El presidente vendió futuro en Francia y presentó a los gobernadores como sostenes del modelo. Gestos y posibles acuerdos. La senadora busca seducir a los desencantados. Villarruel, un problema extra para el peronismo
06:05 hs - Domingo 04 de Octubre de 2026
Javier Milei llevó a los gobernadores a París como los garantes de su proyecto. El presidente usó el Argentina Week como una vidriera de su modelo y prometió a los inversores una gran mejora económica en 2028 si gana la reelección en 2027. El tema es que al atar la prosperidad a las elecciones la promesa entra en zona de interrogantes: ¿qué ocurrirá si no gana?
Los inversores quieren saber cuánto pueden durar las reglas antes de poner plata. La foto con gobernadores y representantes de trece provincias muestra un respaldo al rumbo de Milei, pero no es un cheque en blanco.
La caja de Pandora que abrió la Corte con el fallo sobre la ley de tierras y el DNU 70/2023 recuerda esa fragilidad. La jugada de los supremos expone un punto ciego del modelo Milei: las reformas por decreto son más vulnerables a un cambio de gobierno que las respaldadas por acuerdos legislativos.
Al menos, la versión parisina del Argentina Week le dejó a Milei un mejor balance que la edición neoyorquina de marzo. Allí se filtró la foto de Manuel Adorni con su esposa, la punta de un ovillo de escándalos del que la administración libertaria nunca pudo recuperarse del todo.
En Francia, Milei mostró una cara más amable: no insultó a empresarios y recibió a los gobernadores, a quienes agradeció su apoyo. El presidente necesita reconstruir la confianza para que sus aliados ocasionales se conviertan en socios de largo plazo. O, al menos, lo parezcan.
Los gobernadores controlan votos clave en el Congreso y administran los recursos naturales, cuyo dominio provincial reconoció la Constitución de 1994. Milei y los jefes territoriales coinciden en atraer proyectos de inversión, sobre todo en los sectores estrella del modelo: energía, minería y agro.
También tienen intereses convergentes en la política. El rechazo al kirchnerismo los acerca y podrían beneficiarse con un esquema de esferas de influencia. En ese reparto, Milei prioriza sumar legisladores nacionales para impulsar sus reformas. Los caciques provinciales apuestan a su reelección y a cuidar el pago chico.
Los acuerdos pueden tomar distintos formatos: una alianza entre el oficialismo provincial y LLA, una candidatura libertaria de bajas calorías o que el partido no presente un postulante propio.
En el menú parisino entraron el presupuesto, las Paso y el 2027. Diego Santilli intenta transformar las sonrisas en acuerdos, aunque no siempre tenga la billetera cargada para garantizarlos.
El presupuesto definirá el reparto de recursos. Con las cuentas golpeadas por el repliegue del Estado nacional y una economía que se acerca a la recesión, los gobernadores buscan evitar sobresaltos cuando también se juegan su continuidad.
El gobierno quiere eliminar o al menos suspender las Paso. Le sacaría a la oposición una herramienta para ordenarse y evitaría una señal electoral anticipada como la que desató la estampida de los mercados en 2019. El riesgo seguiría presente en la elección general.
Entre quienes quieren que a Milei le vaya bien, algunos defienden las primarias: el miedo a un triunfo peronista podría aglutinar el voto detrás del presidente. Otros proponen abrir el juego a candidatos que contengan a los desencantados.
Todavía falta un largo año hasta las elecciones. Milei asegura que el plan no se toca, a pesar del desgaste. La cuestión es que en democracia la ortodoxia debe ser revalidada en las urnas.
Ahí aparece un círculo difícil de resolver. Milei necesita inversiones y que se acelere la rueda de la economía para fortalecer su candidatura. Pero el expanelista agita el fantasma del regreso del kirchnerismo. Eso puede llevar a que los empresarios esperen a que se despeje el panorama electoral, la actividad se enfríe más y se compliquen las chances de la reelección. Con la polarización sucede lo mismo que con el veneno y el antídoto: la clave está en la dosis.
Los anuncios de inversión en energía y minería impiden reducir la gira a una puesta en escena. La pregunta es cuánto de ese impulso llegará a las actividades donde trabaja la mayoría y si lo hará a tiempo. La sustentabilidad del modelo también depende de su capacidad para producir apoyo social.
