Messi íntimo: cómo se vivió en el interior del estadio la épica inolvidable del Diez

Semblanza de La Capital del día intenso de Lionel Messi ante Egipto. Casi se despide del Mundial, terminó emocionado y feliz por otra epopeya

11:12 hs - Miércoles 08 de Julio de 2026

La ciudad de Atlanta amaneció todavía en estado de shock. Es que el paso del huracán Lionel Messi sacudió no sólo al estadio Mercedes-Benz, sino a cada rincón de esta urbe donde está a cada paso el legado de un líder extraordinario: Martin Luther King Jr, un pastor y activista estadounidense que se convirtió en el portavoz y líder más visible del movimiento de derechos civiles hasta su asesinato en 1968. Había recibido el Premio Nobel de la Paz en 1964 por su lucha pacífica contra la segregación racial. Justo en este sitio clave en la historia social contemporánea del país norteamericano, el Diez rosarino dejó una huella imborrable dentro de la cancha, en la infartante victoria por 3 a 2 ante Egipto, que valió el pase de la albiceleste a los cuartos de final del Mundial. Lo que viene es Suiza el sábado en Kansas City.

Los enviados de La Capital siguieron de cerca y desde distintos ángulos los movimientos del diez. Parecía que su leyenda mundialista llegaba a su fin. Que su último sueño se iba a terminar. Pero con el 0-2 se activó más, corrió más, como ese pibito que jugaba todo el día en los potreros de Rosario y no se detenía hasta ganar el partido. Leo no se quería ir del Mundial y entregó su corazón.

En la máxima adversidad incluso arengó a sus compañeros con sus manos en señal de que no estaba todo perdido. Que había que seguir remando. Sus ojos transmitían la grandeza de un león herido que seguía cuidando a su manada.

Por eso pidió cada pelota, respiró hondo y en esa situación límite volvió a demostrar que es el mejor de todos. Fue una fiera yendo al frente y tras el 3 a 2 se liberó. Explotó en llanto, se quebró, como cada uno de los hinchas en el estadio por la profunda emoción.

Disfrutó la victoria con un rostro de felicidad y emoción infrecuente para alguien que está acostumbrado a ganar casi siempre. Pero ante Egipto volvió a ser un amateur, un pibe más de aquel potrero. Luego fue a la zona de mixta y con gran amabilidad charló con los medios. Es un fenómeno, que tuvo una tarde que lo transportó a su misma esencia personal y futbolera.

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El partido de ensueño de Messi

Messi clavó el transitorio 2 a 2 tras la derrota parcial por dos goles de diferencia con Egipto, hasta que en el cierre del tiempo reglamentario llegó el 3 a 2 de Enzo Fernández, para que se consume la hazaña y el pasaje para jugar el sábado ante Suiza en Kansas City por un lugar en la semifinal del certamen.

Claro que el fútbol es un juego de equipo y nadie puede solo. Ni Messi que es el mejor de todos. Pero hay que decir que individualmente lo del rosarino es magnífico en este Mundial, donde anotó goles en los cinco partidos que jugó. Le asentó una tripleta a Argelia, dos a Austria, uno ante Jordania, también fracturó con Cabo Verde y se anotó en la red con Egipto.

Así Leo, que falló penales contra Austria y Egipto para demostrar que es humano, llegó a los 8 goles en el torneo y alcanzó los 21 gritos para ser el máximo artillero en la historia de los Mundiales, volviendo a romper su propio registro.

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La emoción del final

A puro gol y emoción, Lionel está bailando su último tango en la Copa del Mundo, con el agregado de que está pendiente y codo a codo dándole fuerzas a su padre, Jorge, para que siga recuperándose de su salud. Y con los fanáticos argentinos extasiados y pletóricos de alegría por verlo feliz al diez, acá copando cada estadio, y de Ushuaia a La Quica destilando pasión y reverencias por la Scaloneta.

Messi está jugando su sexta copa del mundo, también logrando un récord en este sentido. Pero lo de Leo aquí en Estados Unidos es superlativo, casi mágico, porque a los 39 años es hasta acá el mejor jugador del Mundial, no sólo el máximo goleador, sino que es el principal imán para los fanáticos de todo el mundo que hacen lo imposible por conseguir una entrada para ver jugar a la leyenda, donde llegaron a pagar hasta 5 mil dólares para ingresar a algún estadio.

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Una entrada que no tiene precio

Es que contemplar a Messi realmente no tiene precio, es un placer verlo a él y a sus compañeros jugar con el orgullo y el amor propio con el que lo hacen, más allá de los errores que evidentemente están, pero desde la entrega este grupo es demoledor.

Y hay más para ver. Porque la historia seguirá el próximo sábado en Kansas City, justo allí donde comenzó el Mundial ante Argelia, en el mega estadio de los Chiefs, donde el rival será Suiza y el premio por superar esa llave grandísimo: ser semifinalista de la Copa del Mundo.

El diez rosarino seguirá gambeteando obstáculos, haciendo malabarismo, jugando con una sonrisa y repleto de alegría. Es que está cerrando su etapa mundialista de la mejor manera, en un romance con el torneo que comenzó hace 20 años y donde alzó la copa bien fuerte en Qatar 2022. Ahora no quiere soltarla y va por más.