Luis Rubio, "un central limitado, pero expeditivo" que le dio forma a un Éber Ludueña rústico

El actor y humorista habló sobre su infancia en Rosario, su amor por Central, la amistad con Marco Ruben y en una charla con "Historias en juego" contó cómo surgió su emblemático personaje

07:00 hs - Martes 21 de Abril de 2026

A veces un personaje puede llegar a superar a la persona, al menos en cuanto a reconocimiento popular. Y algo de eso existe con Luis Rubio que con su creación de Éber Ludueña logró trascender de una manera casi inesperada. Ese jugador rústico y poco polifuncional, de bigotes llamativos, cabellera rubia y larga, logró encaminar la carrera del rosarino que tenía en su mente la idea de ser actor, pero la parte cómica no estaba dentro de su radar. Las cosas del destino hacen que "una serie de factores hacen que uno se vaya redireccionando". justificó el actor nacido en Pavón Arriba que se definió como "un marcador central muy limitado, pero expeditivo".

Embed - Historias en Juego: Luis Rubio

"En Rosario me conocen más como Luis Rubio (de 60 años) porque he tenido una carrera en la prehistoria de Éber, ja. En la ciudad arranqué con mis programas, mis cosas de humor", inició el diálogo con La Capital para el ciclo "Historias en juego" en un bar de barrio Belgrano, en Buenos Aires. El rosarino por adopción logró pegar el salto del reconocimiento con la creación de su mítico personaje del fútbol Éber Ludueña, un defensor aguerrido pero poco dúctil, con tres matrimonios en su haber (Silvia Peyrou, Adriana Brodsky y Manuela Bravo) y de novio en la actualidad.

Con su nave insignia del personaje de jugador, Rubio armó una carrera que lo llevó a hacer lo que más quería: actuar. Si bien su idea era ir por otro camino, el humor fue el que lo condujo al reconocimiento popular, conocer a grandes personalidades y acumular anécdotas de todo tipo. Como actuar en un casamiento donde "el novio desistió de la boda" o en un bautismo donde todos estaban peleados y "el ambiente era pésimo". El Luis actor tiene su corazón con Central y si bien de chico tenía de ídolo "al Negro González por mi papá", de grande uno de los predilectos es "Marco Ruben (ya retirado), un tipo moderado y prudente cuando declara, no es tribunero, no es vendehumo y fue un gran goleador".

-¿Cuántas cosas te dejó ese personaje de Éber Ludueña?

-Una enorme popularidad, me permitió conocer gente como deportista digamos célebre como Emanuel Ginobili o Gabriel Batistuta que ya es medio amigo, nos escribimos. Conocé también a Maradona y Messi.

eber ludueña Luis Rubio

-¿En tu idea estaba ir por ese lado o te enfocabas en otra cosa?

-No, la verdad que uno la carrera la va haciendo un poco paso a paso y vas viendo prueba y error, qué funciona, para dónde ir y se va redireccionando todo el tiempo. Empecé con el tema del teatro, a estudiar actuación y me imaginaba como un actor, no como un cómico. De hecho siempre cuento que en lo de Norman Briski -actor y maestro-, donde yo estudiaba, había dos seminarios, uno de interpretación y otro de comicidad. Y en el de comicidad estaba Daniel Aráoz, Alfredo Casero y yo ni aparecía por ahí, ni preguntaba horarios. Sabía que no estaba en el radar en esa época para hacer humor, pero después como en cualquier carrera vas probando. Una serie de factores hacen que uno se vaya redireccionando.

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-Recién lo nombraste a Norman y es como un sello. Estudiar con él te da otra chapa, es como el que dice "voy a estudiar a Harvard." ¿Es tan así?

