El presidente cerró una semana de furia entre España, las dudas sobre la economía y el fallo en el caso $Libra. Las ayudas de los aliados en un momento difícil. En Santa Fe, el proyecto sobre seguridad calienta la relación entre radicales y socialistas
06:00 hs - Domingo 25 de Octubre de 2026
Javier Milei vivió el sobreseimiento en la causa $Libra como una revancha personal. La decisión del juez Marcelo Martínez de Giorgi desactivó un frente judicial delicado y le permitió volver a la carga contra sus adversarios favoritos: los periodistas. El fallo favorable de Comodoro Py cerró una semana de furia del presidente, en la que recibió ayudas de todo tipo en un momento difícil para el gobierno.
La semana estuvo marcada por su frase contra quienes no llegan a fin de mes. El enojo de Milei muestra un límite del relato libertario: bajar la inflación no alcanza para aliviar la economía cotidiana. Negar esas dificultades puede alejarlo de quienes busca convencer.
La polémica cruzó el Atlántico y persiguió a Milei en España. Allí también se enfrentó con periodistas. La diferencia es que en España esos ataques no se aceptan con la naturalidad que ganaron en la Argentina.
Milei se metió de lleno en la campaña española a un mes de las elecciones del 29 de noviembre. El socialista Pedro Sánchez aprovechó sus ataques: el libertario le sirve para presentar la disputa entre dos modelos.
La visita fue incómoda para sus aliados. El líder de Vox, Santiago Abascal, lo atendió por videollamada. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, del ala dura del Partido Popular, lo recibió en una reunión reservada y sin acceso a la prensa.
A casi tres años de asumir, los costos del modelo Milei también pesan para sus aliados. La inflación bajó, pero los salarios no recuperan poder de compra y el empleo se deteriora. La foto con el presidente argentino tiene beneficios menos evidentes.
Como Lula, Sánchez usa la motosierra para asociar a sus adversarios con el ajuste argentino. Apela al miedo, un sentimiento cada vez más decisivo en las elecciones. El dato es que ni la derecha española ni Flávio Bolsonaro defendieron el modelo Milei.
El presidente todavía logra meterse en la conversación, pero llamar la atención no equivale a sumar apoyos. “A él le sirvió, fue un Milei en estado puro”, dice un aliado que quiere bien al libertario.
La relación con Estados Unidos tiene otra lógica: allí pesan los intereses estratégicos. El embajador Peter Lamelas advirtió que la continuidad de las inversiones por 20 mil millones de dólares para 2027 depende de que Milei sea reelegido. El número dos del Departamento de Estado, Christopher Landau, torpedeó la ley sobre Malvinas al señalar que las sanciones podrían afectar a empresas norteamericanas.
La sutileza no es un fuerte del trumpismo. La Casa Blanca tiene en la mira a Vaca Muerta y las reservas de litio y ve a la Argentina como una pieza de su disputa con China.
Pero el respaldo de Washington no despeja la desconfianza de Wall Street. El riesgo país cerró el viernes en 707 puntos, tras tocar 717, el máximo del año. A las dificultades internacionales se suman las dudas sobre la recuperación económica, cómo se pagará la deuda y qué ocurrirá en las elecciones de 2027. El apoyo de la Casa Blanca no asegura la confianza de los inversores.
La marcha atrás de Milei y el juego de Bullrich
El Milei avasallante en el exterior convive con uno más cauto dentro del país. Es un pragmático a la fuerza.
Milei cedió en discapacidad y en la ley de tierras. El gobierno comprometió recursos y dejó de lado la libre venta de tierras a extranjeros para evitar una derrota en Diputados.
Lo ayudaron otra vez el radicalismo, el PRO y los bloques provinciales. Pero el proyecto sobre morosidad volvió a comisión por falta de votos. Los aliados le dan votos para gobernar, pero ponen condiciones. Milei aprendió que es mejor evitar derrotas que insistir con el “principio de revelación”, su apuesta a exponer a quienes no lo acompañan.
Mientras Milei negocia esos apoyos, Patricia Bullrich hace su juego. La jefa del bloque libertario en el Senado empezó a mostrar sus aspiraciones. La pregunta es a qué cargo apunta.
