Carlos Cáceres es un hombre que está sólo y espera. El papá de Walter Cáceres,
el pibe de 14 años asesinado a balazos en una emboscada contra colectivos de la barra brava leprosa
la madrugada del jueves 4 de febrero pasado, sigue pensando que detrás de ese ataque está la mano
de Roberto Pimpi Camino, el ex líder de la barra rojinegra. Y que desde que murió su hijo nadie de
la Justicia, la policía o el poder político se le acercó "aunque más no sea para dar el
pésame".
En una entrevista que concedió ayer a la mañana a La Capital, Cáceres explicó
que Walter "tenía reservado un lugar" para viajar a ver a Newell’s en su excursión a Ecuador
cuando jugó contra Emelec la semana pasada por la Copa Libertadores de América, y que ese viaje "lo
pagaba la comisión directiva del club"; dijo que su hijo era "tan hincha de la lepra" como él, pero
que no tiene nada que ver con la barra brava; y pidió que la jueza Roxana Bernardelli, a cargo del
expediente que investiga la trágica emboscada investigue a Pimpi Camino y su entorno por el ataque
a los micros.
Con sólo mirarlo queda claro que el hombre es fanático de Newell’s. Ropa
informal roja y negra y hasta medias con el logo del club. Llegó al lugar de la entrevista
manejando una moto roja de 110 centímetros cúbicos decorada con una calcomanía del Gauchito Gil,
del cual se confiesa devoto, y stickers de Newell’s. Contó que esa motito se la compró con
"una plata ganada en la quiniela". Que nació en villa Banana y que en algún momento de su vida
vivió en Brasil. Que tuvo una niñez sufrida: "Por pedir un pedazo de pan me pegaban con un
rebenque", comentó.
Cáceres asegura que se lo conoce por muchos apodos, pero que el que más le
sienta es Halcón. Que en los ochenta trabajó como empleado de seguridad privada y que el 6 de enero
de 1989 recibió seis balazos al evitar que su ocasional protegido (de quien no quiere dar el nombre
para preservarlo) fuera asaltado. Pero hoy vive del cirujeo y cruza la ciudad una y otra vez en un
carro pintado de rojo y negro. Junto a su mujer y los tres hijos que le quedan (dos mujeres y un
varón) vive en una humilde casa de barrio Santa Clara, al oeste de Circunvalación y 27 de
Febrero.
También relató que Walter estaba terminando sus estudios en la escuela número
1314, Olga Cossettini, de Nicaragua al 2400, en barrio Godoy. "Sería bueno que fueran a la escuela
y hablaran con la directora y las maestras de Walter para que ellas les cuenten qué clase de hijo
me mataron", pidió Cáceres. Y recordó que el pibe lo acompañaba a cirujear de lunes a viernes. "Si
ganábamos 100 pesos lo repartíamos y yo le contaba cómo era la vida económica. Le decía que
guardara plata, que si quería comprarse un sandwich lo hiciera, pero que no se gastara todo en un
día. Y si alguna vez se quería comprar algo y yo podía, lo iba a ayudar". También dijo que el sueño
de su hijo era ser médico o corredor de autos. Y aseguró que tanto él como Walter son hinchas de
Newell’s y sólo iban a la cancha por alentar a la lepra.
—¿Desde cuándo viajaba Walter a ver a Ñuls como visitante?
—Desde hace cuatro años. Primero fue conmigo. Siempre me decía: «Papi,
¿cuando me vas a llevar a la cancha?» El primer partido fue contra Gimnasia y Esgrima de La Pata en
el Estadio Unico. Y le gustó. Lo metí en medio de la hinchada, entre los bombos, y eso se le metió
en la sangre. Estaba feliz, se lo contó a toda la escuela.
—En algún momento usted sugirió que Walter tenía un pasaje para ver el partido
Newell's-Emelec en Ecuador. ¿Cómo consiguió el dinero para el pasaje?
—Lo pagó la comisión directiva del club. Mi señora escuchó que la Justicia
quería investigarnos sobre eso y la gente se pregunta: «¿Cómo puede ser que ésta gente siendo
ciruja se pague un viaje a Ecuador?» Yo no tengo plata. Soy amigo de la hinchada y me regalaron el
pasaje por una cuestión de honor. Por ser un buen fanático de Newell’s, respetuoso, educado y
con códigos.
—¿Pero quien es el Halcón Cáceres para que la comisión de Newell's le regale un
pasaje a Ecuador?
—¿Quien es el Halcón Cáceres? Un buen hincha que va a la cancha de
chiquitito. Va a todos lados, no molesta a nadie, es respetuoso. Uno de los mejores hinchas. Vos te
vas a mi casa y yo tengo una bandera de Newell’s grande como este salón (unos 4 por 3 metros)
a la que ahora le voy a hacer poner «Walter presente».
—¿Y cómo iba a ir Walter siendo menor?
—Iba a ir yo, pero se lo dejé a él para que pudiera cumplir su sueño.
