Últimos días de un mandato en Newell's que merece correcciones de fondo con la nueva dirigencia

La comisión directiva conducida por Astore fue personalista, le faltó escuchar al socio y un mal manejo del fútbol provocó deudas y riesgos en el fútbol

Miércoles 10 de Diciembre de 2025

Mirar hacia atrás es un ejercicio saludable para tratar de no repetir errores. Los candidatos a administrar Newell’s por los próximos cuatro años, a partir de las elecciones del 14 de diciembre, tienen la tarea de corregir la política que llevó adelante la comisión directiva que concluirá su mandato el domingo.

Una serie de desaciertos que empujaron al club a una situación compleja en varios aspectos. Entre otros el futbolístico, la razón de ser de la institución, y el económico. El riesgo de la pérdida de la categoría del equipo de primera y una deuda que, según las distintas voces políticas, es de entre 30 y 40 millones de dólares resultó la consecuencia de una dirigencia que cumplió poco de lo prometido.

“Hay que aprender que Newell’s es tan grande que los individualismos no van más acá”. La frase no pertenece a un candidato actual a la presidencia. Fue pronunciada por el presidente Ignacio Astore en una entrevista con La Capital, una semana después de que venciera en las elecciones del club en 2021.

Una administración cada vez más cerrada

Pero la gestión que llevó adelante fue lo contrario. El máximo directivo poco a poco fue cerrando el campo de acción, adoptando decisiones de las que no formaban parte el resto de la comisión directiva. Llegó a tal extremo que en la última parte de su gobierno se refugió en su círculo familiar.

Los sistemas presidencialistas, como tienen los clubes, de alguna manera derivan en manejos personalistas. Pero en Newell’s se fue al extremo. Prevaleció la desconfianza. Por lo tanto, las determinaciones quedaron reducidas a muy pocos.

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Ni siquiera se escuchó a socios quienes, con el único interés del crecimiento del club, aportaron idea y proyectos. Uno de los tantos allegados, esos de buena voluntad, se terminó cansando de que fuese tratado con indiferencia a cada plan que sugería. Hoy habla con amargura de la expectativa que depositó.

Ni diálogo ni apertura a los socios de Newell's

En sintonía, el diálogo de la dirigencia con los distintos sectores políticos fue prácticamente nulo. Hasta con promesas incumplidas, tal el caso del adelantamiento de las elecciones. La vida política, que implica debate, intercambio de ideas y discusiones, estuvo ausente.

Los prometidos informes periódicos sobre la situación del club, para que el socio y el hincha estuvieran al tanto, nunca se hicieron. Faltó información, un insumo fundamental para que el asociado evalúe lo que se está haciendo y cómo se está haciendo.

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Entre la falta de claridad, hubo dos mercados de pases, el de comienzos de 2023 y el de mitad de 2024, de los que no se dieron a conocer las cifras. El primer mercado se supone que fue el de la inversión más elevada de la actual gestión, entre 5 o 6 millones de dólares, según dijo Astore en una entrevista.

Eso cuando todavía hablaba con la prensa, de la que se fue distanciando. La tolerancia no fue una virtud. Y varias veces lo hicieron saber, él mismo o sus más cercanos. Nada muy distinto a los tiempos que corren en otros ámbitos.

El bono antiestatutario y la fiesta frustrada

El aporte económico de los socios es siempre una fuente importante de recursos, pero la dirigencia cayó en excesos. Desde 2023 normalizó el cobro de un bono, implementado en forma antiestatutaria. Porque se obligó a pagarlo a todos los asociados, siendo que el estatuto, que habilita a la implementación del bono en dos ocasiones al año, fija que deberán abonarlo solo los que concurran a presenciar un partido.

La Fiesta Aniversario por los 120 años, suspendida por lluvia y que nunca se concretó, fue otra desprolijidad. No se precisó con claridad cómo podían recuperar el dinero los que habían comprado su entrada.

Herrera

Luciano Herrera cabecea en el último partido en el año de Newell's. El equipo sufrió con el tema del descenso.

A todo esto, el asociado se amargó con equipos que no fueron competitivos. Una clasificación a la Copa Sudamericana y en el resto de las competencias, lejos de todo. Cambios constantes de entrenadores, coordinadores y directores deportivos. Incorporación constante de futbolistas sin ningún beneficio y por montos importantes. Y venta de juveniles, como Mateo Silvetti y Tomás Pérez, sin tiempo para aprovecharlos.

“Hay que esperar la madurez que corresponda, porque sino no termina afianzándose con nosotros y explota en otro lugar. Y nosotros queremos ser protagonistas y volver a la escuela de los 80”. Así fue que Astore sentó posición sobre lo que pensaba en relación a Nicolás Castro en 2021. Lo cumplió. Pero luego fue diferente. Esas palabras se repiten ahora en campaña. Falta que sean realidad.