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Suicidio en la adolescencia: es hora de hablar

Chicos y chicas pasan en este etapa de la vida por cambios sustanciales. En ese proceso crítico, pueden autoagredirse. Los alertas.

Domingo 07 de Julio de 2019

Según un informe sobre "Situación de salud de los y las adolescentes en la argentina" elaborado por el Ministerio de Salud de la Nación y Unicef se advierte que el suicidio es la segunda causa de muerte en los chicos de 10 a 19 años.

Es preocupante tanto el aumento significativo de este acto en los adolescentes como la invisibilidad que adquiere una problemática tan terrible.

"Es necesario implementar políticas públicas preventivas y formar la capacidad de los servicios de salud y de protección social y las organizaciones comunitarias para que tengan las herramientas necesarias para contener y brindar asistencia", asevera Fernando Zingman.

El suicidio es matarse, es un hecho irreversible, es la muerte. Y esto marca una diferencia con cualquier síntoma que el sujeto pueda sufrir, donde hay posibilidades para elaborarlo, simbolizarlo, poner en palabras lo que le está sucediendo a ese chico o chica. Lo que digo es que si lo advertimos, hay tiempo para actuar.

Pero sucede que del suicidio no se habla, ni en privado ni en público. Se lo menciona sólo cuando ocurre, como una noticia breve, para luego silenciarlo.

Así se presenta como enigmático, incomprensible, misterioso, oscuro, quedando en el más absoluto secreto las razones por las cuales un joven se ocasiona la muerte. Y por otro lado está estigmatizado como un tabú relacionado con los prejuicios sociales y religiosos. Así, la descalificación condenatoria de la persona que se suicida se extiende también a su familia.

El joven que se mata no sólo interrumpe los vínculos que lo unen a su propia vida sino que afecta también la posibilidad de nuevas vidas, mutila la cadena de las generaciones. Shakespeare expresa genialmente lo que puede significar la muerte de un hijo, al final de la tragedia de Romeo y Julieta, en la frase que dice Montesco ante el cadáver de Romeo: "¿Qué maneras son esas de precipitarse a la tumba antes que tu padre?"

¿Por qué un adolescente se quiere morir? ¿Qué puede llevar a un chico a atentar contra su vida? ¿Cuáles son las causas que llevan a algunos chicos a morir antes de la muerte que "les toca"?

La adolescencia es un momento de crisis y angustias que tiene que ver con un torbellino de cambios : del cuerpo, del psiquismo y el universo emocional. Toda su vida infantil está puesta en jaque, es un recomenzar con todo un bagaje previo. Esto le supone al adolescente la realización de un verdadero trabajo psíquico, que está pulsado por un movimiento interno potenciado por los cambios corporales, que lo llevan a realizar otras construcciones representacionales, la elaboración de lo perdido y lo nuevo.

Es un proceso confuso, ambivalente, doloroso, con muchas contradicciones, en el que se fluctúa entre crecimiento y la regresión, entre las ganas de alejarse de lo familiar y salir al mundo y el temor de perder lo conocido, lo que hasta este momento le daba seguridad. Ante tantas pérdidas y mutaciones el chico se siente más vulnerable a la desesperanza y al odio u hostilidad a sí mismo.

Sus sentimientos son de una sensibilidad extrema que lo lleva a vivir y sufrir lo que le sucede con una gran intensidad, conduciéndolo, muchas veces, a reaccionar de manera impulsiva y descontrolada.

En esta etapa hay un predominio de los actos impulsivos, que llevan al joven a la acción donde no media la palabra ni la reflexión: simplemente actúa sin tener registro de lo que le está pasando.

Generalmente, en el adolescente se manifiesta una inclinación a sentirse omnipotente e inmortal, y los riesgos son tomados como un modo de conocer el mundo, para medir hasta donde puede llegar, cuáles son sus límites. Y, además, es una manera de medir cuán presentes están sus padres o personas de su entorno.

