Judo y el combate antes del combate: el sacrificio detrás del viaje de los judocas rosarinos a Lima

Diez rosarinos participarán en Lima en la Copa Panamericana y en los Campeonatos Sudamericanos juveniles de judo

06:10 hs - Miércoles 20 de Mayo de 2026

Hay viajes que no empiezan en un aeropuerto ni en una frontera. Para los diez rosarinos que practican judo y que competirán en Lima en la Copa Panamericana de las categorías cadetes y juniors y en los Campeonatos Sudamericanos de juveniles Sub13, Sub15, cadetes y juniors, empezaron mucho antes: en el silencio húmedo de un dojo vacío, en el roce áspero del judogui gastado, en esa testarudez secreta que lleva a cada uno de esos pibes y pibas a seguir entrenando judo.

Ahora, después del vértigo de los recientes calendarios panamericanos, estos jóvenes vuelven a preparar los bolsos para competir en suelo inca en una de las citas más completas y exigentes de la temporada. Pero no son simples valijas: allí viajan los sueños, las derrotas acumuladas, el cansancio de largas jornadas y también esa fe absurda y conmovedora que sólo poseen quienes todavía creen que el esfuerzo puede modificar el destino.

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De Rosario a Lima con el judo

Es que Ángel Amaya (Peñarol), María Balaguer (Náutico Sportivo Avellaneda), Pilar Cardillo (Atlantic Sportsmen), Jano Gabino Crucianelli (APC), Felipe Falcón (APC), Victoria González Ayma (APC), Tomás Gotlieb (Náutico Sportivo Avellaneda), Francisco Ricci (Tiro Suizo), Gino Sánchez Martone (Tiro Suizo) y Julián Serapide (Atlantic Sportsmen) cargarán sobre sus hombros algo más pesado que una posible medalla: cargarán el nombre de los clubes donde crecieron, las voces de sus entrenadores, el sacrificio de sus familias y la memoria invisible de tantos judocas anónimos que alguna vez soñaron con llegar hasta allí.

En Lima compartirán el tatami con cadetes y juniors en esa ceremonia feroz donde la juventud intenta demostrarle al mundo que existe. Y después, los campus de entrenamiento: ese territorio menos visible pero acaso más decisivo, donde el cuerpo aprende a resistir y el espíritu descubre sus propios límites.

Porque el judo, como toda disciplina, no consiste solamente en vencer a otro, consiste en soportarse a uno mismo, en atravesar el miedo, en aceptar que cada caída revela una verdad que el triunfo suele ocultar.

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Juegos Sudamericanos

La IV edición de los Juegos Suramericanos de la Juventud disputada en Panamá en el mes de abril fue el punto de partida de la temporada internacional para esta marcha de los judocas rosarinos. La delegación albiceleste tuvo actuaciones memorables, con medallas de oro incluidas, como las de Juan Alamo y Thiago Carvallo, que dejaron a Argentina en el 2º puesto del medallero general, mostrando que la nueva generación está lista para los grandes desafíos.

Más tarde, en Guayaquil, los Panamericanos de Cadetes y Juniors dejaron medallas, sí, pero dejaron algo más importante: experiencia, roce, cicatrices. Todo atleta sabe que el verdadero aprendizaje nunca ocurre en el podio sino en el instante exacto en que comprende cuánto le falta todavía.

En su preparación, el grupo tuvo una clínica con el armenio nacionalizado argentino Tigran Karhanyan, quien desde su llegada al país en 1997 ha sido un pilar fundamental en el desarrollo y éxito del equipo nacional senior.

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En acción. El armenio nacionalizado argentino Tigran Karhanyan, quien desde su llegada al país en 1997 ha sido un pilar fundamental en el desarrollo y éxito del equipo nacional senior de judo.

Judo en primera persona

Pilar Cardillo, una de las integrantes de contingente que viaja a Lima habló de la preparación y de las expectativas que tiene en cuanto al viaje que se avecina. “La preparación traté de disfrutarla y aprovecharla al máximo, porque va a ser mi primera experiencia en un torneo tan importante, saliendo del país representando a Argentina. Estoy un poco nerviosa porque a los torneos que fui siempre lo hice acompañada de mi familia, mis amigos y mis profesores y ésta va ser la primera vez que no voy a estar con ellos. Pero eso también me ayuda a que en cada entrenamiento pueda decir “doy todo para llegar de la mejor manera a esto que no es algo que me pase siempre. Voy muy confiada en lo que estoy haciendo, de cómo me vengo preparando. Mis profesores me están ayudando mucho, física y mentalmente, algo que es muy importante para mí. Hay días en los que estoy cansada porque entreno y también estudio, y a veces me frustro, pero eso también me ayuda a seguir y tratar de dar lo mejor siempre”.

“Las expectativas son altas, porque siento que estoy haciendo un buen trabajo y tengo muchas ganas de competir. Más allá del resultado la idea es poder decir “lo di todo” y no lamentarme por lo que podía haber hecho y no hice. Obviamente tengo muchas ganas de ganar, pero siento que, al ser la primera experiencia en este nivel no va a ser tan fácil. Por eso hay que disfrutarlo, pensar en el esfuerzo de mi familia por querer pagarlo, en mi esfuerzo de entrenar siempre, creo que es el mejor recuerdo que puedo llegar a tener de todo esto más allá de las medallas. Como todo, se que hay cosas por mejorar, pero tengo la confianza suficiente de enfrentarme con cualquier rival que tenga enfrente”, concluyó la judoca de Atlantic Sportsmen.

Sin respaldo estatal

Sin embargo, pese al brillo de las competencias y los discursos oficiales, hay una sombra detrás de esta historia. Estos viajes no cuentan con el respaldo económico del Enard ni de la Secretaría de Deportes de la Nación. Entonces aparecen las cuotas en dólares, las exigencias administrativas, los registros internacionales, los parches reglamentarios, los judoguis homologados, los pagos imposibles para tantas familias argentinas.

Pero como siempre, detrás de cada bandera hay padres haciendo cuentas en una mesa de cocina; detrás de cada combate internacional hay rifas, colectas y esfuerzos silenciosos que nadie televisa y quizás por eso conmueve más.

Porque en un país acostumbrado a la incertidumbre, estos chicos siguen viajando. Siguen creyendo. Siguen entrando al tatami con la obstinación de quien entiende que la dignidad también puede expresarse en un combate.