Es hija de Tucho Valenzuela y Raquel Negro, aún desaparecidos. Junto a su hermano Sebastián siguen buscando al Melli, que fue víctima del plan sistemático de apropiación de menores de la dictadura
06:05 hs - Domingo 22 de Marzo de 2026
Sabrina Gullino Valenzuela Negro vive hace años en Rosario, pero todavía conserva su número celular con la característica de Victoria, Entre Ríos, donde para llamar a alguien primero hay que marcar el +03436. En una charla con La Capital aseguró que no quiere cambiarlo porque sigue vinculada con gente de la provincia vecina por la búsqueda de su hermano mellizo. Y no quiere que una modificación de número implique perder el contacto.
“El Melli”, como lo nombra la propia Sabrina, fue uno de los tantos bebés apropiados dentro del plan sistemático que se llevó a cabo en la última dictadura cívico-militar en la Argentina. “Un desaparecido vivo”, describió Gullino Valenzuela Negro a su hermano. Desde 2008, año en el que se enteró de que es hija de desaparecidos, que lo busca intensamente, y no piensa bajar los brazos ahora.
“¿Dónde están mis papás? ¿Dónde está mi hermano?", se pregunta en repetidas oportunidades Sabrina. Su primer apellido es de su familia adoptiva, la de crianza, los Gullino. El segundo, de su papá biológico, Edgard Tulio “Tucho” Valenzuela, y el tercero de su madre biológica, Raquel Negro. Tanto Valenzuela como Negro eran militantes de Montoneros. El 2 de enero de 1978, mientras la mujer cursaba el séptimo mes de embarazo, la pareja fue secuestrada en Mar del Plata por un grupo de tareas del II Cuerpo del Ejército. Los militares también "chuparon" a Sebastián, el primer hijo de Raquel, que por aquel entonces tenía tan solo un año y medio.
Los tres fueron llevados al centro clandestino la Quinta de Funes. Tras pasar unos días en cautiverio, Sebastián es entregado a su abuela materna, pero tanto Tucho como Raquel continúan desaparecidos. Sabrina no solo no sabe dónde está su hermano mellizo sino que tampoco pudo reencontrarse con el cuerpo de sus padres: los represores y responsables civiles nunca rompieron el pacto de silencio y no le permitieron conocer la verdad.
En la Quinta de Funes se realizaba una perversa operación sobre los detenidos: los represores seleccionaban cuidadosamente militantes de alto perfil (en el caso de Tucho, había alcanzado el grado de oficial mayor en Montoneros) para intentar quebrarlos y usarlos con fines de contrainteligencia, contra sus propios compañeros.
En un plan ideado por Leopoldo Galtieri, enviaron a Tucho a México con el objetivo de infiltrarlo en la cúpula de Montoneros, que por entonces se refugiaba en tierras aztecas. Una vez en Ciudad de México, el 18 de enero de 1978, Valenzuela logra burlar a los militares y dar una conferencia donde denuncia frente al mundo entero las atrocidades cometidas por el gobierno de facto en la Argentina. El hecho, conocido como “Operación México”, lleva al desarme del centro de detención en Funes, hoy convertido en Sitio de Memoria. Sobre la hazaña del padre de Sabrina hay libros escritos y hasta películas, como "Recuerdo de la muerte" (de Miguel Bonasso) o "Tres cosas básicas" (de Francisco Matiozzi), entre otras producciones.
A sus 48 años, Sabrina sigue buscando al Melli. “Tengo la esperanza intacta de encontrarlo”, aseguró. La búsqueda la lleva adelante codo a codo con su hermano Sebastián, el hijo que Raquel tuvo con su primera pareja, que también se convirtió en un incansable militante por los derechos humanos y con quien se reencontró en 2008, luego de conocer su verdadera identidad.
“Aunque a uno le quieran hacer pensar que ya transcurrieron 50 años (del golpe de Estado) y que ‘ya pasó’, que hay que dar vuelta la página, en realidad no hay ningún tipo de reconciliación frente a un genocidio, digamos, el exterminio sistemático grupo de personas”, expresó. Y enfatizó: “Somos los que tenemos que exigir memoria completa”. La frase “memoria completa” es usada con frecuencia por sectores políticos que niegan el terrorismo de Estado y que lo equiparan con una “guerra” entre “subversivos” y militares, como si las estructuras militantes pudieran estar en las mismas condiciones que las Fuerzas Armadas de un país entero. De hecho, la vicepresidenta Victoria Villarruel es referente de esos grupos, e incluso reivindica a Daniel Amelong, un represor que acumula cinco condenas por delitos de lesa humanidad cometidos en el circuito represivo que funcionó en Rosario. Dentro de los crímenes se incluye la supresión de identidad de los mellizos Gullino.
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Sabrina, El Melli y su nacimiento en Paraná
Sabrina y el Melli nacieron entre el 3 y el 4 de marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná, donde su madre fue llevada a parir tras permanecer detenida ilegalmente por varios meses en Funes. Los bebés nacieron prematuros y fueron trasladados al Instituto Privado de Pediatría (IPP) de la misma ciudad. Pero no fueron ingresados con sus nombres reales con el fin de ocultar sus orígenes: en las actas, a Sabrina le pusieron “Soledad López” y al Melli, “NN López”. Tras el parto, los represores se vuelven a llevar a Raquel y los mellizos quedan solos. “Había solo seis incubadoras en el IPP y era muy llamativo que había dos bebés a los que no iba ningún padre a verlos”, relató la hija de Tucho, que participa activamente de la agrupación Hijos Rosario.
