La orden desde una cárcel que derivó en el crimen por error de un albañil
Dos presos fueron imputados por el crimen de Ariel "Nico" Leguizamón, a quien balearon en mayo al confundirlo con su primo. Escuchas a un interno de Coronda revelaron que quería vengarse de un ex de su novia

Lunes 16 de Octubre de 2023

Las tres motos pasaron frente a la casa de Centeno y Rodríguez cuando el militante barrial Ariel Lisandro Leguizamón cortaba verduras con su hermano y un vecino para cocinar un pollo al disco en la vereda. Usaba muletas y llevaba una bota en la pierna izquierda porque un mes antes había tenido un accidente en moto. Los seis atacantes abrieron fuego con dos armas distintas. El joven de 25 años recibió un letal tiro en el abdomen que, desde el comienzo, su familia supo que no era para él. Un día antes habían baleado a su primo, verdadero destinatario del atentado, quien a raíz de ese atentado también andaba en muletas y con un yeso en la pierna izquierda.

Ese ataque con blanco errado fue imputado la semana pasada a Carlos Alberto “Bam Bam” Olguín, un preso acusado de actuar como uno de los cabecillas de la banda de Cristian Nicolás “Pupito” Avalle, a quien se le atribuye liderar desde la cárcel de Ezeiza una organización criminal de 27 personas. Una banda involucrada en casi 50 hechos como extorsiones, homicidios y balaceras a una escuela y a sindicatos. La audiencia por la compleja investigación a cargo de nueve fiscales continuará esta semana en el Centro de Justicia Penal, con el eje en los pedidos de prisión preventiva de los acusados.

Una de las violentas historias de esta organización con nueve sicarios en sus filas es la del crimen de Ariel Lisandro Leguizamón, de 25 años. Le decían “Nico” porque así lo llamaba de chiquito su abuela. Parte de su numerosa familia asistió a la primera jornada de audiencias. Llevaban remeras con su foto y su nombre, que por cuestiones de protocolo interno debieron vestir del lado del revés en la sala.

Así escucharon cuando el fiscal de Homicidios Patricio Saldutti imputaba a Olguín haber planeado el crimen, que iba dirigido al primo de la víctima en venganza porque había salido tiempo antes con su pareja. A Franco Daniel Arocha, de sobrenombre “Oreja”, lo acusaron como uno de los sicarios que le disparó a Leguizamón ante la sindicación de su novia, una adolescente de 16 años asesinada en agosto. Olguín, en tanto, también está acusado de mandar a balear una hamburguesería de Villa Gobernador Gálvez donde murió el cadete Hugo Villán en un ataque extorsivo del 21 de mayo pasado.

Hostigados

Lo que expone la pesquisa del crimen de Leguizamón es que el ataque ordenado desde prisión no sólo se cobró una víctima equivocada —un joven padre de dos hijos ajeno a disputas criminales—, sino que generó una escalada irreparable de pérdidas. Cuando los atacantes comprobaron que se habían equivocado de persona, iniciaron una cacería para dar con el buscado. Amenazaron a sus familiares, merodearon su domicilio y hasta incendiaron la vivienda de un hermano para forzarlo a que se entregara. Así, además de perder a Nico, sus familiares debieron irse del barrio para resguardar sus vidas.

Toda esa saga tuvo su origen, según la pesquisa, en una orden que dio Olguín desde su celda en Coronda. El y Arocha fueron imputado como coautores de un homicidio calificado por el concurso de más de tres personas y además agravado por la participación de una menor de edad y el uso de armas. A esto se sumó otra acusación por el incendio a la casa de uno de los hermanos de la víctima, quien apenas había alcanzado a asimilar el asesinato cuando tuvo que escapar con su familia con lo puesto.

Según la imputación, desde una de las líneas que usaba en su celda, un día antes del crimen Olguín se hizo pasar por su pareja para contactar al primo de Nico. Desde una cuenta de Instagram lo citó en la esquina de 24 de Septiembre y Rodríguez, adonde el muchacho llegó a las 0.30 del 28 de mayo. Pero en lugar de encontrarse con la chica apareció un atacante aún no identificado que le disparó diez tiros con una pistola 9 milímetros. Herido en la pierna izquierda, alcanzó a subirse a su moto y llegó hasta el Hospital Clemente Alvarez, donde lo enyesaron y le dieron el alta en el día.

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Entonces declaró que el tirador había aparecido de la nada para intentar robarle la moto. Pero el verdadero trasfondo recién saldría a la luz al día siguiente, cuando asesinaron a Nico. Según el fiscal, al fracasar el primer intento, Olguín volvió a ordenar que buscaran al herido y le dieran muerte. Fue así que a las 20.25 del 28 de mayo seis personas en tres motos pasaron frente a un pasillo de Centeno al 2500 donde vivían, repartidos en tres casas distintas, el joven a quien buscaban y familiares. Una de las motos era una KTM modelo Duke. Las otras eran de 110 centímetros cúbicos.