Son numerosas las conductas peligrosas que se manifiestan en este momento, con distinto grado de riesgo. Algunas aparecen como un juego con la muerte: relaciones sexuales no protegidas, enfrentamientos violentos, consumo de droga y alcohol, deportes peligrosos, desviaciones mortíferas de la conductas alimentarias, conducción irresponsable de vehículos, escarificaciones sobre su propio cuerpo y conductas de automutilación como quemarse con cigarrillos o cortarse el cuerpo.

Cuando el adolescente no puede expresar su sufrimiento y dolor, cuando faltan las palabras, aparece en su reemplazo el vacío. Surge el acto agresivo, que desde afuera se ve como desprovisto de sentido, aunque siempre quiere decir algo, que es desconocido por el sujeto. Al lastimar su cuerpo puede atenuar su dolor psíquico que lo apremia fuertemente.

El suicidio no es la consecuencia de una sola circunstancia, no se lo puede leer como causa- efecto de un hecho en particular. Como todo lo referente al ser humano tiene una gran complejidad y depende de la singularidad y la historia de cada adolescente, de sus posibilidades de atravesar la adolescencia y sus vicisitudes. Algunos jóvenes viven demandados y torturados por sus autorreproches, autoexigencias y las de su familia. No pudiendo obedecer a tantos mandatos, sienten un alto nivel de malestar. La poca tolerancia a la frustración lleva a una sensación de fracaso por no poder cumplir con los proyectos o expectativas propias y de los otros, en distintos ámbitos como el estudio, el trabajo, la identidad sexual.

El adolescente muchas veces tiene grandes dificultades para aceptar este nuevo cuerpo y puede percibirlo como el responsable de sensaciones y sentimientos incontrolables, como estar fuera de su dominio, sienten, a veces, como si se estuvieran volviendo locos.

Es un largo proceso de conflictiva emocional, sostenida en el tiempo, y son muchas las situaciones penosas que pueden llevar a un chico a querer quitarse la vida. Los trastornos psiquiátricos o padecimientos mentales, muchas veces no tratados, como la depresión, la baja autoestima, conflictos y violencia familiar, tristeza, problemas escolares, ausencia de amigos o personas significativas, angustias estructurales, consumo de sustancias, bullying, escasa capacidad para resolver los problemas de la vida, desesperanza, desolación, antecedentes familiares de suicidios son otros de los variados datos de alarma a tener en cuenta. Además, hay factores que alteran la conciencia y la capacidad de pensar con claridad, como el consumo de sustancias adictivas, drogas y alcohol, y algunos trastornos mentales que quizá no estén diagnosticados.

El chico que decide morir, refleja una soledad cruenta, desesperada, un desamparo extremo, un intenso dolor psíquico, siente que no tiene a otro a quien acudir, que nadie lo escucha, ni puede ver lo que le pasa. No encuentra ninguna solución posible, se ve atrapado, sin salida. Siente alivio en pensar en la propia muerte como una manera de encontrar la paz, de poner fin al profundo malestar que no puede expresar.

A veces pueden desatarlo algunos hechos, que actúan como desencadenantes. Situaciones graves como la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, pero por atrás hay una complicada conflictiva no resuelta.

¿Qué podemos hacer los adultos? El adolescente necesita que los padres ( o personas que cumplen esa función) puedan tener una presencia activa que implica estar cerca, presentes, pero respetando la distancia que el hijo pueda sostener. Estar cuando él o ella los necesitan y escuchar sus inquietudes.

Es fundamental que los profesores, y los adultos cercanos en general, estén atentos, tengan una actitud amorosa y empática, muestren que tienen a alguien a quien recurrir, que lo apoya y que puede comprenderlo. Es importante, tener una actitud respetuosa con el chico, sin enjuiciarlo ni presionarlo. Y hablar, hablar de todo lo que haga falta.

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