Bullrich avisa a quien quiera escucharla que está preparada para ser presidenta, pero el video que posteó el viernes la muestra en el Senado. También puede leerse como una oferta a los Milei: ser vice y presidir esa Cámara.
Bullrich tiene una ventaja: cuenta con votos propios y su banca no está a tiro de decreto. Eso le permite negociar como una socia y le da margen para marcar diferencias.
Diferenciarse de Milei también puede ser una forma de ayudarlo. Bullrich se desmarca sin salir del proyecto y ofrece una válvula de escape al malestar de los votantes que dudan del rumbo del gobierno, pero no encuentran una alternativa en la oposición. En ese juego, pueden ganar los dos.
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En algunos círculos del poder imaginan a Bullrich como reemplazo de Milei. En esa fantasía, el presidente se llevaría el reconocimiento por estabilizar la economía y cedería el mando a su exministra, a la que ven con más muñeca política para la siguiente etapa.
Por las personalidades de Milei y Bullrich, parece poco probable. “Podría pasar en un país normal, con dirigentes normales”, dice un dirigente que fue parte de Juntos por el Cambio.
Una ruptura sería riesgosa para los dos. Primero, para el gobierno. Antes que una rival electoral, Bullrich podría ser la Chacho Álvarez de Milei: provocar con su salida una crisis política.
Para Bullrich, el riesgo es doble: si el gobierno fracasa, deberá cargar con su parte de responsabilidad; si Milei se fortalece y polariza con el peronismo, tendrá menos espacio para una candidatura propia.
La apuesta de Pullaro y la pulseada en Unidos
Maximiliano Pullaro sigue con atención, pero con distancia, los movimientos de la política nacional.
La relación entre el gobernador y Milei pasa por un buen momento. Santa Fe aportó votos clave en momentos críticos del gobierno libertario y el nacido en Hughes siempre pega por arriba del cinturón, incluso cuando cuestiona la economía.
En la Casa Gris niegan que los votos se cambien por recursos, pero ayudar al gobierno en el Congreso facilita ciertas gestiones. La última es que Santa Fe no tendrá que devolver este año los 400.000 millones de pesos que recibió como adelanto de coparticipación. Una parte se compensó con deudas de la Nación y el resto se pagará en cuotas desde mayo de 2027.
El acuerdo alivia las cuentas provinciales en tiempos difíciles. Así, Pullaro puede concentrarse en su agenda. Sobre todo, en el tema que siempre está al tope de las prioridades: seguridad.
Esta semana el gobierno anunció ExpoSeguridad, una vidriera para el modelo que permitió bajar los homicidios en Rosario. El evento será el 4 y el 5 de noviembre en el Salón Metropolitano y lo organizan la provincia, la Municipalidad y la Fundación Rosario. Gobiernos y empresarios buscan mostrar una ciudad segura y abierta a inversiones.
En paralelo, el gobierno apura una reforma que amplía las facultades de la policía y los fiscales. Entre las medidas más cuestionadas están permitir que los imputados declaren sin defensor, crear zonas con facultades policiales especiales y autorizar a los fiscales a imponer restricciones que no impliquen detención, sin autorización judicial previa.
La negociación legislativa definirá qué medidas se mantienen y cuáles quedan en el camino. La demora en el tratamiento ya generó roces entre los principales referentes de Unidos en la Legislatura.
Dentro de la coalición señalan que el cruce más áspero fue entre Felipe Michlig y Clara García, no con Lionella Cattalini. Un dirigente radical desdramatiza: “Son discusiones típicas. Cada uno quiere que su Cámara sea la de inicio”.
Pero Michlig expuso las diferencias en público, en plena sesión. “El jueves sale la media sanción con cambios, como estaba previsto ya de antes de los dichos de Felipe. Y vamos a hablar en el recinto”, avisan en el Partido Socialista.
Detrás de la pelea está el reparto de poder en Unidos. El radicalismo controla el Senado y el PS tiene la mitad de las bancas del bloque oficialista en Diputados, donde la coalición también tiene mayoría propia. El socialismo aprovecha ese peso para poner condiciones.
Todo cambiará a partir de diciembre de 2027. A partir de ese momento la mayoría en Diputados dejará de estar garantizada. Una situación que hará de la construcción de mayorías un juego todavía más exigente.
