Caso Bocacha Orellano: "Al pibe lo tenían agarrado, se zafó, cruzó la baranda y se tiró al río"
Lo declaró un testigo de la caída al agua del joven de 23 años que murió ahogado frente a La Fluvial en febrero de 2020. Era parte de un grupo de pescadores que presenció el hecho

Martes 18 de Abril de 2023

La noche en que Carlos “Bocacha” Orellano fue retirado a la fuerza de un boliche de La Fluvial y murió ahogado en el río, un grupo de amigos pescaba en la costanera a un costado del complejo. Se habían instalado bajo un árbol, alrededor de un fuego. Cinco de ellos contaron que esa noche un chico fue retenido por el personal de seguridad, pero que logró escabullirse y se arrojó al agua: “Vimos que manotearon a un pibe y se zafó por abajo. Ahí nomás está la baranda. Se cruzó del otro lado y se tiró”.

Ese relato de un barbero de zona oeste fue uno de los que se escucharon este martes en el juicio por la muerte de Carlos “Bocacha” Orellano. El testigo dijo que escuchó la caída del muchacho al agua y recién cuando apareció el cuerpo a los dos días se enteró de que era Carlitos, a quien conocía del barrio y de la hinchada de Rosario Central. Con él estaban cuatro amigos que también declararon en la investigación del fiscal Patricio Saldutti. Uno de ellos fue asesinado a tiros en marzo pasado y su aporte se transmitió en una declaración filmada.

La ronda de los testigos de la caída al agua de Orellano fue el eje de esta jornada del juicio que arrancó la semana pasada, con una duración prevista de dos meses. El fiscal y el abogado querellante Salvador Vera solicitaron penas de 17 a 23 años para dos policías y dos patovicas acusados de haber golpeado al joven de 23 años junto a una baranda y determinar que se lanzara al Paraná, sin socorrerlo ni dar aviso inmediato de la caída.

En prisión preventiva desde hace más de dos años, los acusados son Karina Gómez, de 42 años, y su pareja Gabriel Nicolossi, de 39, dos policías que cumplían servicios adicionales en el boliche, y los empleados de seguridad del local Emiliano Oscar López, de 32 años, y Claudio Fabián Maidana, de 55, que era jefe de la custodia. Llegaron a juicio imputados de homicidio con dolo eventual, es decir que se habrían representado la posibilidad de una muerte sin evitarla. Los policías también afrontan delitos como incumplimiento de los deberes y falsificación de documento público.

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Bocacha, empleado en la fábrica Liliana, había ido a bailar al boliche Ming River la madrugada del lunes 24 de febrero de 2020, un feriado de carnaval. De acuerdo con la acusación, el joven estuvo con amigos hasta que entre las 4 y las 4.30 fue retirado por personal de seguridad cuando intentaba ingresar al VIP. Una vez fuera del boliche se encontró con los cuatro imputados en la parte trasera y les pidió volver a entrar, cerca del muelle 3. “Lejos de la vista de la mayoría del público, lo agreden físicamente, lo rodean y lo golpean. Le dejan como única vía de escape el río Paraná”, dijo el fiscal

Los únicos testigos directos de ese incidente fueron los amigos que pescaban bajo un gomero, al lado de una puerta enrejada que separa el paseo público de la pasarela interna de La Fluvial junto al río. Uno de ellos es un barbero de la zona oeste que se llama Joaquín y le dicen “Cacu”. Al declarar ante los jueces Mariano Aliau, Aldo Bilbao Benítez y José Luis Sosa, con el padre de Bocacha y un grupo de familiares en la sala, contó que con sus amigos Lucas, Juan, Benjamín, Mauro e Imanol habían ido a pescar a ese lugar aquella noche.

