Central crumplió con creces con la parte que le tocaba, pero no le alcanzó

El Canalla superó a Estudiantes de Río Cuarto y estuvo vivo por el título hasta el último segundo de esa lucha por el título

19:58 hs - Sábado 07 de Noviembre de 2026

Una vez más, Central hizo lo que debía. Ni más ni menos que eso. En ese a todo o nada con el que se volvió a topar, se apegó al libreto. Un 2-0 claro contra Estudiantes de Río Cuarto para lograr los tres puntos que necesitaba. Los gritos de Julián Fernández en el primero tiempo y de Emanuel Coronel en el complemento le dieron vida al Canalla, hasta ese minuto fatal en La Bombonera, cuando todos en Arroyito estaban expectantes, teléfonos en mano.

Se intuía que había una sola forma en la que se podía jugar el partido y así fue nomás, por eso casi que no había espacio para el análisis fino. Central tenía en claro cómo debía jugarlo e intentó hacerlo de esa manera. La pelota siempre fue del Canalla, moviéndola con paciencia y buscando el tiempo justo y el espacio preciso. Fue progresando por las bandas.

Igual la primera fue un pelotazo frontal, pero a Copetti lo tomaron cuando se iba solo. De ahí en más, por afuera. Coronel trepó, la mató de pecho y le prendió cartucho, pero el arquero Guatieri le ahogó el grito. En cuestión de minutos, los méritos suficientes para ponerse en ventaja. Un tiro de Avila en la cara externa de la red, un remate de Pizarro que Guatieri envió al córner, un centro picante de Campaz para Copetti, un contragolpe con tres contra uno en el que Julián Fernández se apuró jugando para Campaz y un desvío en Copetti que lamió el palo.

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Córner, desvío y gol de Julián Fernández

En el otro campo, poco y nada. De a ratos, Estudiantes cruzaba el meridiano, pero la pelota volvía rápidamente. El Canalla por momentos jugó apresurado y se notó, pero llegó una jugada que empezó a marcar un quiebre. El córner de Sández fue desviado por Avila y Julián Fernández apareció solo por el segundo palo. Delirio en Arroyito. Con ese resultado, Central se consagraba campeón. Y en ese escenario se fue al descanso.

Nada cambió tras el regreso de los vestuarios. Con el pie no tan firme en el acelerador, la supremacía siguió vigente. Ya en el inicio a Sández se la sacaron en la línea. Pero el equipo de Almirón jugaba otro partido, con mayor calma, sin arriesgar tanto ni volviéndose loco.

Unas cuantas chances más tuvo Central, pero el verdadero lamento llegó por esa locura que cometió Avila a los 71’ que el valió la roja (vía VAR).

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El gol en la Bombonera

Ahí hubo algo de incertidumbre porque la diferencia era mínima y un mínimo error podía costar carísimo. Pero aun con uno menos, Central fue igual y en un centro de Campaz y el despeje de la defensa apareció la zurda mágica de Coronel. Golazo. A festejar y a esperar lo que ocurriera con Boca.

Llegó el final, el festejo, medido por ese entonces, mientras el reloj corría. A 300 kilómetros apareció el gol de Valencia, el fastidio y de inmediato ese estallido generalizado pensando que el gol había sido anulado. Hubo algunos hinchas que se metieron a la cancha, pero esa locura duró la nada misma. A son del “soy canalla” el equipo dejó el campo de juego sabiendo que había cumplido con lo suyo. No le alcanzó por apenas unos pocos segundos.