La mueblería política: el repliegue de Milei reactiva las mesas del poder

Karina interviene el dispositivo de gobierno y negocia con Macri, el peronismo ensaya una tregua y los outsiders tantean el terreno. Debajo de la superficie late la insatisfacción, pero también una reserva de esperanza

06:00 hs - Domingo 16 de Agosto de 2026

El desgaste lento pero sostenido de Javier Milei convirtió a la política argentina en una gran mueblería. Se multiplican las mesas. Los libertarios vuelven a convocar a los aliados que ningunearon, las tribus peronistas exploran una tregua y hasta algunos empresarios que miraban la política desde afuera se preguntan si no llegó la hora de saltar el mostrador. Falta un año para las elecciones, pero ya se dio vuelta el reloj de arena.

El oficialismo tomó nota: no le sobra nada. La Libertad Avanza se comió buena parte de la base electoral del PRO y fichó a muchos de sus dirigentes, pero Karina Milei tuvo que llamar a Mauricio Macri para abrir una negociación en la Casa Rosada.

La agenda legislativa fue la excusa, pero el debate de fondo es 2027. Y no es un reencuentro por afinidad, sino por necesidad.

La reunión sirve como señal hacia los mercados y el círculo rojo: la reelección de Milei ya no aparece como una autopista despejada y crece la inquietud por la marcha de un gobierno que tiene el reflejo de cerrarse sobre sí mismo.

También cambió el precio del PRO. Sigue siendo una marca devaluada, pero conserva votos decisivos en el Congreso. Además, una candidatura propia quizá no alcance para disputar la presidencia, pero sí podría frustrar una victoria de Milei en primera vuelta. Su fortaleza es su capacidad de daño.

La primera prueba es el futuro de las Paso. Milei quiere suspenderlas. El PRO se resiste porque sin primarias sería rehén de la lapicera de Karina y los Menem. Macri aprendió que los Milei prefieren una adquisición hostil a una sociedad.

La ciudad de Buenos Aires condensa esa discusión. El PRO pretende conservar su casa matriz y LLA puede disciplinarlo: si los amarillos bloquean la eliminación de las PASO, los libertarios pueden plantarles un candidato.

El problema es quién. Manuel Adorni es un cadáver político y Patricia Bullrich difícilmente quiera cerrar medio siglo de carrera al frente del gobierno porteño cuando puede ser vicepresidenta. O más.

Queda un camino largo hasta una alianza. Pero el acercamiento ya enfría aquella tercera vía que Macri le propuso a Maximiliano Pullaro en Santa Fe. El gobernador le advirtió que estaba dispuesto a acompañarlo, pero no quería quedar colgado del pincel si Macri arreglaba a último momento con Milei.

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La desconfianza entre amarillos y violetas tiene antecedentes. Como un boxeador cansado, Milei se abraza a Macri cuando necesita aire y lo aparta apenas vuelve a sentirse fuerte. En el PRO conocen de primera mano que el gobierno no suele pagar bien a sus aliados.

La debilidad obliga a los libertarios a mostrar flexibilidad. Por ejemplo, en el Congreso. El oficialismo aceptó cambios en inocencia fiscal para asegurarse los votos, pero casi pierde el dictamen cuando Miguel Boggiano atacó en plena comisión a macristas, radicales y desarrollistas. Otro caso en que la mala praxis política le podría haber salido cara al gobierno.

El empantanamiento libertario también cambió el lugar de la mesa política en el dispositivo de poder. Karina copó el espacio y lo convirtió en el verdadero centro de gravedad del gobierno. La hermanísima también intervino el laboratorio de LLA y le marcó un límite a Federico Sturzenegger, responsable del conflicto con los prácticos portuarios y autor intelectual del capítulo sobre extranjerización de tierras que el gobierno tuvo que eliminar para evitar una derrota total.

El ministro de Desregulación tiene línea directa con el presidente. No es un técnico más: traduce la doctrina presidencial en reformas. La tarea de Karina es ponerle un filtro político a quien su hermano idealiza.

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Mientras todos se mueven alrededor suyo, Milei aparece cada vez más recluido entre Olivos y las redes. La inflación sigue lejos de empezar con cero, como prometió, y el endeudamiento de las familias es un artefacto explosivo que el gobierno no quiere o no sabe cómo desactivar.

Los mensajes de la cumbre del peronismo

Del otro lado de la polarización también pusieron la mesa. La reunión de Sergio Massa, Axel Kicillof, Máximo Kirchner y otros dirigentes del peronismo tuvo algo de movimiento defensivo y algo de ensayo ofensivo.

