Jueves 04 de Agosto de 2022
Tan sólo 48 horas pasaron para que las calles de barrio Ludueña le respondieran al ministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández. El martes por la tarde, en una exposición en el Senado de la Nación, el ministro habló de una supuesta mejora en la calidad de vida en Ludueña apoyado en un audio de una vecina de la barriada de zona norte. “Esta señora, con mucha calidez, se siente contenta porque recuperó una hora y media de libertad de hacer lo que se le antoje”, explicó Fernández. Pero la única verdad es la realidad. El miércoles alrededor de las 21, dos hombres en una moto se estacionaron frente a la casa ubicada en Bielsa y Cullen. El acompañante bajó del rodado, golpeó las manos como para anunciarse y acto seguido comenzó a disparar contra el frente de la vivienda. Rápidamente la moneda, que estaba en el aire, cayó del lado de la muerte. Varios balazos que perforaron una ventana e impactaron en el dueño de casa, Julio Alberto Sosa, de 58 años. A Sosa lo trasladaron en un auto particular hasta el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez donde ingresó sin signos vitales. Nuevo homicidio en la ciudad cabecera de un departamento que arroja a esta altura del año la escalofriante cifra de 169 asesinatos.
Ludueña es un barrio de gente entristecida. Vecinos con miedo. Gente que ya no sonríe. “Acá de la única manera que se puede sobrevivir es cuidándonos entre nosotros. Yo lo cuido a él, que es mi vecino; él me cuida a mi. Y así la vamos llevando. La policía no existe y cuando aparece es para hacer alguna cagada. Los gendarmes no andan por acá, porque montan operativos de seguridad en las calles principales. Por Junín, por Provincias Unidas, por Juan José Paso. Ahí controlan a los laburantes, porque todo el tufillo se mueve por las calles interiores del barrio. Digale al Ministro Fernández que lo hospedo en mi casa una semanita y que después cuente lo que vivió”, sentenció una vecina que vive a pocos metros de la casa de Julio Sosa.
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“Durante la pandemia el barrio estuvo relativamente tranquilo, pero este año arrancaron cagándose a tiros por cualquier cosa”, comentó un joven de la zona. Barrio Ludueña está delimitado por Provincias Unidas y la vía que corre paralela a Felipe Moré; la vía paralela a calle Casilda y calle French. En lo que va del año en ese sector de la ciudad de produjeron 20 de los crímenes del año. Y si a esa cifra se le suma los cometidos en Empalme Graneros y Larrea, se llega a rozar el 20 por ciento de los asesinatos que se cometieron este año. Entre esos crímenes se destacan hechos que terminaron generando una guerra. El doble crimen de policía en disponibilidad Sebastián Ibarra e Iván Ferreto, ocurrido el 12 de febrero en Vélez Sarsfield al 5500; el de Lidia Menseguez, el 23 de marzo en Liniers 378 bis; el de Cristián “Larva” Fernández, el 14 de abril en Gorriti y Campbell; o el vuelto de este último crimen que tuvo como víctima a Joel Bulnette, ocurrido el 20 de abril en Felipe Moré 650 bis.
En un radio de 200 metros a la escena del crimen de Sosa fueron asesinados este año cuatro personas: “Larva” Fernández (14 de abril); Barbara González, 15 de abril en Gorriti al 6200; José Mugurusa, 16 de mayo en Bielsa y Cullen; Benjamín Melo, el 13 de junio en Bielsa y Campbell.
Vecino de toda la vida
Los vecinos contaron que Julio Sosa era un vecino de toda la vida en la vivienda pintada de verde esmeralda, ubicada en la esquina de Bielsa y Cullen, donde residía con su familia. “La casa ya la habían baleado hace un tiempo atrás”, explicó un vecino de la zona en referencia a una incidencia producida el 12 de abril pasado. Según pudo conocerse el ataque fue sobre una vivienda lindera que también forma parte de la propiedad de la familia Sosa. La casa de la familia está compuesta por una vivienda que ocupa la esquina y la casa lindera.
“Lo que se comenta en el barrio es que una moto se estacionó sobre el puentecito (ubicado en la esquina), se bajó el acompañante, golpeó las manos y empezó a disparar contra la vivienda. Ellos estaban cenando. Julio se levantó para tomar agua o para ver quién era, y los balazos perforaron la ventana y le dieron”, explicó una residente de la cuadra.
Sosa fue trasladado con múltiples heridas en un auto particular al Hospital de Emergencias. Minutos después de su ingreso fue declarado muerto en la guardia del centro asistencial. En la escena del crimen se secuestraron ocho vainas servidas calibre 9 milímetros. El fiscal Adrián Spelta, quien investiga el hecho, comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en el territorio y en el relevamiento de cámaras de videovigilancia públicas o privadas que a simple vista no se visualizaban.
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“Hace años que el barrio ya no es lindo. Siempre fue difícil. Siempre hubo droga. Pero jamás se vio la violencia que se ve desde hace cinco o seis años. Se corren a los tiros desde motos o autos. Si ven a uno regalado en una esquina, le disparan. Todos andamos mirando para todos lados cuando salimos. No tenemos paz”, explicó otro vecino, de los pocos que rompieron con el código de silencio construido por en base al miedo, el hartazgo y la desesperanza.
Otra muestra de como se vive en esta zona de Ludueña es que la casa vecina a la vivienda de Julio Sosa tiene la puerta principal tapiada y revocada. “Cuando empezaron las balaceras mi marido la cerró con ladrillos y cemento. En las ventanas pusimos maderas. Y ahora penamos en tapiar una de las ventanas. El me dice: «Me da cosa arruinar el frente de la casa. Pero si entra una bala y nos mata, ¿qué hacemos?»”, comentó la vecina dueña de casa.