Tras reunirse con Pullaro, el anotado en la carrera presidencial por el PRO advirtió sobre los límites del modelo de Milei
06:00 hs - Viernes 25 de Septiembre de 2026
Hernán Lacunza pasó en modo candidato por Rosario. El economista está de recorrida por la Argentina y se reunió con el gobernador Maximiliano Pullaro y la conducción del PRO de Santa Fe. Tiene la definición de correr la carrera por la Presidencia por el partido amarillo. Cree que los límites del modelo de Javier Milei abren un espacio para una tercera opción. “Hay un electorado huérfano en busca de liderazgo”, plantea.
En diálogo con La Capital, el exministro de Mauricio Macri consideró que “la economía está desbalanceada”. Y señaló: “Es una nave que carretea, pero no despega”.
También advirtió que la polarización puede ser electoralmente conveniente, pero económicamente riesgosa, y sostuvo que el PRO debe ser parte de una nueva etapa: “La motosierra terminó con un Estado fallido; ahora hay que construir”.
¿Cómo define este momento de la economía argentina?
Luces y sombras. Las luces tienen que ver con la estabilidad nominal: la inflación, el changuito del supermercado previsible, el dólar que no está volando y la tasa de interés bajo control. La gente sabe que el mes próximo no se encontrará con una sorpresa en el supermercado. Las sombras son que la plata no alcanza. Los precios son más o menos parecidos, pero la gente llena menos el changuito y llega a la caja sin dinero suficiente para pagarlo. Esa también es la realidad del bolsillo: el empleo y el salario real. Hace cinco trimestres que las empresas argentinas y las extranjeras radicadas en el país invierten menos que en el trimestre anterior. Ya no se ve una perspectiva de largo plazo. A la energía, la minería y el agro les va muy bien, pero generan 500.000 empleos directos. A la industria, la construcción y el comercio les va mal y generan ocho millones de puestos de trabajo. Es una economía desbalanceada. Donde el motor está apagado vive y trabaja mucha gente; donde está encendido se emplea poca. Bienvenido ese motor, pero no alcanza. Es una nave que carretea, pero no despega.
En este esquema, ¿la industria, la construcción y el comercio tienen futuro? ¿O esta es la nueva normalidad?
Es la nueva normalidad: hace casi dos años que estamos así. Al principio hubo una caída inexorable porque lo anterior, el plan platita y todo eso, era una ficción. Después la economía rebotó, no llegó a los niveles previos y se planchó. Estamos así desde mediados de 2024 y no va a cambiar si no hacemos algo distinto. El gobierno tampoco genera mucha expectativa porque niega esa realidad, no recepta ningún matiz ni ninguna crítica. Tiene una habilidad retórica para polarizar. Dice: “No hagamos esto porque es kirchnerismo”. Siempre hay caminos intermedios para abordar los problemas.
El 2027 será un año electoral. ¿Cómo lo imagina en términos económicos?
En todos los años electorales hay dolarización. Eso no significa necesariamente una corrida, sino que, proporcionalmente, queremos tener más dólares que pesos que en los años pares. Va a ocurrir con independencia de este gobierno porque existe una incertidumbre adicional: la electoral. Pasó de manera muy marcada en 2025, el año pasado. El dólar subió 30% en seis meses. Se deslizó muy rápido. Eso también tiene efecto sobre los préstamos y explica la morosidad actual. Creo que volverá a pasar y que el gobierno llegará con reservas propias bajas —diría que todavía negativas— y con el tipo de cambio estresado. Le va a costar dar esa batalla. No creo que haya un colapso ni que las palabras “hiperinflación” o “default” formen parte de la escena. Afortunadamente, creo que eso no ocurrirá. Pero tampoco será un camino lineal: no habrá un derrumbe, pero sí curvas.
La economía de Macri y Milei
Vivió desde adentro la etapa de Macri. ¿Ve algún parecido entre ese momento y el actual?
Algunos. El estancamiento económico, por ejemplo. Espero que hayamos aprendido la lección. A mí me tocó tomar medidas duras en ese momento. Es como estar en una sala de emergencia y tener que elegir entre salvar la vida del paciente o dejarlo morir. No quiero volver ahí. No es exactamente lo que me preguntás, pero en aquel momento las opciones eran reperfilamiento o hiperinflación, cepo o corralito. No hay que llegar a ese dilema. Las medidas preventivas deben tomarse antes y todavía hay tiempo para hacerlo. No se puede diseñar un programa financiero o un perfil de vencimientos de deuda y que digas “es sostenible única y exclusivamente si yo gano”, porque eso no es democrático. Puede ganar otro y el programa también debe ser sostenible. Uno no hace política pública para su gobierno, sino para los argentinos. No puedo poner en riesgo los empleos y los ahorros de los argentinos porque gane otro. Espero que eso no vuelva a pasar.
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El gobierno plantea que le cuesta atraer inversiones por la posibilidad de alternancia. ¿Es así?
Hay un riesgo político, sí, pero es intrínseco a la democracia, al contrato social y a la forma de vida que elegimos. Si no lo aceptamos, admitamos que no nos gusta la democracia. Por eso, no deberíamos llamarlo riesgo político. Lo que sí existe es una polarización y un intento deliberado del gobierno por profundizarla porque le conviene electoralmente. No advierte que eso genera su propio anticuerpo y su propia amenaza. Polariza contra un fantasma o contra un Godzilla, pero después ese Godzilla demuestra que tiene vida, como ocurrió el año pasado. Entonces descubre que la posibilidad de que lo coma vivo no es cero. Polarizar puede ser tácticamente conveniente en términos electorales, pero es económicamente inconveniente: pone en riesgo los salarios y los ahorros de los argentinos. Además, la sociedad no está polarizada. La sociedad quiere escuchar. En 2023 hubo casi tres tercios. No fueron idénticos, pero existieron. En la primera vuelta fue 36, 30 y 27: Massa, Milei, Bullrich. Creo que hay espacio para otras voces.
