Martes 19 de Julio de 2022
Este martes por la mañana el panorama en Spiro al 300 bis fue desértico. La ausencia de vecinos en la vía pública parecía tener que ver con lo que había pasado la noche anterior: el asesinato de un hombre de 43 años con al menos 20 balazos. En ese clima de tensión los pocos que se animaron a mencionar algo estaban tan al tanto de lo que había ocurrido como seguros de que el silencio es el mejor método para evitar problemas. El homicidio apenas se empezó a investigar y se barajan distintas hipótesis, pero si hay algo claro es que ese punto de Villa Manuelita, por sus características, es un lugar condicionado para que ocurran estas cosas.
A Pablo Andrés Cabrera, un albañil de 43 años, lo mataron a balazos cerca de las 21del lunes en el ingreso de su casa ubicada en el interior de un pasillo que nace en Spiro al 300 bis. Alrededor de la escena de este nuevo crimen está a la vista lo que no es más que el escenario de la vida cotidiana de este sector del barrio Tablada conocido históricamente como Villa Manuelita. Las casas baleadas configuran un mapa de la violencia urbana, sugieren que lo que pasó con Pablo Cabrera no es un hecho atípico en este cúmulo de calles angostas y pasillos que se arrinconan sobre la barranca que da a la Circunvalación y más allá al río Paraná.
Eso que está a la vista también se encuentra en los diálogos más casuales. Por ejemplo con una comerciante de la cuadra, a quien se le hace un nudo en la garganta antes de empezar a hablar. Entonces no dice nada sobre el homicidio reciente, pero sí sobre el de su hijo Alexis, que fue asesinado a balazos en agosto pasado. En esa angustia todavía fresca la mujer dice que en este barrio hay gente, como su propio hijo, a la que mataron de rebote.
La cara de Alexis, que tenía 19 años, ahora está pintada a color en un mural ubicado a pocos metros del Bachillerato Popular de Tablada. Esta escuela, llevada adelante por el Movimiento 26 de Junio y donde también funciona un Centro de Acompañamiento y Asistencia Comunitaria, suma un aspecto que complejiza todavía más el panorama barrial: los vecinos y las organizaciones sociales insisten en lograr vivir mejor.
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Desde estos espacios son muy específicos cuando intentan darle un marco a la violencia urbana más allá de los conflictos puntuales. Entonces hablan de la necesidad de urbanizar el barrio, de abrir la maraña de pasillos que no aparece en los mapas pero que existen. Uno de ellos se traza de forma paralela con Spiro y tiene accesos pequeños que conducen hacia el pasaje Convención e incluso llegan hasta Seguí. "En esos pasillos están los entramados que se dan en relación a la venta de drogas y sus conflictos", dijo a La Capital una persona que conoce de ese contexto, que no es descripto como un pormenor o un secreto sino como parte de la vida diaria, de lo que se ve y se escucha.
Más de 20 balazos
Cerca de las 21 del lunes un auto ingresó a la calle Spiro y frenó en el ingreso del pasillo que nace al 314 bis, hacia donde se metieron a pie al menos dos hombres que bajaron del vehículo. Lo que pasó después está siendo investigado por el fiscal de Homicidios Patricio Saldutti. La versión preliminar indica que estas personas fueron al encuentro de Pablo Andrés Cabrera, que estaba dentro de su casa, y lo mataron a balazos.
El personal médico contó en la víctima entre 20 y 30 impactos de bala distribuidos en el pecho y la cabeza. Los peritos, en tanto, recolectaron del lugar del hecho 14 vainas servidas calibre 9 milímetros, nueve de calibre 40 y otros siete plomos.
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Al lado de la casa de Cabrera, en el mismo pasillo, vive su hermana. Su vivienda está marcada por al menos cuatro perforaciones de balazos que los vecinos aseguraron que se trata de episodios de viaje data. Esta mujer estaba en su casa cuando mataron a Pablo y tras escuchar el estruendo de los balazos salió y se encontró con su hermano ya sin vida desplomado en el suelo.
Recién ante los gritos de desesperación de esta mujer fue que los vecinos de otra casa lindera se asomaron al pasillo. Antes, mientras cenaban, prefirieron pensar que los estruendos habían sido pirotecnia. "Sonó como esas baterías que hacen papapapa", contó a La Capital un hombre, intentando graficar lo que en verdad había sido la ráfaga de un arma automática.
El mismo relato vecinal es el que ubicó a Pablo Cabrera como un vecino tranquilo que hacía changas de albañil. "Era un laburante, no se metía con nadie", dijeron. Incluso señalaron una casa de calle Spiro a la que, hace unos pocos días, el hombre le había colocado una puerta. Entre lo que hasta el momento pudo avanzar la Fiscalía en relación al homicidio surge que uno de los hermanos de la víctima esta privado de la libertad, mientras que otro hermano falleció hace algunos años también estando en prisión.
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En ese sentido una de las hipótesis que se barajan es la que posiciona a este homicidio, tanto como a las anteriores balaceras contra la casa de la hermana de la víctima, como parte de un mismo conflicto con uno de sus focos en la cárcel. En ese marco pierde fuerza el rumor barrial sobre un crimen por error, algo que parece quedar descartado ante la precisión de los más de 20 balazos que acabaron con la vida de Cabrera.
El crimen de Alexis
La noche del 25 de agosto pasado Alexis Oscar González, de 19 años, y su amigo Gastón S. V., de 18, estaban parados en la puerta de la casa del primero, sobre Spiro al 300 bis, cuando fueron atacados a tiros. Los agresores fueron dos, se movían en una moto y uno de ellos desenfundó, apuntó y gatilló. Los chicos fueron trasladados por familiares al Hospital Provincial. González falleció producto de las heridas y su amigo quedó internado con pronóstico reservado, según detallaron por heridas de bala en el pecho.
"Los chicos estaban acá, pasaron en moto y tiraron. Son todos pibes vecinos que se juntan acá a tomar algo. Ale era un pibe sano, no tenía problemas con nadie", contó a La Capital una vecina de la cuadra en esa ocasión. Tiempo después sus allegados pintaron la cara de Alexis en una pared de la cuadra. "Dios nos da memoria para nunca olvidar a quien amamos", es la leyenda que acompaña la imagen.
"Acá siempre se juntan los pibes. Pero no sabés si uno tiene una bronca. Entonces pasa esto, tiran al montón y capaz que uno tiene una bronca pero le pegan al que no le tenían que pegar", agregó la misma vecina. En ese sentido se descargó: "Estamos cansadas de que maten a los chicos y que sean un número más. Uno se rompe el lomo para criarlos y en dos segundos te arruinan la vida".