Tiraron $160 mil por el balcón para pagar por un secuestro inexistente
Delincuentes llamaron por teléfono a una mujer, dijeron tener cautiva a su hija y pidieron rescate. Aterrados, ella y su hijo tiraron sus ahorros desde un tercer piso de Oroño y Córdoba.
7 de abril 2011 · 01:00hs
Una mujer de 60 años fue embaucada al recibir un llamado en el que un hombre le advertía que mataría a su hija, a quien aseguraba tener secuestrada, si no entregaba la suma de 160 mil pesos. Pese a que la situación fue un engaño de principio a fin, la madre de la chica, aterrada, siguió al pie de la letra las instrucciones. Finalmente un hermano de la joven terminó asomándose por el balcón del tercer piso de un edificio de bulevar Oroño y Córdoba y arrojó el dinero en una bolsa blanca de supermercado.
El ardid resultó ruinoso para la familia pese a ser un truco cada vez más difundido. Consistió en decirle en un primer momento a Elsa de G. que sabían el nombre y la ocupación de su hija, Silvana G., y que la joven había sufrido un accidente. Esto supondría, según contaría después Silvana a La Capital, que existió una inteligencia previa de los movimientos familiares.
En la ambulancia. A las 13 de ayer Elsa recibió un llamado al teléfono fijo de su departamento en el que una voz masculina le anunció que su hija estaba en una ambulancia con un traumatismo grave. “¿Que obra social tiene su hija?”—preguntaron— “¿Hay alguien más con usted en la casa?”— insistieron. La mujer contestó que estaba junto a su hijo de 34 años. Entonces le pidieron que llamaran desde el fijo a un celular. Al mismo tiempo pidieron a este hijo de Elsa su número de teléfono celular. Tras recibirlo lo llamaron. De esta manera lograron ocupar las dos líneas telefónicas que había en la vivienda e incomunicar a ambas hacia el exterior. Por consiguiente no podrían corroborar que Silvana estaba bien.
Una vez que Elsa se comunicó desde su línea fija al celular que tenía el delincuente que la había llamado, el tono que adoptó este fue salvaje: “Vieja de mierda te vamos matar a tu hija y le vamos a cortar los dedos, la vamos a violar, no la vas a ver más, va a quedar hecha pedacitos, danos la plata”, les dijeron tanto a la madre como al hermano de Silvana, que se aterraron.
Según la joven mujer, “los ladrones le dijeron a mi mamá que yo les había contado que en casa teníamos 160 mil pesos y que no cortaran las llamadas por que me matarían. Además dijeron que las condiciones las ponían ellos”.
Fue llamativa la caprichosa cifra pedida. La exactitud. Sobre todo al tener en cuenta que no muchas familias tienen ese monto en efectivo guardado en el colchón. A medida que pasaba el tiempo —la llamada y los apremios duraron alrededor de una hora— el aire se volvía irrespirable.
Tanto Elsa como su hijo recolectaron el dinero. La llamada se prolongaba al igual que los insultos. Luego, contó Silvana, “pidieron medio millón de dólares y que bajara mi hermano para llevarlo al banco”. Pero el muchacho no bajó.
Lo que sí hizo fue asomarse al balcón del tercer piso y arrojar una bolsa blanca de supermercado con el monto requerido al principio. El joven se quedó observando quien retiraba el dinero pero le vociferaron por el tubo que entrara. “Le dijeron que si no iban a matarme”, dijo Silvana.
No obstante, las cámaras de un negocio de ropa informal de la esquina lograron filmar los movimientos. Un hombre rengo, con muletas, estaba sentado en el cantero del bulevar. Se paró con dificultad y recogió la bolsa para luego doblar por calle Córdoba, subirse a una moto tipo scooter y escapar en dirección este, segun contó Silvana.
En ese interín la empleada doméstica que se desempeña en la casa fue “corriendo a un locutorio y llamó al negocio para preguntar por mí, me dijo que viniera a casa y me contó lo sucedido. Volví urgente y al llegar vi a mi madre desesperada y en estado de shock pero con el teléfono aún en la mano”, dijo Silvana. “Tomé el tubo y le dije al tipo «que querés H. de P, ya estoy en mi casa». Y cortaron”, expresó.
El balance. “Lo que hacen con la víctima es reducirla como ser humano, te humillan. Por eso en casos así hay que cortar el teléfono”, dijo la mujer hipotéticamente secuestrada. La familia es de buen pasar. Se mudó de zona sur en octubre pasado y tienen empresas y un negocio familiar en las cercanías del departamento de bulevar Oroño. Slvana se dirigió al negocio cerca de las 12.30 y supone que la siguieron. “Sabían mucho”, dijo con voz apagada.
La familia no había hecho recientemente ninguna transacción comercial. “No compramos ni vendimos nada, no fuimos a ningún banco ni al Registro de la Propiedad”, dijo Silvana.
Como epílogo de un día para olvidar mientras hacían las primeras denuncias a un patrullero bajó del edificio una vecina de la familia y a los gritos contó que acababa de recibir una llamad en la que le decían que su marido estaba internado en un hospital. En este caso la mujer se comunicó con su marido y desbarató la coartada de los delincuentes virtuales. La Unidad Regional II consignó que en días pasados hubo delitos calcados en dos departamentos céntricos: uno de Belgrano 90 bis y otro de Salta al 1200. l