Está tratando de armar un tercer espacio. ¿Cuáles serían sus principales propuestas?
La prioridad es crear empleo. Eso implica tener un programa para la industria, la construcción y el comercio. El conurbano bonaerense, donde más del 60% de los chicos son pobres, no va a vivir de Vaca Muerta. Esos chicos ni siquiera saben dónde queda. Las familias rosarinas que trabajan en una empresa textil que cierra no se van a mudar a Neuquén porque ahí no tienen hospitales, jardines de infantes ni a la suegra que les cuida a los chicos. Hay que hacer política en el territorio, en la vida real, no en abstracto. Eso no significa despreciar los libros, como hace el kirchnerismo. Los libros están escritos y sabemos lo que hay que hacer. Pero no debemos imaginar capacidades migratorias que no existen. La gente no se muda masivamente de Buenos Aires o Rosario a Neuquén, ni de Santa Fe a Salta para trabajar en el litio. Eso no sucede o tarda veinte años. En ese plazo hay diez elecciones y se pierde apoyo popular. Ya nos pasó demasiadas veces eso de empezar bien y terminar mal.
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En términos políticos, ¿con quién se imagina construyendo esa alternativa?
A esta altura hay que escuchar y dirigirse a la gente. Eso me importa más que la reacción de los dirigentes. Las posiciones de los dirigentes son genuinas y legítimas. Cada uno expresa lo suyo. Eso nos obliga a ser mejores, dar argumentos y explicarles qué queremos hacer a nuestros votantes —acá tuvimos seis millones de votos en 2023— y a todos los argentinos. Si el otro tiene una idea mejor, queremos competir. La ingeniería electoral y la oferta se definirán el año próximo. Hoy es el momento de dirigirse a la demanda, al ciudadano.
¿Qué está diciendo la gente? ¿Qué está pidiendo?
Hay un electorado huérfano en busca de liderazgo. El gobierno tenía un 50% de imagen favorable hace ocho meses y hoy tiene treinta y poco. Creo que esos son típicos votantes del PRO: un electorado más blando, que no forma parte del núcleo duro del oficialismo. Es un espacio creciente que dice: “Gracias por el changuito del supermercado predecible —aunque todavía no estable—, pero el salario no me alcanza y tengo que hacer changas o trabajar en una plataforma de viajes o de delivery”. Además, el desempleo subió. Rosario está en el centro productivo del país, en la confluencia de toda la pampa húmeda, del agro y también de la industria. Sin embargo, tiene una desocupación del 11,5%. Es un dato muy representativo. No ocurre en un área periférica, sino en la zona central, que debería ser la más próspera y está entre las más densamente pobladas. Me refiero a los corredores Rosario-Córdoba y Rosario-Buenos Aires.
Hay ciudades muy vinculadas a la cadena agroindustrial. Y, así y todo, no alcanza.
En un buen año de cosecha, con un clima favorable y precios que ayudaron. Los precios de lo que la Argentina comercia, exporta e importa son los mejores desde que se mide, hace más de un siglo. No está ocurriendo algo afuera que nos perjudique. Hay un problema en el modelo.
El futuro del PRO
El espacio de centroderecha lo ocupa La Libertad Avanza. ¿Qué tiene para ofrecer el PRO en este momento?
La Libertad Avanza fue importante: asumió esa responsabilidad y diría que lo hizo con audacia. La motosierra simboliza el fin de un Estado fallido que terminó con un 200% de inflación. Ahora hay que construir. No digo que sea más fácil que destruir, porque tampoco lo es, pero hacen falta otras habilidades, equipos y experiencias. Hay que hacer rutas. Este gobierno lleva tres años pensando cómo empezar a licitar. No tenía los planes ni los equipos. El PRO tiene esa experiencia. Hay que proveer bienes públicos, lo cual requiere un Estado capaz: ni el Estado omnipresente del kirchnerismo ni el ausente del mileísmo. Un Estado que pueda hacer obra pública, prevenir accidentes y mejorar la educación. Los resultados de las pruebas Pisa son un desastre. Cada tres años nos agarramos la cabeza cuando aparecen y después no hacemos nada. Por eso creo que el PRO representa una etapa superadora, sin destruir nada. El gobierno no tiene la capacidad de hacerlo.
Se reunió con el gobernador Pullaro y con otros dirigentes del PRO. ¿El modelo de Santa Fe es también una referencia para construir lo que viene?
Sí, es una referencia. Santa Fe tenía la cabeza bajo el agua por la inseguridad. Ahora puede pensar en otras cosas, porque con la violencia no se puede pensar. No digo que el problema esté resuelto, pero sí creo que existe una mirada más omnicomprensiva. No se trata solamente de la energía, la minería y el agro, porque la gente vive en las zonas urbanas. En el conurbano bonaerense viven once millones de personas. En el Gran Rosario vive un millón y medio.
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Imaginemos diciembre de 2027: gana y es presidente. ¿Cuáles serían sus primeras medidas?
Un Rigi para la construcción, levantar los controles cambiarios para que las empresas inviertan y proponerles a los gobernadores que eliminemos los impuestos a los créditos. Los convocaría para formular una propuesta realmente federal y quitar los impuestos a los préstamos. Esas serían las primeras medidas. Un programa económico tiene cien iniciativas. Es una botonera muy sofisticada: tocás un botón y repercute en distintos lugares. Hay que tener una mirada de equilibrio general. Básicamente, se trata de conseguir baja inflación y empleo. Eso da apoyo popular y sustentabilidad política.