Acusaron a Brusa de ser una pieza fundamental del aparato represivo
El abogado santafesino Carlos Pacheco y el ingeniero agrónomo Roberto Cepeda contaron ayer cómo
el civil que da nombre a la más célebre causa que juzga delitos de lesa humanidad de aquella época
en la capital provincial estuvo lejos de ser el personaje secundario y, sobre todo, inocente, que
dice ser.
15 de octubre 2009 · 01:00hs
El abogado santafesino Carlos Pacheco y el ingeniero agrónomo Roberto Cepeda
contaron ayer cómo el civil que da nombre a la más célebre causa que juzga delitos de lesa
humanidad de aquella época en la capital provincial estuvo lejos de ser el personaje secundario y,
sobre todo, inocente, que dice ser.
"Brusa era un represor más", relató Cepeda quien se reivindica como militante
montonero, razón por la que estuviera preso en el centro de detención La Perla, en Córdoba, y luego
en Santa Fe, en la comisaría Cuarta, donde fuera —según dijo ayer ante el Tribunal que juzga
al ex juez federal y a otro cinco represores, ex uniformados— interrogado por Brusa quien
"tras mostrar la sobaquera entre las ropas caras que lucía sacaba el arma y la ponía sobre el
escritorio".
La causa Brusa tiene al ex magistrado federal sentado entre los acusados pero
ayer, a diferencia de otras jornadas, escucho las acusaciones en su contra en silencio y casi sin
gesticular. Escuchó cómo Pacheco relató sus días de "ablande" (palizas continuadas) en La Casita,
un centro de detención en Santo Tomé, antes de ser llevado a Coronda en 1978, donde quien le fue a
tomar declaración fue el entonces joven secretario de Juzgado federal Víctor Brusa buscando una
confesión y amenazando con que "los muchachos de la Cuarta se enojarían" si no decía lo que
quería.
"Volví al lugar donde me habían torturado con submarino en 1977, además mi madre
también fue detenida ese año y estuvo tres días detenida en la comisaría Primera. A La Casita me
trasladó Juan Perizzotti, a quien además de en la Cuarta lo vi en la Guardia de Infantería
Reforzada (GIR). Allí me encontré con otros militantes, como Astessano, Millán, Lezcano, Raviolo y
un señor de apellido Córdoba, estábamos todos en el mismo pabellón", relató Pacheco.
El momento más tenso de su declaración fue el recuerdo del festejo "como si
hubiera sido un gol", describió, de la patota que "a los gritos" celebró haber asesinado a Nilda
Díaz, familiar de un militante peronista que está desaparecido.
Pese a que ya no militaba en Montoneros y ejercía la docencia en Córdoba, a
Roberto Cepeda el Ejército lo secuestró en aquella ciudad en 1977. "Yo era profesor agrotécnico en
un colegio salesiano cordobés. El 11 de mayo de 1977 me secuestró una patota del Ejército que me
estaba esperando en una casa que tenía en el ejido de la institución. Yo temía por mis hijos, por
mi esposa y por los niños de la escuela, por lo que le pedí a los captores que hagan lo que tengan
que hacer y rápido porque el director de la escuela iba a venir en cualquier momento a buscar la
camioneta que yo usaba. Ahí se apuraron y hasta dejaron de robar todas mis pertenencias que habían
puesto dentro de una sábana", relató Cepeda.
En septiembre de ese año fue trasladado a Santa Fe y sometido a torturas en la
comisaría Cuarta. Allí lo interrogó Brusa. "Era un muchacho, bien vestido, era el interrogador.
Impresionaba por su forma de vestir, ostentosa, elegante. No dudaba en sacarse el traje en los
interrogatorios y mostrar la sobaquera con un revólver. Su actitud era patética y su parodia
infantil", definió.