El objetivo inmediato es sostener las Paso. Para un espacio sin liderazgo indiscutido, las primarias son más que un mecanismo electoral para definir candidaturas: pueden ser la herramienta para producir una jefatura legitimada por los votos.

La discusión también busca disciplinar a los gobernadores amigables con la Casa Rosada. El que vote a favor de suspender las Paso jugará a favor de Milei y deberá dar explicaciones tanto hacia el interior del PJ como hacia la sociedad.

La denuncia de la diputada nacional Marcela Pagano contra Luis Caputo por las transferencias de fondos a las provincias, justo cuando se votaban leyes importantes para el gobierno, deja en un lugar todavía más incómodo a los colaboracionistas del peronismo.

En ese contexto adquiere valor un encuentro que hasta ahora parecía imposible. Que Kicillof y Máximo compartan una reunión indica una tregua, pero están lejos de una lista de unidad.

La falta de una foto oficial parece una lección aprendida del fallido Frente de Todos: los encuentros de dirigentes no despiertan entusiasmo por abajo ni mucho menos alcanzan para construir una alternativa de poder.

Aunque la comparación con 2018 y 2019 sea tentadora, la sociedad cambió, y el peronismo también. El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner dejó en la memoria colectiva una experiencia asociada al descontrol económico, las peleas internas y la impotencia.

El peronismo puede olfatear una oportunidad, pero el desgaste de Milei no garantiza su regreso al poder.

Por eso, su principal desafío no es encontrar una mesa suficientemente grande para que entren todos. Es programático. ¿Qué le ofrece a una sociedad que puede cansarse de Milei pero que tampoco quiere volver atrás? ¿Cómo construye una oposición nítida sin desafinar con el clima de época?

Los outsiders y una crisis latente

Además, el peronismo no está solo. Los tropiezos del gobierno y las indefiniciones del PJ dejan una hendija por la que vuelven a asomarse los outsiders.

El más decidido parece ser Daniel Hadad. El empresario de medios dejó abierta la posibilidad de intervenir en política y esta semana exhibió capacidad de convocatoria en la Facultad de Derecho de la UBA: allí convivieron desde Macri hasta la ultracristinista Mayra Mendoza, pasando por empresarios, jueces y dirigentes de procedencias difícilmente reconciliables.

Una sala llena no constituye un espacio político, pero abre una pregunta sobre el juego de Hadad. El empresario radicado en Miami y con vínculos fluidos con el poder de EEUU puede ser candidato o impulsar un nuevo producto: una suerte de mileísmo con muñeca política y sensibilidad social.

Otro empresario que dejó una puerta entreabierta es Jorge Brito. El presidente del Banco Macro admitió ante Kristalina Georgieva, la directora del FMI, que la política le interesa, aunque ubicó cualquier aventura personal más adelante.

Su historia lo vuelve un caso particular: Sergio Massa fue amigo íntimo de su padre y, dicen quienes los conocen, trata al expresidente de River como un sobrino. La duda es si Brito postergará su deseo de pasar a la función pública o si la velocidad de la política argentina acelerará los tiempos.

A poco más de un año de la elección, Hadad y Brito son más hipótesis que candidaturas. Lo mismo ocurre con el pastor Dante Gebel y los comunicadores peronistas Tomás Rebord y Pedro Rosemblat. Para ser opciones reales necesitan hacerse conocidos y resultar verosímiles como gobernantes. Pero que sus nombres circulen es sintomático del momento.

La pregunta es si un empresario exitoso o un influencer político tiene las herramientas para conducir el Estado. Y, además, ¿la sociedad estaría dispuesta a apostar otra vez por alguien sin experiencia política después de Milei?

Son interrogantes que conectan con un tiempo marcado por el malestar y la incertidumbre. El último estudio de la Universidad de San Andrés muestra que el 69 % de la población está insatisfecha con la marcha general del país y el 61 % desaprueba al presidente.

El tema es que el 35 % que acompaña la gestión se aferra como sentimiento principal a la esperanza, a la expectativa de que el futuro recompense los sacrificios. ¿Qué pasa si esa paciencia se agota?

De todos modos, en el resto de la dirigencia no hay demasiado para festejar. Todos los principales referentes políticos nacionales tienen diferencial de imagen negativo.

El sistema empezó a moverse: se arman mesas, se reactivan llamados y aparecen globos de ensayo. Pero no se reordena por afinidad sino por debilidad. Debajo persiste la misma falla tectónica.

Hace apenas tres años, Milei fue una especie de 2001 con nombre y apellido: el grito contra el sistema convertido en candidato presidencial. Ahora la política intenta reorganizarse alrededor del desgaste del libertario, el emergente de una crisis de representación que sigue abierta.