Estaba enloquecido por viajar en avión. Les dije (a los del club) que en lugar de regalarmelo a mí,
se lo dieran a mi hijo. ¿Pero qué iba a comer? ¿Aire? En mi casa tengo los talonarios de las rifas
que le dio Newell’s para sortear una camiseta y un pantalón firmado por los jugadores. Estaba
enloquecido por vender la rifa. Y de ahí iba a sacar para pagarse la comida y la estadía. Eso, más
dinero que venía juntando desde el año pasado.
—Lo primero que se me ocurre al oírlo es que usted es parte de la barra
brava.
—Yo estoy metido dentro de la barra, pero es por amistad. Yo soy hincha y
lo que hagan ellos con sus cosas no es mi problema. Adentro de la barra se han peleado y yo me
hacía el tonto y me corría para un costado. Voy a la cancha por Newell’s y si me voy a
agarrar a piñas va a ser por Newell’s.
—¿Cómo sigue la vida sin Walter?
—Igual que siempre. Tuve que agarrar el carro y salir a cirujear. Porque
ni la jueza ni nadie me va a dar un pedazo de pan. Estoy pensando en vender esta moto porque no
tengo nada. Así que me gustaría que no hablen al pedo.
—¿Cómo ve la investigación judicial?
—Me gustaría que la jueza deje de buscar perejiles y lo agarre a Pimpi.
¿Qué está esperando, que se fugue? En el diario salió el sábado que la Tropa de Operaciones
Especiales (TOE) iba a hacer procedimientos en la zona sur. Da para pensar que se le está avisando
a estos tipos para que se escondan. Hoy leí el diario y no vi cuales son los resultados de esos
procedimientos.
—¿Le parece que se están investigando todas las hipótesis?
—Estoy enterado por lo que leo en los diarios o escucho en radio o
televisión. La Justicia no me llamó, ni siquiera para preguntarme si conozco a mengano o a fulano.
Yo a este Chino (Carlos Fernando Fleitas, el principal acusado y detenido por el ataque) no lo
conozco. De la gente de Los Monos (la banda de Las Flores que habría estado implicada en el hecho)
conozco a varios, algunos viven en mi barrio. Sin embargo nadie vino a investigar a este barrio. ¿Y
si las armas pasaron por acá?
—¿Creé que existe algún interés por saber quién mató a Walter?
—Para mí todo esto se está moviendo solamente porque yo les puse la soga
al cuello. Pero yo no leo en los diarios que hayan agarrado a Pimpi y le iniciaran una causa
judicial. Están sobre los perejiles. Antes de salir de la cárcel, Pimpi amenazó a una jueza (Raquel
Cosgaya). «Hay que matar a esta perra», dijo. Yo lo leí en los diarios. La jueza se asustó y dio un
paso al costado. Ahora pasó esto con mi hijo. Y otras tantas cosas que pasan en la calle y que los
jueces saben sobre Pimpi. Qué, ¿no lo pueden tocar? ¿Quien es, Dios? ¿Tanto miedo le tienen
ahora?
—¿Recibieron algún llamado de solidaridad desde el día en que murió su hijo?
—Nadie me llamó. Ni siquiera para darme el pésame. Sólo gente que me
conoce, pero nadie de la Justicia, del gobierno o de la policía se contactó conmigo. Se me acercó
mucha más gente a darme el pésame de las anteriores barras de Newell’s, que estos tipos o el
mismo Pimpi.
—¿Sigue pensando que Pimpi está detrás de la emboscada que se llevó la vida de
Walter?
—Yo comprendo que ellos quisieron hacer un trabajo y les salió mal. Pero
por lo menos me hubieran llamado. Me hubieran dicho: «Loco, perdón. Nos confundimos». Y después es
la Justicia la que sabe qué es lo que tiene que hacer.
—¿Alguien lo amenazó por lo que dijo después de la muerte de Walter?
—No, para nada. Pero no hay que confiarse. Sí vino la policía la semana
pasada a mi casa, un día a las 23.30, a decirme que tenían una citación para que me presentara ante
la jueza. Pero era una mentira. Vinieron del Comando Radioeléctrico en una camioneta. Tengo el
número del auto y la patente. Medio barrio los vio.
—¿Tiene miedo?
—No. Que hagan lo que tengan que hacer. Si me ponen un tiro es porque
alguien mandó a que me cerraran la jeta. Y eso puede venir de cualquier lado. De cualquiera de los
que están metidos en esto. Se que el que venga no va a venir de frente. Con todo lo que yo conté
públicamente la jueza ni se preocupó en ponerme custodia. Yo sé que con lo que dije removí el
hormiguero. ¿Y ahora cómo salimos de esto?
—¿Que piensa cuando se insinúa que usted lo que quiere es arreglar con alguien, qué
está buscando dinero?
—No quiero plata. Ningún dinero me va a devolver a Walter. Lo que quiero
es que se investigue y metan presos a los que mataron a mi hijo.