-Sí, Norman es un gran maestro. Sigue siéndolo. Es un gran actor también, pero un excelentísimo maestro. Sus clases eran muy intensas y sufría bastante. Era un tipo más bien callado, una especie de mesa, digamos introvertido. Para mí era un desafío enorme, la pasaba intenso, pero viste eso que se dice que "todo lo que no te mata te fortalece". Lo soporté, pude hacerlo durante años y la verdad que siempre agradecido y me ha dejado muchas cosas, muchas frases, muchas cosas que como todo buen maestro repetía algunas sentencias, ciertas frases las repetía.

-¿Los que te conocen de chico se sorprendieron al ver lo que hiciste? Porque dijiste que eras introvertido.

-Sí, era así. Me ha pasado con algún novio de mi hermana que eran actores o directores de teatro. Jamás me hubiese imaginado hacer lo que hice. En la primaria era más bien monigote, de hacer payasadas. En la secundaria tipo más bien observador y espectador. Pero con el paso del tiempo uno va descubriendo cosas.

Luis Rubio

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-¿De qué barrio eras y a qué escuela ibas?

-En la primaria fui a Nuestra Señora de Pompeya y en la secundaria al Politécnico. Mi viejo era labrador en el ferrocarril. En el fondo de mi casa tenía un taller y hacía herrería artística. Era de inventar cosas, laburar con hierros. Había algo artístico en la familia, pero en otro rubro. Mi viejo era muy histriónico, muy de las anécdotas y un tipo muy animado. Mi vieja era más tranqui. Tengo un perfil más retraído. Uno hereda cosas de cada uno.

El origen de Éber

-¿Cómo surgió el personaje?

-El personaje era una parodia de los programas. Eso fue más partidario de clubes de bajo presupuesto. Empezó como una parodia. Hubo que ponerle un conductor y dije: "Bueno, el conductor tiene este look porque es un tipo que está un poco varado en los 80, fines de los 70". Y tiene un programa de fútbol que era una mezcla del rinconcito de los jubilados con los programas partidarios y te dan todos consejos para veteranos, para tipos que se están por retirar. Era una cápsula de humor, editada, guionada y luego la hacíamos con un par de productores, un editor, un coguionista y después Alejandro Fantino, en un momento, me dijo: "Vení a hacerlo en vivo". Y yo era un poco reticente porque trabajaba en radio a la mañana, me levantaba temprano. Entonces ir a "Mar de fondo", que iba a la noche, para mí era medio difícil y al principio me negué, hasta que me convencieron. Cuando alguien me pregunta algún consejo o algo digo que no crean tanto en sus convicciones porque esas son mentiras, son artilugios que uno arma para no hacer ciertas cosas. Para estar más cómodo. Así que a veces hay que animarse y a mí me insistieron varias veces para hacer cosas que no quería por miedo. Y al final funcionaron.

-Sucede a veces con personajes que pensás que la vas a romper y no sucede, y otro al que no le tenés fe y anda bien.

--No hay nada que esté asegurado. Por ahí viene el cuatro de Banfield a una entrevista y te morís de risa. En este oficio hay mucha alquimia.

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-Éber es conocido por ser jugador rústico, ¿qué tal era Luis Rubio?

-No, no jugaba bien. Me gustaba jugar porque era alguna actividad que hacíamos con amigos, así que íbamos al parque Urquiza con el colegio. Y después solíamos ir los sábados a jugar contra los del barrio La Sexta, ahí estaba Marcelo Lewandowski (experiodista y actual senador). Yo era defensor. Al ser grandote era más bien defensor central. Uno limitado, pero muy expeditivo. Cabeceaba para rechazar, era mi jugada. Sacarla del área para mí era un gol.

eber ludueña Luis Rubio

-¿Es decir que no te probaste en algún club?

-No, jamás, estaba lejísimo del deporte. Jamás se me hubiese ocurrido. Lo cumplí de grande porque en un confuso episodio terminé vinculado al deporte, ja.

-Lo cierto es que estuviste siempre vinculado por la pasión por Central.

