Lunes 28 de Diciembre de 2020
Facundo Contreras, un estudiante de nutrición de 25 años y vecino de Granadero Baigorria, nunca pensó que el regreso a su casa tras residir un año en Brasil lo iba a llevar a que su vida termine tras ser baleado en la bajada Formosa, en la ribera del río Paraná de la vecina ciudad. Según algunos allegados al muchacho, Facundo fue víctima de una bala perdida que no lo tenía por destinatario. Otros aseguran que un auto pasó por el lugar donde estaba reunido con un grupo de jóvenes tomando una cervezas y desde el interior del vehículo les dispararon sin mediar palabras ni amenazas. Lo cierto es que la noche del sábado Facundo recibió un disparo que le perforó el tórax, fue trasladado por quienes estaban con él al Hospital Eva Perón pero llegó sin vida. Ni él ni su familia pensaron jamás que podía morir así, a pocas cuadras de su casa y con un certero balazo.
La bajada Formosa es muy conocida en la zona de la costa baigorriense. Arriba, antes de la barranca, hay chalets residenciales. La calle está a unas cuadras del camping municipal de la vecina ciudad y termina en un muelle precario del cual los fines de semana parten lanchas hacia los paradores de las islas. Es habitual que sobre ese muelle los jóvenes del barrio se reúnan a tomar unas cervezas y disfruten del fresco del río. A pocos metros hay una guardería náutica muy conocida y sobre la costa viven un par de familias que se dedican a la pesca artesanal y dejan atadas sus canoas con estacas sobre la arena.
Facundo Contreras vivía con su familia a tres cuadras de la bajada, en una casa de clase media. Su padre, Aldo, dijo ayer a La Capital que el sábado a la noche estaban juntos y revisando la moto de su hijo. “No eran más de las ocho cuando estábamos en el garaje con la moto, no sé que tenía, y a él lo llamaron los amigos. Siempre se juntaban en la bajada así que me dijo «papá ya vengo» y se fue caminando, ni siquiera sacó la moto así que supuse que no pensaba ir a otro lado. Lo llamaron los amigos y fue, como lo hacía habitualmente.”
Eran cerca de las 21 cuando Facundo con su amigo Gaspar y otros más estaban allí, en la bajada, cerca del muelle, cuando de pronto apareció por el lugar un Renault Clio gris y según le contaron a Aldo desde adentro del vehículo “empezaron a los tiros”.
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Cuando los amigos le contaron a su padre lo sucedido el relato se llenó de imprecisiones que parecen propias del momento que habían vivido: “Mi hija me dijo que había tenido un accidente y que estaba en el hospital como para que yo no me enloqueciera. Pero los amigos me contaron que cuando escucharon las balas se tiraron cuerpo a tierra y que al levantarse del piso se dieron cuenta que Facundo estaba herido. Otros cuentan que el Clio llegó a la bajada y empezaron a los tiros, y que ellos no conocen a los que iban en el auto pero que eran dos personas. Mi hijo nunca tuvo antecedentes penales y sus amigos son chicos del barrio. Hace muchos años que vivimos acá, así que todos nos conocemos. No sé que pasó, ni ellos saben me parece”.
Aldo estaba ayer a la tarde en su casa y sus amigos y parientes se acercaban a darle sus condolencias, a ayudarlo a contener el dolor. “La madre echó a todos los amigos. Ellos fueron quienes lo llamaron para que fuera a la bajada y después cada uno contó algo distinto. Y ella dice que además no lo protegieron. Ella está muy mal”, sostuvo Aldo desconsolado.
Y al ser consultado sobre posibles problemas que tuviese su hijo y que fueran el origen del crimen, aseguró que Facundo no le contó “si había recibido amenazas ni nada raro, creo que no”.
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Facundo estudiaba la carrera de nutrición y Aldo dijo que “estaba en el último año. Vivió un año en Brasil y quería volverse para allá pero con un título. Por eso vino a Rosario a recibirse. Era un chico estudioso y sin problemas. Creemos que fue una bala perdida, que no era para él, pero no sabemos”, sostuvo el padre del joven casi sin poder hablar. Solo respondía preguntas, pero sin entender por qué su hijo recibió un tiro a tres cuadras de su casa y en un barrio “tranquilo”.
En tanto, quienes viven en los chalet de Formosa y Misiones, donde empieza la barranca, cuentan que no escucharon nada, que la zona es tranquila y que el único problema es que “las luces de la bajada no funcionan a la noche”. Una residente del lugar tiene cámaras de vigilancia sobre el declive que da al río y el fiscal a cargo de la causa, Alejandro Ferlazzo, le pidió que cediera el registro de esos videos captados entre las 19 y las 21 del sábado para analizarlos.
Otro vecino que vive sobre la bajada aseguró que “nadie escuchó ni vio nada. En la casa estaban mis hijas y los impactos que escucharon creyeron que podían ser cualquier cosa, un cohete, el corte de una moto. Así que nos enteramos cuando empezaron a venir motitos y llegó la policía, pero al muchacho ya lo habían llevado los amigos al hospital”.
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Luego del ataque llegó al lugar un móvil del Comando Radioeléctrico y los vecinos explicaron a los policías que la víctima había sido trasladada por un amigo en un Peugeot 207 y que estaba en el Hospital Eva Perón. Desde el centro asistencial comunicaron más tarde a la familia que el cuerpo del joven fue “examinado por los médicos de guardia, quienes le diagnosticaron heridas en el tórax con orificio de entrada y salida” y que había fallecido en el camino.
El fiscal Alejandro Ferlazzo entrevistó a los amigos de Facundo quienes dijeron que se “encontraban reunidos en el lugar cuando pasó un Renault Clio color gris desde el cual efectuaron detonaciones”. El representante del Ministerio Público de la Acusación ordenó citar a quienes estaban con la víctima para entrevistarlos nuevamente en la sede de la Fiscalía y ordenó que el cuerpo sea trasladado al Instituto Médico Legal para su autopsia y el estudio de balística.