Con varios títulos en pocos años, Central vive elevando su propia vara. Se acostumbró a pelear y por eso la exigencia es permanente
06:10 hs - Lunes 28 de Septiembre de 2026
El Central campeón de la Supercopa Internacional es presente y será futuro. La alegría irá menguando con el tiempo porque hay mucho camino por recorrer, el recuerdo perdurará. Ahora, esta nueva estrella en el escudo es la muestra más acabada de esta vida que se acostumbró a vivir en Arroyito, la de la pelea permanente, la del protagonismo a como dé lugar.
Este análisis no hubiese cambiado si el regreso a Rosario por parte del Canalla hubiera sido con un nuevo magullón, de esos tantos que también le tocó sufrir. Porque ya el simple hecho de haber estado habilitado para disputar una final por un título explica ese sendero que se está transitando en estos últimos años.
Es muchísimo lo que Central logró en este corto tiempo, con tres títulos en los últimos cuatros años. Claro, este en curso aún no termina y hay cosas importantes por las que pelear. El título por el torneo Clausura es lo que sobresale. Después, de lograrlo, podrá ir por el Trofeo de Campeones, pero esto es paso a paso. No hay nada que le asegure que la nafta le va a dar para pelear, pero tendrá la obligación de hacerlo. Al menos los hinchas se lo harán sentir de esa forma.
De eso se trata la cosa en Central por estos tiempos, de obligación pura y dura, con el sentimiento persistente de que todo lo que se juegue se debe pelear.
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La consagración con Russo
Cuando nadie lo esperaba, la consagración en la Copa de la Liga bajo la batuta de Miguel Angel Russo puso la vara alta. Fue el puntapié inicial de un camino en el que, quizá, nadie imaginaba que las exigencias iban a pasar a formar parte de la vida misma en Central.
Pasó casi inadvertida esa Copa Libertadores de 2024 en la que el equipo no logró pasar la fase de grupos (tampoco avanzó en la Copa Sudamericana), pero el malestar por momentos se hizo evidente. Tan evidente que en medio de una recaída en el torneo local Russo, todo un emblema en Arroyito, sintió que debía allanar el camino y hacerse a un costado.
La remontada y volver a elevar la vara se dio inmediatamente después. Porque llegaron las clasificaciones a las instancias finales tanto en el torneo Apertura como en el Clausura. ¿Pero qué paso con las eliminaciones ante Huracán primero (en cuartos de final) y Estudiantes después (en octavos)? Se generaron malas vibras, que claramente se contrapusieron a la excelente campaña de ese año en la que terminó como el mejor equipo de la temporada.
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La ilusión renovada de Central
Con eso llegó la clasificación a esta Supercopa Internacional y también una nueva participación en Copa Libertadores, en la que el ilusión voló por las nubes. La sensación, fuerte por cierto, es que el equipo estaba obligado a pelearla.
¿Dónde apuntaron todos los cañones? Al mercado de pases. Otra vez, como suele ocurrir, pero en esta ocasión potenciado por ese pensamiento de que había que ir por el certamen continental.
¿Sobre qué estuvieron puestas todas miradas? Sobre el accionar de la comisión directiva en ese mercado de pases en el que el mayor desafío era conseguir un centrodelantero goleador, para cubrir el vacío que había dejado la partida de Alejo Veliz. Hasta el día de hoy le facturan a la dirigencia el hecho de no haber dado en la tecla. Algo de razón hay porque Tomás Badaloni no sólo no convirtió goles, sino que juega poco y nada. Tampoco es por esa pifia en la búsqueda del 9 que Central haya quedado afuera de la Libertadores, pero el pase de factura se hizo sentir. Para el hincha de Central fue un mazazo haber quedo eliminado en octavos de final.
Almirón, de menos a más
Y hay más. A Jorge Almirón no le valió ni siquiera llegar a la semifinal frente a River par ganarse la simpatía de los hinchas. Hoy, claro está, algo de eso puede haber cambiado. El formato de esa derrota fue algo así como una traición a lo que, según creen los hinchas, este equipo está obligado a dar de mínima.
Fue fuerte también el golpe de la eliminación en los 16avos de final de la Copa Argentina. Entendible el fastidio, pero el rival de turno era importante. El mismo Estudiantes que le tocó enfrentar ahora en esta Supercopa Internacional. Y lo dicho, después de ese mazazo llegó la despedida en la Copa Libertadores que no hizo otra cosa que poner a esta final en el Madre de Ciudades contra el Pincha como el gran reto, el gran desafío. Desde la sencillez más absoluta, no era lo mismo ganar este partido que perderlo. Hoy es todo alegría en Arroyito, pero la cosa pudo haber tenido olor a catástrofe. Nunca nadie habló en la previa del partido de la continuidad de Almirón dependiendo del resultado, pero nadie sabe lo que podría haber pasado si el título se iba rumbo a La Plata.
Cuando la ebullición pase, habrá un pedido ineludible de ganarle a Banfield y después a Independiente Rivadavia. Es decir, estará presente una vez más la exigencia de ir nuevamente por la tabla anual. Y en la medida que ello se dé, se irá potenciando el deseo de pelear también por el Apertura. Para algunos estas pretensiones pueden parecer desmedidas. Si ir más lejos, hace un par de semanas Angel Di María en conferencia de prensa hizo referencia a la locura que muchas veces se genera porque hay un par de resultados que no se dan. Seguramente no lo hizo a modo de crítica, sino como exteriorización de un sentimiento genuino. Pero sirve también para graficar esto a lo que se está haciendo referencia.
Central sumó tres títulos en los últimos casi cuatro años, lo que es un montón. Por eso la vara viene creciendo en altura. No está mal que eso suceda. Para eso trabajan las comisiones directivas, para eso se esfuerzan jugadores y cuerpos técnicos, de la institución que sea. Central sumó un nuevo título porque había hecho los méritos suficientes para jugar esta final. Y ese malestar que muchas veces se expresa por algún resultado que no aparece es parte de este proceso que se está viviendo en Arroyito. En Central la exigencia hoy es permanente porque el equipo se acostumbró a dar batalla en el frente que le toque.