-Sí, sobre todo cuando me fui de Rosario. Es como que te agarra más la nostalgia. Uno está lejos y se abraza a esas cuestiones. Te ata, te une a tu raíz, a tu viejo, a tu familia, a tu origen. Estando en Buenos Aires me he vuelto más de Central que estando en Rosario.

Su admiración por Marco Ruben

-¿A quién tenías de ídolo? ¿A quién seguías?

-Mi viejo era muy fan del Negro González. Viste que jugó mucho y tiene récord de partidos. Justo de cuatro. Tuve la suerte de ver el equipo de Palma, de Bauza... Seguí esa campaña que le gana Racing de Córdoba de visitante. Fuimos hasta Córdoba con mi viejo y salió campeón. Esa campaña la seguí entera. Ahora Fideo Di María se lleva todo, pero Marco Ruben siempre me pareció un crack porque es un hincha, es un tipo moderado y prudente cuando declara, no es tribunero, no es vendehumo y un gran goleador. Implacable, así que Marco siempre me cayó muy bien.

-¿A Di María tuviste la chance de conocerlo?

-Tengo una foto con Fideo de hace muchos años, lo encontré en un restaurante y me saqué una foto. Lo fui a ver jugar con River, que lo dimos vuelta, y es un espectáculo. La verdad que al tipo le sobra calidad, jerarquía. Emociona.

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-No es nada fácil vivir de actor, hay que arremarla. Tampoco es sencillo el humor y has recorrido distintos lugares del país. ¿qué situaciones has vivido un tanto llamativas que hoy recordás?

-Actuar en un barco en el canal de Beagle. Hay un video de Éber en un catamarán. Después actuar en un cumpleaños de un nene que cumplía un año, era el bautismo. El nene no se enteró nunca, pero el papá era fanático mío. El tema es que hubo un problema con una tía, no sé qué discusión se produjo y había un clima pésimo. Me ha pasado de todo. Actué en un casamiento donde el novio había desistido de la boda y el organizador me dijo: "Hacelo igual. Ya que está todo pago hacelo como un cumpleaños". Imaginate el clima espantoso.

-A pesar de tu experiencia de haber actuado tanto, ¿cómo se sale de esa situación ya que es difícil hacer reír en ese clima?

-No se sale. Hay veces que están borrachos o me ha pasado actuar con un calor tremendo, corte de luz, generador andando, pero el mismo no alcanzaba para refrescar, estaba todo el mundo asfixiado. Cuando no están dadas las condiciones para hacer humor no hay manera. Uno del público se me ha desmayado. Y bueno, no te podés inmolar. Cuando empezás en esto querés hacer reír a todos y que siempre funcione. Lo que hacés es remar, poner piloto automático y tratar de llevar el barco a buen puerto. Una vez hablaba en mi programa "Pares de comedia", un programa de humor de charlas con colegas, y le dije a Martín Pugliese que no hay que obsesionarse con el que está en la platea y no se ríe. El cómico suele caer en esa trampa de que se están riendo todos y hay uno que no y no dejás de preguntarte: "¿por qué no se ríe este guacho?". Hay dos cosas, puede ser que le guste y no se ría, que no le avise a su cuerpo, que no le avise a su rostro y la esté pasando bien o puede ser que no le guste. En cualquiera de los dos casos no hay que obsesionarse. El humor es como la democracia, no te tienen que votar todos. Cuando uno quiere contentar a todos es el primer camino hacia la frustración. El humor es como la comida, no a todo el mundo le gusta lo mismo.

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-Para ustedes cuando ven y escuchan la carcajada de la gente, del público, debe ser como un gol.

-Sí, es adictivo. Hay que controlarlo. Porque también, digamos, he visto con mis colegas que a mí no me gusta esa deformación profesional de andar por la vida queriendo hacer reír. A veces te ven y te dicen: "Contame algo.". A un árbitro no le digo en la calle marcame un orsai. Hay ciertas condiciones, clima, ciertas situaciones. Entonces trato de escaparme de esa obligación de ser gracioso.