Los planes B y V
Mientras Milei buscaba garantías en París, Patricia Bullrich encontró en Mar del Plata un público dispuesto a escucharla. Con Milei y buena parte del gabinete en Francia, la senadora se convirtió en la estrella del coloquio de Idea. La ausencia le dio espacio; el desgaste, una oportunidad política.
Bullrich pidió velocidad para que los cambios se vean en las familias y reconoció la distancia entre los sectores que crecen y la industria, la construcción y el comercio, que siguen en caída.
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Con más de cinco décadas en la política, la jefa del bloque libertario en el Senado olfatea un malestar social que el presidente suele explicar como un problema de tiempos y paciencia. Con ese oficio y votos propios, puede defender las reformas y reclamar resultados. Ese juego le permite ampliar su discurso sin declararse opositora. Todavía.
Para parte del círculo rojo, la exministra empieza a funcionar como un posible recambio: conservar el rumbo económico con una figura capaz de ampliar apoyos y administrar sus conflictos. El respaldo empresario al programa no viene con una cláusula de fidelidad a su autor.
Milei ofrece su reelección como garantía del cambio. Bullrich habla de la continuidad del proyecto y deja abierta la pregunta sobre el lugar que ocupará. La diferencia parece un matiz, pero la traducción es fuerte: el rumbo podría seguir con otro liderazgo. Parte del poder económico empieza a separar la suerte del programa de la de su creador.
La senadora administra esa posibilidad con paciencia. Sabe que no necesita instalarse, tiene votos propios y evalúa escenarios. Apurarse podría enfrentarla con el núcleo libertario antes de saber si hay espacio para disputar el liderazgo.
El plan B de Bullrich enfrenta la paradoja del plan V María Eugenia Vidal en 2019: si la economía mejora, Milei retiene la candidatura; si la crisis arrastra al oficialismo, reemplazarlo puede no alcanzar. Su oportunidad exige que el desgaste del presidente sea mayor que el del proyecto.
Victoria Villarruel explora otro camino. Expulsada del paraíso libertario, la vice busca su lugar en el mundo. Un público a quien hablarle con una agenda propia.
Con Milei en modo Malvinas, Villarruel se corrió del andarivel nacionalista y habló en España de inteligencia artificial, la precariedad del trabajo, las pymes, el rol de los millonarios tecnológicos y la intervención del Estado.
El mensaje de Villarruel no sólo está en las antípodas del optimismo tecnológico de Milei. También es un problema extra para el peronismo, que vio en la presidenta del Senado a alguien que podía comerle votos por derecha a los libertarios.
El giro de Villarruel tiene una lógica. Las bases libertarias ya la tildaron de traidora y los antiperonistas desencantados tienen otras opciones, como la propia Bullrich.
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Al combinar conservadurismo cultural con protección económica, Villarruel puede disputar votantes que el peronismo considera propios: clases medias bajas y sectores populares que reclaman orden y un Estado que cuide el trabajo. Una sensibilidad que en Santa Fe también interpela Amalia Granata.
Además, juega el timing: en un mes vendrá el Papa León XIV a la Argentina con un mensaje en esa clave.
Pullaro, enfocado en Santa Fe
Maximiliano Pullaro miró de lejos la escena de París. Agradeció la invitación pero se quedó en la provincia y se enfocó en uno de sus principales activos políticos: la seguridad.
Después de los Suramericanos, presentados como una prueba de la recuperación de Rosario, el operativo policial en Newell’s tras los festejos de Central abrió un conflicto en un lugar sensible.
La acción policial fue llamativa por tres razones. El momento, pocos días después de los Juegos; el lugar, un club cuya conducción tiene vínculos cercanos con la gestión provincial, y la violencia desplegada. Con su experiencia en el Ministerio de Seguridad y el antecedente cercano del acuartelamiento, Pullaro sabe que ese pilar requiere conducción vertical férrea y monitoreo permanente.
Ante los fiscales, el gobernador mostró una versión recargada. Respaldó a María Cecilia Vranicich, cuestionó la impunidad en la Justicia federal y apuntó a abogados, contadores y escribanos que, según sostuvo, integran las estructuras criminales. También reafirmó su batalla cultural contra el “garantismo bobo” y la “romantización del delito”. Pullaro sabe que la baja de la violencia y un discurso a tono con el clima de época le dan una base para disputar su reelección en 2027.