Una buena parte de lo ocurrido en el Hospital Militar y en el área de neonatología IPP fue reconstruido por las enfermeras de los nosocomios, que declararon en los juicios que tuvieron lugar en Paraná para juzgar los crímenes de lesa humanidad. “Quince días antes de parir la llevan a mi mamá al Hospital Militar. Muy astutamente, ella habla con las enfermeras y les dice que su nombre es Raquel Negro y que viene del cautiverio en Funes. Les cuenta todo a ellas (las enfermeras), y son ellas las que atestiguan en los juicios, con mucha valentía, y permiten reconstruir nuestro nacimiento, cómo fuimos trasladados al IPP y cómo fue el parto", contó.
Tanto Sabrina como el Melli fueron dados de alta el 27 de marzo de 1978. En los documentos médicos, que fueron parte de los juicios, se certifica que su hermano salió vivo del IPP, pero al día de hoy se desconoce dónde fue llevado ese bebé y por quién. Con Sabrina sí sabemos qué ocurrió: el mismo día que la sacan del sanatorio la abandonan en la puerta del Hogar del Huérfano de Rosario, sabiendo que las monjas del lugar no mirarían hacia otro lado. Y así fue, las religiosas dieron aviso al Juzgado de Familia.
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En ese momento entran a la historia los Gullino, una familia de Villa Ramallo, provincia de Buenos Aires. Hacía años que querían adoptar un bebé y ya habían realizado los trámites pertinentes. Finalmente, y en una adopción en regla y de buena fe, se llevan a Sabrina a casa en 1978. La crían con amor y nunca le ocultaron que era adoptada. No obstante, recién a sus 30 años pudo sumar sus otros dos apellidos al final de su nombre, Valenzuela y Negro. “Mis viejos (los Gullino) nunca sospecharon que iba a ser hija de desaparecidos, si hicieron un trámite de adopción. Nunca lo pensaron, no es que les dieron un pibe”, señaló la militante de Hijos.
Por los hechos relacionados con la apropiación de los mellizos se dictaron condenas en dos instancias principales. En 2011, en la causa Hospital Militar. Fueron condenados cinco integrantes de las Fuerzas Armadas: Pascual Guerrieri, Rubén Fariña, Walter Pagano, el médico militar Juan Antonio Zaccaría y Amelong.
Luego, en la causa denominada IPP se juzgó la responsabilidad civil de los dueños del Instituto Privado de Pediatría, resultando condenado Miguel Torrealday como partícipe necesario, mientras que los médicos David Vainstub y Jorge Rossi fueron condenados en calidad de partícipes secundarios por los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de menores, así como por la alteración de su estado civil.
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Sabrina descubrió su identidad y “le nació” una familia
Tras haberse criado en Villa Ramallo, un tranquilo pueblo con bastante verde, Sabrina llegó a Rosario para estudiar la licenciatura en Comunicación Social, en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR). Cursando en La Siberia, se encontró con un ambiente donde la última dictadura cívico-militar empezaba a ser debatida, incluso en los contenidos académicos. Además, las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo comenzaban a aparecer en la tele, la radio y hasta en eventos culturales.
“Las Abuelas y las Madres (de Plaza de Mayo) estaban en los recitales, haciendo campañas con muchos mensajes sobre identidad, también teatro, música por la identidad. Muy astutamente, ellas (Abuelas y Madres) se dieron cuenta de que los posibles nietos ya eran grandes y que así podrían llegar a ellos”, recordó la comunicadora sobre el escenario cultural a comienzos de 2000. Y agregó: “Esas campañas encendieron mis dudas, no fue algo urgente, pero me quedó en la cabeza”.
Al cumplir los 30 años, en 2008, Sabrina se acerca a Abuelas de Plaza de Mayo: “Cuando ya estaba viviendo sola, finalmente me acerco a Abuelas, pero al mismo tiempo cae una citación de la Justicia de Paraná”. La citación específica se produjo luego de las declaraciones del represor Eduardo "Tucu" Constanzo, quien afirmó que la hija melliza de Raquel había sido abandonada en un "convento" en Rosario.
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Tras recibir el dato, Ana Oberlin, abogada de Hijos y de Abuelas, presentó un escrito para investigar el Hogar del Huérfano de Rosario (el único lugar que coincidía con la descripción de tener monjas o parecer un convento). Eso llevó a que Sabrina se realizara un test de ADN y que se haga un cruzamiento de datos. Menos de un mes después, se reveló que era hija de Raquel y Tucho. Se convirtió en la nieta restituida número 97.
Pero la comunicadora no solo descubrió quiénes eran sus padres biológicos sino que también le "nació una familia". Conoció a sus dos hermanos, Sebastián y Matías (el primero por parte de Raquel y el segundo por parte de Tucho), tíos y primos distribuidos en distintas partes del país. En la ciudad Santa Fe, de donde es oriunda Negro, la recibió todo el clan y lo mismo ocurrió en San Juan, donde nació y se crió Valenzuela. "Fue sumamente emocionante", rememoró Sabrina.
"Primero me fui a conocer a la familia de Santa Fe, a los Negro, mi tío, mi tía, mis primos, mi hermano, quien ya era militante de Hijos y se había puesto la búsqueda al hombro", relató Sabrina, y sumó: "Después me fui a ver a mi familia sanjuanina". Ahora, la comunicadora social tiene tres familias: los Gullino, los Valenzuela y los Negro.
Sabrina afirma que los Gullino, sus padres de crianza, la acompañaron en todo ese proceso: "Mis viejos son muy piolas, al día de hoy me acompañan en la búsqueda". Además, entre las tres familias hubo encuentros y reuniones. "Durante muchos años festejé mis cumpleaños y venían los Gullino, los Valenzuela y los Negro", señaló. Una familia numerosa, pero finalmente reunida. Todos ellos esperan, con la ilusión intacta, encontrar al Melli.