El cine, su otra pasión

-Hiciste teatro, incursionaste en el cine, otra faceta, ¿cómo te sentiste?

-Eso es lo que más me encanta. Soy fanático del cine. estudié guión cinematográfico y cuando me convocan no es que vivo de eso. Soy un invitado, pero agradecido. Trato de hacerlo lo mejor posible, tuve momentos en escena que me enorgullecen de alguna forma, pero nunca ha sido mi medio de vida. Vivo del humor, de la comedia y cuando puedo trato de diversificarme para no enfrascarme. Ya demasiado cuando la gente te encasilla. No hago lo mismo conmigo.

-Leí también que en pandemia invertiste en otro negocio, en un campo.

-Sí, en Tinogasta (Catamarca) compramos una finca con una pareja de amigos. Hay que hacer de todo en la vida. Siempre fue un chiste interno nuestro el hacer la gran Mónica y César, tener un emprendimiento. Tampoco vivimos de eso, ni sé si en algún momento se podrá, pero producimos vino y aceitunas. Nos gusta y divierte. Es un clima totalmente distinto al de la ciudad, me gusta mover las ramas, hacer un poco de fuerza, andar con un zapato medio embarrado... Y bueno, también llegó un poco de grande, pero lo disfrutamos.

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-Probablemente la gente cuando ve al tipo que sale en tele, que es famoso, piensa que tiene la vida resuelta. Pero no siempre es así.

-No, hay que remar en dulce leche. Este rubro es muy amplio. Siempre he sido más bien inquieto, medio productor, medio guionista, medio actor, entonces siempre me he generado mis propios laburos, pero es una condición que no tiene que ver con la actuación. Hay grandes actores que si no los llaman para un papel no laburan. Es también respetable eso, pero no tienen el chip de la autogestión. Yo lo tengo por mi formación, porque con Briski se veía ese aspecto. Desde que hacíamos "Propuesta joven" en Rosario (cn Pachu Peña y Pablo Granados), que nos guionábamos, nos grabábamos, editábamos, musicalizábamos.

Las dudas y el intento de regresar a casa

-En tu carrera, en tus comienzos, ¿dudaste en algún momento de que pudiera funcionar lo que querías y estuviste por pegarte la vuelta?

-Sí, alguna vez a bordo del colectivo 98, cruzando la plaza Miserere, cuando estudiaba salía de los talleres de teatro y viajaba tres horas para ir a laburar. Vivía en Bella vista, en la casa de un amigo. Y pensaba en eso en el cole. Cuando empecé con el humor fue como descubrir algo y dije: "Es por acá". La primera vez que me subí al escenario había mucha risa, sentí como una especie de energía que volvía. Y ahí dije "esto es buenísimo".

Luis Rubio

-Hablabas del programa de TyC Sports "Mar de fondo", pero pasaron muchos años y hay otra generación a la que tenés que seducir. ¿Es mucho más difícil?

-Sí, el streaming estuvimos haciendo el segundo año de "La gambeta" con Yayo, con Pichu, con Martín Vázquez. producido por Gustavo Pavan, y eso nos acercó un poco a las nuevas generaciones. Gente de 20 y pico que nos ha descubierto.

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-De Luis Rubio se sabe que está casado y tiene tres hijos, ¿y Éber?

-Éber tiene un hijo (Éber Vicente) que siempre tiene la misma edad como el padre, ja. Éber tiene 44 y el hijo 18. Está separado y tiene una novia. Está como detenido en el tiempo, desfasado y anacrónico en sus gustos, sus costumbres.

-¿El sueño personal pendiente?

-Hice el casting para "El eternauta", pero no quedé. Era parfa hacer el papel de Favalli (finalmente el rol fue para César Troncoso). Me hubiese encantado estar, pero al menos fui parte. Ahora tengo ganas de hacer otra película escrita por mí, con más manejo del guión, de la idea. Armar alguna comedia pura y dura del humor que es lo que más me gusta.