias presupuestarias, el reclamo de las universidades, la caída de recursos y la necesidad de sostener gestión empiezan a empujar coincidencias defensivas entre sectores que hasta hace poco se movían en universos separados. El instinto de supervivencia le gana a los tabúes ideológicos.
“Hubo buen clima, mucha diversidad política sin los extremos y ganas de que haya algo normal”, fue el balance de un referente de Unidos que participó de las actividades.
A la pileta
Rosario también es lugar de movimientos electorales. La reconversión de la costanera norte no sólo generó chispazos con Juan Monteverde sino también cruces en Unidos.
Por ejemplo, el secretario general del Partido Socialista de Santa Fe, Joaquín Blanco, deslizó que el proyecto no pasó por el Concejo ni por la Legislatura. “El diálogo y la escucha deben ser una metodología de trabajo. Es lo que hacían Hermes Binner y Miguel Lifschitz”, dijo.
No parece casualidad que Blanco haya elegido a dos intendentes que también fueron gobernadores. Justo cuando empieza a discutirse la ley electoral, el socialismo controla la mitad de las bancas del bloque oficialista y le interesa sostener una porción de poder parlamentario en una Legislatura donde ya no habrá mayoría automática.
Cada vez son más los nombres del oficialismo que miran si hay agua en la pileta de 2027. En la danza de nombres ya están el pullarista Gustavo Puccini, los macristas Anita Martínez y Cristian Cunha, el socialista Federico Lifschitz e incluso Javkin, quien dejó la puerta abierta a competir si la ciudad está en riesgo.
La que tiene decidido competir en cualquier escenario es María Eugenia Schmuck. La presidenta del Concejo siente que cumplió una etapa en el Palacio Vasallo, hilvana acuerdos con sectores de Unidos y aprovecha sus contactos en el territorio y con instituciones para mostrarse como una dirigente de gestión.
Incluso, ya trabaja con un consultor, con el que pule una narrativa que combine continuidad y cambio. La discusión que tiene con su equipo es si anunciará su candidatura antes o después del Mundial.