"El Cuaderno de Carlitos": apuntes y revelaciones del testigo contra Alvarado que fue asesinado
Carlos Argüelles llevaba anotaciones acerca de lo que sabía y recordaba sobre su ex jefe y amigo

Sábado 11 de Septiembre de 2021

Durante dos años el mecánico Carlos Argüelles escribió en un cuaderno oficio a rayas lo que sabía o recordaba acerca de Esteban Alvarado, quien fuera su amigo por más de 20 años y para quien trabajó arreglando y adulterando los vehículos que la banda robaba u obtenía en raras negociaciones. En un momento y luego de ser un testigo de hechos que consideró aberrantes se plantó frente a dos fiscales que ya lo habían imputado como miembro de la banda y, cuaderno en mano, denunció a su antiguo jefe. “Creo que es un acto justo declarar y que Dios me protega. Estuve muchos años con Alvarado y no hay detrás de mí ninguna historia oscura. Soy un hombre que cometió errores y estoy dispuesto a afrontarlos”.

Argüelles escribió en soledad, arrepentido. Parado frente a sí mismo. Tenía 46 años, tres hijos. Reflexivo, de estatura mediana, era un hombre común parado en un vértice de su vida. Intentaron matarlo varias veces. De algunas se enteró y huyó, otras se frustraron. Pero el pasado lunes 6 de septiembre cuatro personas fueron hasta su taller y lo fusilaron de dos tiros en la cabeza.

Que no se olviden

En una de las páginas del cuaderno se cuenta el destino final de Nahuel Fernández, hermano de dos de los asesinados en el triple crimen de Granadero Baigorria ocurrido el 16 de abril de 2018. Los muertos fueron Ezequiel David “Parásito” Fernández, de 38 años; su hermano José Horacio “Grasita” Fernández, de 30, y Gerardo “Abuelo” Abregú.

El hecho tiene como imputado a Mauricio Laferrara, aparente jefe de sicarios de Alvarado. Cuando fue capturado en octubre de 2019 en 3 de febrero al 3300, al apodado “Mauri” le secuestraron medio kilo de cocaína pura, 1.400.000 pesos y 6 mil dólares. El triple crimen comenzó a resolverse en el “cuaderno de Carlitos”, como lo llamaban sus amigos, donde también se encontraron pistas sobre el destino del cuerpo de Nahuel “Chino” Fernández, a quien nunca encontraron.

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“A Nahuel lo secuestran y lo llevan a Ibarlucea, a lo de Fabián P., alias “Calavera”. Lo esperan él y dos personas. Lo golpean y torturan. Después lo llevan a un pozo y lo entierran. Cuando (los que lo mataron y enterraron) quieren cobrar, Fabián les dice que no les van a pagar por que Nahuel quería matar a Santino (hijo de Alvarado) y que el mismo Alvarado le había fiado muchos autos (al matador). Miguel B. le dice a Fabián que tampoco les pagaron las muertes de los otros hermanos de Nahuel”. De Miguel B. tampoco se supo más.

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Las páginas están escritas por alguien que no quiere que esas muertes se olviden. Argüelles decidió poner fin a los demonios cuando Alvarado ordenó la muerte de un gran amigo de ese grupo de la adolescencia que conformaban él, Alvarado y dos o tres más. Ese grupo hacía “cosas malas”, como contó Carlitos.

“Cosas malas”

Una de las hojas relata la inteligencia realizada por gente de Alvarado para incriminar a un hombre que “él consideraba su enemigo”, Rodrigo O., en un atentado contra una funcionaria judicial. Fue una balacera contra la casa de una funcionaria técnica de la Fiscalía en Rioja al 500 perpetrada el 31 de enero de 2019. Los tiradores escaparon en un VW Up que quedó filmado por las cámaras de vigilancia callejeras.

En los registros de video no se advertía la patente del vehículo. Pero el comisario Martín Rey indicó que “por información de calle” supo que la patente era AC871SZ. Nunca el comisario dijo de dónde había salido ese dato. Pero luego se comprobó que tanto él como su hermano, el comisario Marcelo Rey, habían plantado datos falsos que ya formaban parte de la organización de Alvarado (incluso ambos aceptaron condenas por esa razón). La patente introducida por Rey era la del VW Up de Rodrigo O., implicado en la causa Alvarado. Y para éste ahora es su enemigo.

El cuaderno cuenta lo que hizo Alvarado para implicar a Rodrigo O: “Conectar al infiltrado (Rey) preparar un auto que sea igual. Marce trajo un Up, pero es otro modelo. Polanco trae otro y de los dos se completa uno igual. Tiene que quedar expuesto en las cámaras de vigilancia en la casa del “Chulo Olivera” (hombre ligado a Los Monos). Con este auto y Olivera se desincrimina a Esteban de los atentados. Después hacen seguir a Rodrigo O. y plantan los TF (en alusión a teléfonos celulares que hicieron pasar como si fueran de Olivera) en el techo de la casa (de calle Rioja)”.

Las páginas cuentan varios hechos y planificaciones: “Matar al fiscal Ferrari de Buenos Aires”, en posible alusión el fiscal bonaerense Patricio Ferrari que investigó a Alvarado por “La banda de los rosarinos”, que robaba autos de alta gama en el norte del conurbano y los traían a Rosario para desguazarlos. En esa causa Alvarado fue condenado a seis años de prisión.

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Reflexiones

Los cuadernos también apuntan reflexiones que Argüelles había escuchado decir a Alvarado. “A veces hay que matar aunque sea un gil, sirve para el marketing. Antes que llore mi mamá, que llore la tuya”.

Y también visiones del propio Carlos sobre quien supo ser su amigo: “(Alvarado) es como la gangrena, te toma una parte y te come entero. Esteban sabe que mientras haya visitas y balas todo se soluciona”.

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A medida que se acerca el juicio a Alvarado, que aún no tiene fecha, Argüelles iba anotando sus propias reflexiones. El 29 de marzo de 2020 escribió: “Esto no es un juicio por un autito o un robo que salió mal. Piensen qué se está jugando hoy acá. Son personas, no números, los muertos. Pienso en esas madres, en esos hijos que ya no volverán. Han tapado sus oídos frente al dolor, han sido indiferentes ante tanta muerte. El silencio cómplice es la primera arma que tienen los violentos. Ellos fueron peligrosos porque nosotros tuvimos miedo. Al final nada quedará impune”.

En otro párrafo desgrana: “Hay que asegurarse tiempo para las relaciones humanas, no se dejen robar la libertad. La felicidad es también un poco de solidaridad”.

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Cuatro días después de que mataran a Carlos Argüelles, un fiscal que estuvo paso a paso en la causa aseguró: “El sabía que iban a matarlo, le ofrecimos cobertura y la rechazó. No sabemos si pensó en su familia y tuvo miedo por ellos”.