Una chica que iba de acompañante en la moto Duke señaló hacia Nico y entonces sonó la descarga de tiros. Dispararon con dos armas hacia el lugar donde el joven de 25 años cortaba verduras para cocinar un pollo al disco con otros familiares. Era albañil y vendedor ambulante, tenía nueve hermanos y participaba en un centro comunitario del Movimiento Evita. Un rato después de ingresar al quirófano murió con una herida en el lado izquierdo del tórax y otra en la zona lumbar. En la vereda quedaron esparcidas ocho vainas calibre 9 milímetros y cinco calibre 40.

“Ahora sé que lo que me pasó a mi no fue un intento de robo. Me quisieron matar, y como no lo consiguieron la primera vez, fueron a mi casa y mataron a mi primo. Nico era un chico bueno, trabajaba como albañil, tenía dos hijos chiquitos”, contó entonces el joven a quien iba dirigido el ataque. Dijo que no nunca había tenido problemas ni contacto con Bam Bam, a quien conocía del barrio. Tiempo antes había salido un par de veces con quien la actual pareja del preso.

“No sé su apellido ni dónde vive. Después ella empezó a salir con un pibe que está preso y subía fotos embarazada, supongo que tuvo hijos con él”, relató. No tuvo más contacto hasta que un mes antes del ataque recibió un mensaje de Instagram supuestamente enviado por la chica contándole que se había separado de Olguín. Luego lo citó para tomar algo el sábado 27 de mayo a la noche en una zona que al muchacho le resultó extraña. El lugar donde lo alcanzó sólo uno de diez disparos.

Al día siguiente, a Leguizamón lo confundieron con su primo por pura fatalidad: también usaba muletas. “Mi marido no tenía problemas con nadie, era una buena persona”, dijo la esposa de Nico, con quien tuvo dos hijos, uno de 7 años y otro de 1 año y medio. “Atiné a agarrar a mi nene que estaba en la puerta y corrí adentro para resguardarnos. Cuando terminaron los disparos salí a la calle y ahí lo veo a Nico tirado en el piso, herido. Mi marido estaba en muletas porque había tenido un accidente en moto un mes atrás entonces tenía una bota en la pierna izquierda”, añadió. Por eso no pudo escapar corriendo como su vecino y uno de sus hermanos.

Cacería

Tras el crimen, la familia debió abandonar las casas de la calle Centeno por temor a represalias. Es que, al advertir el error, los agresores salieron con desesperación a buscar al destinatario de las balas. Cuando aún esperaban novedades en el hospital, un desconocido que se acercó a confirmar a quién habían matado. Luego empezaron las amenazas: “Que lo entreguen o va a haber balas”, dijeron en una llamada. Otro mensaje decía: “Vos lo conocés al Leguizamón ese. Decime donde está porque sé dónde vivís. Yo mato a cualquiera de ahí, sé donde andás así que díganme dónde está. Ustedes son todos familia. Les voy a mandar un mensaje a cada uno hasta que me canse y mate a todos”.

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A partir de las 21 comenzó a dar vueltas por Centeno y Rodríguez un auto negro con varios ocupantes armados que iban “como buscando algo”. Días después, la madrugada del 2 de junio, le prendieron fuego la casa de Centeno al 2500 donde vivía el hermano de Nico que presenció el crimen. Pasaron el mismo auto negro, se bajaron dos personas y tiraron una especie de bomba. En la casa no había nadie.

“En el velorio de Nico se empezó a correr el rumor de que ya se habían enterado de la confusión. Y que iban a volver. Esa misma noche decidí irme de mi casa con mi familia y nos fuimos con lo puesto”, contó el dueño de la casa incendiada. “Me destruyeron todo _continuó_. No me quedó nada. Perdimos todas nuestras cosas, nuestra ropa, nuestra casa que tanto nos costó comprar. Nos arruinaron la vida cuando no tenemos nada que ver”.

La pareja de la moto

Para la Fiscalía, el trasfondo del crimen se aclaró en escuchas a Olguín, luego de que una familia recibiera amenazas desde ese número. En requisas del 7 y el 14 de junio se secuestraron en su celda dos celulares. En tanto, testigos de identidad reservada contaron que los atacantes que iban en la moto más grande eran Arocha y su novia, Nela Sasha Centurión, de 16 años.

La adolescente fue asesinada la noche del domingo 13 de agosto pasado en barrio Moderno. Tenía una hija de entonces dos meses con su novio, que había caído preso por extorsiones. Personas vinculadas a este hombre se habían contactado para asegurarle que se harían cargo de ella y de su hija. La citaron a la esquina de Matienzo y Seguí supuestamente para darle un bolsón de pañales y al llegar la mataron a balazos. Diez minutos antes, a tres cuadras de allí, asesinaron a tiros a Mariana Alejandra Cabral, de 28 años, se cree que al confundirla con Nela.

Para la investigación, Sasha fue la persona que apuntó a la casa de los Leguizamón cuando iba como acompañante en la moto de Arocha. Los dos vivían juntos en una casa de Felipe Moré al 3800. Según testimonios del barrio, “guardaban droga en su casa, salían a tirar tiros, siempre andaban juntos y a la noche salían a cometer hechos en autos y motos robados”, entre ellos la moto Duke usada para matar al albañil.