“A las 4 de la mañana se armó un tumulto y vimos una secuencia en la que los patovicas sacaron a un pibe del boliche de mala forma. Se les esconde y lo buscan. Lo encuentran, lo manotean y el pibe se zafa por abajo. Ahí nomás está la baranda. Se cruzó del otro lado y se tiró”, relató, de corrido. Luego distinguió dos momentos. Primero, cuando el personal intentó hacer ingresar al chico al local, pero se les escapó. Y el segundo, cuando lo retuvieron junto a la baranda hasta que se lanzó al río, a unos setenta metros del grupo de pescadores.

El testigo precisó que quienes rodeaban al muchacho eran “cuatro o cinco personas” entre las que distinguió a dos o tres patovicas “vestidos todos iguales”, con camisa blanca, corbatas y pantalón negro. Primero vio que “sacaban del baile a una persona” que se escapó y se escondió. Entonces uno de los patovicas que se acercó adonde estaba con sus amigos y lo vieron cabecear buscando al joven, hasta que se escuchó que alguien dijo “acá está” y retrocedió para reunirse con los demás.

Al pibe lo manotean, lo agarran mal, se lo querían llevar. Lo tenían agarrado… no sé, del cogote, de los brazos. Él hace una maniobra, se les zafa por abajo. Tenía la valla a centímetros y se tira. Supongo que salvándose de la situación”, puntualizó el testigo. Sobre las personas que habían acorralado al muchacho contó que luego “se asomaron, miraron al río y se fueron de vuelta para otro lado. Al rato amaneció. Unos veinte minutos después pasó una lancha de Prefectura, dio una vuelta y se fue”.

En el juicio también se transmitió un video de la reconstrucción del hecho en el que este mismo testigo, parado junto a la puerta enrejada, señaló el lugar de los hechos. Dijo que se escuchó el ruido del “chapuzón” pero no vio la caída de Orellano al río. “Se le sale la camisa y salta en cuero al agua. Salta del otro lado, corte escapándose. Suponemos que se fue nadando”, detalló, y reveló que fue un amigo de Orellano -ahora detenido en Coronda- quien lo contactó para que declarara.

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También a través de la filmación de aquella medida en el lugar de los hechos se pudo escuchar la voz de Victorio Benjamín Echavarría, otro testigo. Un joven al que mataron a tiros el miércoles 1º de marzo en Amenábar al 6200, un día después de que cumpliera 25 años. Lo bajaron de un Renault Sandero gris, lo ejecutaron con al menos siete balazos y junto al cuerpo dejaron un mensaje dirigido a un preso que vivía a escasos metros, ligado a un conflicto con la barra brava de Newell's.

En la reconstrucción de la muerte de Bocacha había brindado una declaración que se transmitió en la sala: “Lo agarraron de los brazos como si forcejearan. No pude ver si cayó porque ahí hay un bar, pero se escuchó como se caía al agua. Las otras personas miraron y volvieron al baile. El forcejeo sí lo pude ver bien”.

Para ampliar sus dichos declaró en la sala una empleada de la fiscalía que le había tomado declaración. Entonces dijo que alrededor de Orellano vio entre cuatro y cinco personas. Entre ellas reconoció a una mujer policía que gritó que habían encontrado al joven. Según su testimonio, Bocacha vestía una camisa blanca que perdió en el forcejeo: “No pude ver bien porque había una baranda que es alta pero el forcejeo sí lo pude ver bien”.

La empleada repasó informes de los teléfonos de los testigos que esa noche se activaron en las antenas de avenida De los Inmigrantes 410 y avenida Libertad 480, en cercanías del boliche. Y también reprodujo la declaración de otro testigo que falleció el 10 de abril en el Hospital Provincial. Era un hombre en situación de calle que dormía en una guardería náutica lindera al boliche, a quien dos días después del hecho un conocido le contó de la caída al río de un muchacho. Algo de lo que se había enterado a través de otra persona en situación de calle que hacía malabares en la zona. Pasado el mediodía declaró el resto de los pescadores del grupo.